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La historia detrás de Lucas, el joven que lucha contra ocho balas
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En Pereira, el estudiante Lucas Villa fue baleado mientras participaba en una protesta pacíficaEn Pereira, el estudiante Lucas Villa fue baleado mientras participaba en una protesta pacífica
Lucas Villa

EL TIEMPO

La historia detrás de Lucas, el joven que lucha contra ocho balas

Esta es la historia del joven que fue abaleado y que se recuerda por ir bailando en las marchas. 

‘El ignorante, el terco, el dormido, que despierte’, grita Lucas Villa en medio de la oscuridad del viaducto César Gaviria, en la ciudad de Pereira. Durante los dieciocho segundos siguientes solo se escucha el rugir de unas motos, luego hay un instante de silencio que se rompe por el primer disparo. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, solo se alcanzan a contar esos. Después los gritos opacan el eco. Quien graba corre.

De esos disparos, ocho impactaron a Lucas. Según reporta el Hospital Universitario San Jorge, a donde fue llevado después del atentado, “el paciente llegó con traumatismos por proyectil de arma de fuego en cráneo, cuello, tórax y una pierna”.

(Además: Preocupación nacional por el desabastecimiento a causa de los bloqueos). 

Sobre su diagnóstico se ha hablado mucho, se dijo que estaba muerto, luego que estaba vivo pero con muerte cerebral y lo último que se sabe es que su estado es crítico pero estable.

Horas antes del atentado, el 5 de mayo, Lucas estuvo desde temprano en las marchas pacíficas. Diferentes videos evidencian su actitud: baila, salta, hace equilibrio, canta, brinca, da vueltas. Está feliz.

(Lea también: Familia de Lucas Villa habló con el cantante Residente: esto dijeron)

Lucas está sentado en la primera fila. Es el segundo de izquierda a derecha con camisa blanca, La foto es de su curso en 1995 en el Instituto Merani.

Foto:

Cortesía Instituo Merani

“Es impresionante cómo un niño se conserva aun cuando haya pasado a la adultez. Yo fui su profesora entre los 7 y los 10 años (1995-1998) en el Instituto Merani. Era solo risas, creativo, juguetón, de esos niños ingeniosos que tienen chispa. Es evidente que esa creatividad y disposición de estar siempre con el otro y de tener amigos se mantuvo con los años”, cuenta Bertha Sarmiento, que a pesar del paso de generaciones enteras de estudiantes nunca olvidó a Lucas.

Camila Eslava es artista, cuando se enteró del atentado contra su amigo de infancia, decidió pintar esta obra. Lucas le regalaba flores.

Foto:

Cortesía Camila Eslava

Camila Eslava lo conoció en el colegio, el Instituto Merani (reconocido como uno de los mejores colegios de Colombia). Pareciera que ella fue su primer amor. “En ese entonces era entrador, todo un chacho. Usaba camisa y manillas chéveres. Tenía un estilo muy auténtico desde chiqui. Debía tener unos 12 ó 13 años y yo 14 ó 15 pero aun así, siempre se me acercaba, me hacía chistes, me hacía reír mucho y recuerdo que me regaló florecitas un par de veces. Era un sol de alegría y me parecía bellísimo. Ayer le hice este dibujo”.

Sin duda, un niño que generaba recordación. “Él es de esos estudiantes que no se olvidan. Le dicté clases entre el 95 y el 96. Siempre fue muy dinámico. Se levantaba a hablar con sus compañeros, preguntaba cosas que se salían del contexto pero que en el fondo sí estaban relacionados”, recuerda John Jaime Marín, profesor de Lucas en el Merani.

Más o menos a los 13 años Lucas no quiso estudiar más. A los 14 años validó bachillerato, “pasó los exámenes sobrado”, cuenta su padre. Empezó a trabajar pero no se hallaba. Ingresó a la Universidad Nacional para estudiar artes, pero no encontraba las respuestas que quería. “Tenía muchas inquietudes espirituales, decidió irse con un grupo de amigos a recorrer Latinoamérica”, recuerda Mauricio. Un día llamó desde Leticia y dijo que estaba en Colombia.

“Lucas después de irse por allá me contó que estuvo en paraísos terrenales, estuvo en Argentina, Brasil…aprendió a hablar inglés y portugués de manera empírica… yo lo molestaba, le decía que era cuatrilingüe: inglés, portugués, español y habla mierda”. Mauricio rompe por un instante su voz quebrada por el dolor y el cansancio y se ríe al recordarlo.

