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Así sobrevivió un policía a atentado con cilindro bomba en Arauca
Policía

El capitán de la Policía, Andrés Felipe Ortiz, con una compañera de la institución.

Foto:

Archivo particular

Así sobrevivió un policía a atentado con cilindro bomba en Arauca

Luego de permanecer 40 días en una UCI, el capitán Andrés Ortiz inició su proceso de rehabilitación.

El capitán de la Policía Nacional Andrés Felipe Ortiz Martínez confiesa literalmente estar vivo de “puro milagro”. Después de que su cuerpo sufriera las consecuencias por la explosión de un cilindro bomba, permaneció 40 días en una UCI en Bogotá y ahora sigue un cuidadoso y riguroso proceso de recuperación y rehabilitación en la capital del país.

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A sus 33 años de edad, para este valiente policía oriundo de Pasto (Nariño), su amor a la institución y a su familia lo animan cada día a aferrarse más a la vida, tras haber estado muy cerca de la muerte en plena pandemia.

Fue la violencia en el departamento de Arauca la que el 22 de diciembre de 2020 le causó la muerte al sargento de la Armada Nacional, Javier Caicedo Velásquez, y muy graves heridas a él y al teniente de la Policía, Miguel Medina Zabala.

En ese mismo atentado registrado en una angosta carretera de la vereda Monserrate, otros tres agentes de la Policía quedaron con aturdimiento por la fuerza de la onda explosiva.

Pero de los sobrevivientes de este brutal ataque, el cuerpo del capitán Ortiz fue el que más sufrió el impacto de la detonación. Tuvo afectaciones en su columna vertebral, en un pulmón, una mano, un oído y lo más doloroso, perdió la movilidad en sus piernas.

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Había adelantado sus estudios en la Escuela de Cadetes de la Policía General Francisco de Paula Santander, en Bogotá, donde obtuvo el grado como oficial de la institución en el año 2009.

Su carrera tuvo un ascenso vertiginoso, se desplazó a la ciudad de Cali donde ocupó varios cargos, posteriormente fue trasladado al departamento del Vichada, luego hizo el curso de ascenso para capitán lo que le significó su traslado a la Dirección de Investigación Criminal e Interpol, en Medellín, allí le asignaron la operación “agamenón” en la que estuvo al frente durante más de tres años y en agosto del 2020 fue designado como Jefe Seccional de Investigación Criminal en el departamento de Arauca.

Fue en ese mismo año, en la víspera de la celebración de Navidad, cuando reportaron un homicidio cerca al sector de Puente Internacional, hasta allá acudió el capitán Ortiz con su equipo de trabajo, pero en el recorrido se percató de la existencia de un cilindro bomba, por lo que procedió a acordonar el lugar para evitar que la población civil fuera blanco de una eventual explosión.

De hecho, recuerda que “allí había muchísimos niños, por eso lo que hice fue retirar a toda la gente, retirar a todos los menores que estaban en el lugar”.

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Ese día su gran experiencia y su oportuna decisión evitó una tragedia de incalculables proporciones en un área netamente campesina de Colombia.

El siguiente paso fue coordinar con la Armada Nacional la desactivación del cilindro, pero vino el momento inesperado.

“Cuando llega el técnico antiexplosivos, yo me dirijo con él hacia donde estaba el cilindro y es allí cuando lo activan con un control remoto”.

No perdió el conocimiento

En ese preciso instante no perdió el conocimiento, inclusive, recuerda que llegó consciente hasta el hospital donde recibió la atención médica.

Así resume su estado actual: “hoy no tengo movilidad de las piernas, casi me vuelan el dedo gordito de la mano derecha, por la onda explosiva el pulmón se me licuó digámoslo así, pero con el tratamiento se pudo expandir y además quede con varias cicatrices por las esquirlas”.

Lo cierto es que estuvo intubado 40 días en una Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Central de la Policía, en Bogotá, por la gravedad de sus heridas.

“La verdad yo estoy vivo de milagro”, afirma sin vacilaciones y admite que tanto para él como para su familia esos fueron días muy difíciles, toda vez que unas semanas atrás había fallecido su abuelita.

Solo a principios del mes de marzo pasado salió del hospital y ahora en un programa denominado “hospitalización en casa” se recupera en su residencia, con un alto grado de optimismo y fe porque tras recibir los resultados de los exámenes que le practicaron asegura que “hay probabilidades de volver a caminar, aunque es un proceso demorado pero las posibilidades están allí”.

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Sus terapias diarias las divide así: dos horas durante la mañana en el hospital y tres horas en la tarde en su casa con su familia, todas son muy fuertes y duras, “porque el cuerpo sufre mucho, hay baja de peso, de masa muscular entonces los ejercicios se vuelven más pesados”.

Los médicos le han dicho que su rehabilitación tardará un año, hasta que sus piernas recuperen el movimiento total.

Pendientes dos cirugías

El capitán Ortiz en una de las terapias.

Foto:

Archivo particular

Todavía tiene pendiente una cirugía de mano y otra del tímpano. Espera sortearlas con la fortaleza que siempre le ha brindado su familia y su ferviente deseo de seguir viviendo y vistiendo el uniforme policial.

Tras el atentado que vivió en carne propia y que fuera atribuido a las disidencias de las Farc, admite sin misterios que “en Colombia la guerra continúa, uno no está prácticamente preparado, pero sí muy prevenido con lo que pueda pasar”.

Cree que para acabar con el prolongado conflicto armado en el país no queda otra opción que apoyar a la institucionalidad, a las Fuerzas Militares y a la Policía Nacional. Solo eso.

Después de su dolorosa experiencia no ha pensado ni un segundo en dejar la Policía Nacional, “por el contrario la idea es continuar y creer con más fuerza en la institución”, asegura y agrega que se decidió servirle a la patria “porque siempre quise ayudarle a la gente, desde pequeño siempre quise eso”.

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De sus padres Alberto Ortiz Riascos y Yanet Martínez y sus hermanos Beatriz Helena y Santiago siempre ha recibido el apoyo incondicional, a tal punto que al día siguiente del atentado viajaron de Pasto a Bogotá, donde se instalaron para acompañarlo de manera permanente en su etapa de recuperación que es lenta y requiere de mucha paciencia y perseverancia.

A su natal Pasto no la visita hace un año “pero tengo muchas ganas de ir allá, hace falta la tierrita”, y cuenta que cuando llegue espera disfrutar de su exquisita gastronomía, sus calles y avenidas y de sus familiares que cada día lo estimulan y le brindan el ánimo que necesita para seguir siendo un héroe de la patria.

MAURICIO DE LA ROSA
Para EL TIEMPO
PASTO

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