Una tarde atroz en la Feria de Manizales

Una tarde atroz en la Feria de Manizales

El día comenzó con la muerte del torero Andrés de los Ríos y la tarde pareció signada por ello.

Sebastián Cáqueza

El novillero colombiano Sebastián Cáqueza se presentó este martes en la tercera corrida de toros de la Feria de Manizales.

Foto:

Jhon Jairo Bonilla / EL TIEMPO

09 de enero 2018 , 09:47 p.m.

El errático proceder del palco se sumó al frío y al agua, el martes en Manizales, para, en una tarde oscura y lúgubre sobre un ruedo imposible, alargar un espectáculo sin razón de ser. El día había comenzado con la trágica muerte del manizaleño Andrés de los Ríos y la tarde pareció signada por ello.

Destacó sí, la seria presencia de encierro de Achury Viejo. Negros armados, astifinos y veleros, denunciaban su raigambre condesa. Musculosos también y con alzada, aparentaban más peso del anunciado en las tablillas. Fieros saltaron al anegado ruedo y, bajo la cortina de lluvia, fueron por capotes, petos y muletas. Más raza que humillación, más codicia que nobleza, pero repetidores. Pero todos quizá, salvo el tercero, se apagaron en los finales cuando no se rajaron francamente como el quinto y el sexto, que terminaron atrincherados en la barrera. Su poder y acometida en los primeros tercios agregaron dramatismo.

Sebastián Cáqueza, que tiene vocación de arte, quizá terminó siendo el más perjudicado por las condiciones de la tarde. La lluvia, el suelo jabonoso, los trapos ensopados y el talante difícil de su lote conspiraron contra sus deseos de parar, templar y ligar. Despachó al primero de estocada limpia y al cuarto con pinchazo y un espadazo delantero. Su labor fue silenciada.

Andrés Bedoya en los momentos más duros del diluvio que caía sobre la Monumental tomó todos los riesgos. Raudas verónicas genuflexas y erectas y, con la muleta, derechas, ayudados, naturales y pechos, matizados con desplantes de rodillas en una brega caótica pero respetable. El paisanaje acompañaba conmovido. Se tiró con todo a matar, pero el estoque hizo guardia. Luego la hoja entró completa pero no evitó el aviso.

Con el quinto que tomó dos varas, dobló hasta los medios donde la pelea, se desordenó en arreos, trompicones y banderazos. Cuatro veces pinchó, fierrazo hondo y otro aviso

Santiago Fresneda, hijo de Gitanillo de América, es diferente a su padre pero no tanto. Heredó su gusto por la bulliciosa y el efecto que conectan con el público. Quizá lo más torero fue su quite por navarras al noble tercero ‘Carabelero’. Desde ahí, la clientela fue suya. Los pases de diversa marca, dispensados en cantidad, consiguieron calentar la gradería. Quizá a los puristas no. Pero el estocadón fulminante a pecho descubierto mereció por sí solo la oreja. El sexto lo brindó a su padre. Venía por el triunfo redondo pero el Rocha, que tenía un altar de Corpus en la testa, se aculó en las tablas y no se dejó matar.

Ya de noche la cosa terminó en un largo sainete para llevar a ‘Marinero’ hasta el toril. La estoica concurrencia regresó mojada, aterida y frustrada, en gran parte, gracias a los caprichos de su señoría.

JORGE ARTURO DÍAZ REYES
Especial para EL TIEMPO
Manizales

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