Una vez regresó a Colombia le contó a Mauricio que se encontró con un grupo de taoístas. “Me fui a buscar respuestas en el mundo y las encontré en el centro de Pereira”, le dijo en ese entonces a su padre.

Cada vez que llegábamos a un restaurante, yo pedía carne y de todo. Mientras que él pedía una sandía completa. ¿Lo puede creer? Una sandía entera. Este loco se la bajaba entera...

La relación entre ellos se caracteriza por la risa, la discusión desde el argumento y desde el amor. Lucas es el mayor de sus hermanos: tres hermanas por un lado y cinco por otro.

- ¿Qué recuerdo se me viene de primero a la cabeza de Lucas?

Mauricio piensa un momento.

- Cuando nos fuimos en Bicicleta a Santa Marta.

Un día, Mauricio llamó a Lucas y le dijo: “le tengo un viaje de aventura. Vámonos en cicla hasta Santa Marta”. Lucas se apuntó de inmediato a la propuesta de su papá. Aunque el joven siempre ha sido deportista, no es un ciclista con experiencia. Fue un viaje de siete días “dándole al pedal”.

Lucas es vegano, “cada vez que llegábamos a un restaurante, yo pedía carne y de todo. Mientras que él pedía una sandía completa. ¿Lo puede creer? Una sandía entera. Este loco se la bajaba entera”, y se rie Mauricio. Hace una pausa y se reafirma con nostalgia: “disfrutamos mucho ese viaje”.

Cuando ya estaban llegando a la meta, ocurió un grave incidente. Un bus levantó a Mauricio por los aires, justo ese día él le dijo a Lucas que fuera adelante. “Me fracturé, quedé muy magullado. A punta de inyecciones contra el dolor terminamos el viaje. Yo le quería demostrar que somos guerreros, así que llegamos al hotel y le dije que fuéramos al mar. No se imagina el ardor que sentí por la sal, pero disimulé, le quería mostrar que soy un berraco, pero estaba fingiendo para él, para que se sintiera orgulloso”, la voz inevitablemente se empieza a rasgar.

Lucas cuando llama a Mauricio a veces le dice padre, parce, bebé, mi banco de genes…a este último Mauricio le responde: mi aportante biológico. Al momento de esta entrevista el hombre llevaba 72 horas sin poder dormir: “ahora estoy más tranquilo”.

Lucas es profesor de yoga y estudiantes en la UTP.

Foto:

Cortesía

Cuando Mauricio se enteró de la noticia de lo que le había sucedido a Lucas, le empezaron a temblar las manos y las piernas, “es una sensación indescriptible de impotencia, desasosiego. Ha sido algo horrible”. Sin embargo, entre tanta desesperanza, el padre de Lucas al ver la movilización de colombia, que el nombre de su hijo recorre el mundo, “enriquece. Da paz espiritual”.

“Esto me demuestra que Lucas ha sembrado una semilla y pudo llegar de una forma increíble a los corazones de un país. Si él lo pudo hacer, cómo no podemos remar y recomponer este país desde el diálogo, desde las ideas. El estado tiene que entender que el país cambió, son los jóvenes los que quieren ser escuchados, que se les tenga en cuenta”, reclama Mauricio.

Y aprovecha el momento para hablar de una de sus hijas, Nico. Ella terminó su carrera como geóloga, habla inglés y es muy pila. Sin embargo, no encuentra trabajo. “No hay oportunidades para los jóvenes”.

Lucas no es un dirigente, pero –como señala Mauricio– sí es un líder nato. Un amigo suyo de la carrera que cursa, Ciencias del Deporte y Recreación en la Universidad Tecnológica de Pereira, señala: “Es un niño con una alma libre y auténtica”.

Mauricio Gallo es profesor en la UTP y amigo de Lucas. “He trabajado muchos semestres con él. En primer semestre, en tercero, en quinto en entrenamiento deportivo, y yo tengo un semillero de investigación deportes y actividades acuáticas. Él fue líder del proyecto. Algunos le decían ‘el abuelo’ porque era el mayor. Era el barbuchas. Los muchachos lo quieren mucho porque lo veían como el papá”.

Como se dice popularmente, pareciera como Lucas tuviera hormigas en el culo. No se quedaba quieto, preguntaba todo en clase. Incluso, para muchos profesores era él el que los tallaba. “Es un tipo inteligente, de una capacidad increíble. Armaba debates en las clases y prendía la clase y eso se le salía de las manos a los profesores”, recuerda Gallo.

Sé que en cualquier momento puedo ser yo. En el 2018 tuve múltiples amenazas de muerte por mi liderazgo estudiantil en la UTP.

El día anterior al atentado, Lucas le envió un audio a su amigo Leandro: “Puede pasar lo peor para todos. Muchos podemos morir porque ahorita en Colombia el solo hecho de estar en la calle y uno ser joven es arriesgar la vida. Todos podemos morir, pero ¿uno cómo va a dejar a su pueblo?”.

Y no es que Lucas tuviera una suerte de premonición de lo que le podía suceder, es más una cuestión de que los jóvenes que salen a las calles a marchar son conscientes del riesgo que enfrentan. Pero aun así, lo hacen. No tienen nada que perder porque ser en joven en Colombia es casi una condena a la desesperanza.

Carlos Gómez, líder estudiantil en la UTP y amigo de Lucas siente miedo. “Estoy colapsado”, afirma. “Sé que en cualquier momento puedo ser yo. En el 2018 tuve múltiples amenazas de muerte por mi liderazgo estudiantil en la UTP, yo estuve en la mesa de negociación con Duque y después de eso mi vida fue un caos”. Y bien por paranoia por lo que ocurre o porque por lo mismo que en verdad ocurre sea real, la mamá de Carlos vio a un hombre extraño mirando hacia su casa por mucho rato, “en este momento ni siquiera están amenazando, están tirando a matar”, dice el joven.

Como le pasó a Lucas. “Es un parcero, un hermano, un amigo de la comunidad universitaria y de quien se le atraviese porque fuera de ser un estudiante de deportes, que se mantiene feliz, es un maestro de Yoga y tiene un nivel espiritual diferente al de una persona común. Eso hace que sea exageradamente alegre y que logre conectar con la empatía de quienes le rodean”, dice Carlos.

El día del atentado él se plantó con amigos en el lugar de manera pacífica hasta que civiles empezaron a disparar contra los manifestantes desde un vehículo. Lucas fue quien más disparos recibió. Andrés Camilo Castaño (17 años) también sufrió cerca de cuatro impactos que lo tienen en cuidados intensivos, aunque según su hermana ya está mejorando. El tercer joven, Javier David Clavijo, ya está fuera de peligro.

No vi quiénes dispararon, estaba mirando para otro lado. Solo escuché los disparos y empecé a correr. No quiero hablar más.

Una persona que estuvo en el lugar y que es cercana a Lucas dice que “lo que más lo caracteriza es que es original, simplemente es feliz. Si quiere bailar, baila. Si quiere gritar, grita. Vive sin máscaras. Actúa sin miedo”. Esta persona, que es de las últimas que lo vieron consciente y que prefiere mantenerse bajo anonimato, señala: “No vi quiénes dispararon, estaba mirando para otro lado. Solo escuché los disparos y empecé a correr. No quiero hablar más”. Tiene miedo.

Sobre el atentado, la Procuraduría constituyó una agencia especial para que intervenga en el proceso adelantado por la Fiscalía. Y la policía aumentó a 100 millones de pesos la recompensa por información que permita la captura de quienes dispararon contra el joven estudiante.

Pero más allá de eso, la familia de Lucas solo espera que él logre despertar. “Tengo niveles mesurados de esperanzas”, dice su padre, Mauricio Villa.

Según su padre, “él entendió que había otras formas de reclamar: por medio del arte, de la danza, de la buena energía, de la no violencia. Es una persona muy espiritual, profesor de yoga… No me canso de decir que él se saca la papa de la boca para dársela a quien la necesita. Él es así, feliz”.

En el audio que Lucas le envió a su amigo Leandro el día antes del atentado dice: “Toca asumir que, si toca irse, toca irse. Ojalá el espíritu nos guíe y nos cuide para que podamos sobrevivir para crear un mundo nuevo”.

SIMÓN GRANJA MATIAS 
REDACCIÓN DOMINGO 
@simongrma

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