‘Defender el territorio de las armas, aun hasta la muerte’

‘Defender el territorio de las armas, aun hasta la muerte’

Esta consigna del pueblo awá se convirtió en una sentencia para sus líderes.

Holmes Alberto Niscué

Holmes Alberto Niscué se desempeñaba como secretario general del resguardo awá de Gran Rosario, en Tumaco, Nariño.

Foto:

Camilo Ara / Centro de Memoria Histórica

Por: Centro de Memoria Histórica
01 de noviembre 2018 , 11:08 a.m.

Pasado el mediodía del miércoles 30 de mayo en la comunidad de Alto Palay, en el resguardo awá de Gran Rosario (Tumaco, Nariño), Holmes Alberto Niscué, Ignacio Moreano, Demecio Rodríguez y Flor Alba García notaron la presencia de un grupo de jóvenes armados y vestidos de negro que merodeaban cerca de la escuela donde se celebraba la asamblea local.

Con calma llamaron a algunos de ellos para preguntarles por la irrupción a su territorio. Los jóvenes, que se identificaron como integrantes del frente Óliver Sinisterra, de la disidencia de las Farc dirigida por alias Guacho, se limitaron a decir que seguían órdenes de su comandante, sin más explicaciones.

Los líderes de la comunidad insistieron en su inconformidad argumentando que su territorio no es para la guerra y que, al tener leyes propias de resguardo indígena, se les estaba violando su autonomía.

Les dijeron que no iban a permitir que sus familias y comunidad quedaran en medio de la confrontación armada entre los disidentes y la Fuerza Pública, que por esos días había incrementado sus operaciones en esa región para cercar a ‘Guacho’ y sus hombres.

Tal como había hecho en varias oportunidades en el pasado, cuando, como parte de comisiones, habló con comandantes de la guerrilla de las Farc para exigir respeto por su territorio y su gente, Holmes les pidió a esos hombres que lo llevaran a hablar con ‘Guacho’ para que le explicara directamente por qué les había dado la orden de apostarse en ese territorio.

Si lograba el encuentro, pretendía también preguntarle por las muertes de Pablo Emilio Moreno y Carlos Roberto, miembros de la comunidad asesinados por esos días. De hecho, al comenzar la asamblea esa tarde se había elevado una plegaria por ellos, en la que la comunidad expresó que con la muerte de una persona se “pierde un corazón del mundo”.

Según la comunidad, los hombres de ‘Guacho’ reconocieron que a Pablo Emilio lo asesinaron por “decir lo que no era”, pero no dieron explicaciones sobre Carlos. Tampoco aceptaron llevar a Holmes con ‘Guacho’.

Funcionarios del Centro de Memoria Histórica coincidimos ese día con esos hombres, en el territorio que queda a unas ocho horas a pie de Llorente, el corregimiento y centro poblado más cercano.

Comunidad Awá

El frente Óliver Sinisterra, comandado por Wálter Arizala, alias Guacho, controla los cultivos de coca y las rutas del narcotráfico del Pacífico nariñense.

Foto:

Camilo Ara / Centro de Memoria Histórica

Estábamos trabajando en un video con el que pretendemos hacer memoria documentando las masacres ocurridas en ese territorio, como aquella del 26 de agosto del 2009, en la que fueron asesinadas 12 personas, entre ellas 7 niños de la comunidad de Calví de Gran Rosario.

En las entrevistas con el Centro de Memoria, los awás contaron la historia de hombres armados que merodean por las escuelas y comunidades con la intención de convencer a los jóvenes indígenas de enrolarse en su grupo. Johan, de 16 años, fue uno de ellos, y terminó sumándose a las filas del Óliver Sinisterra, arguyendo que en su casa se había aburrido y tenía rabia por el asesinato de su padre cuando tenía 9 años.

Johan dijo que se fue por su voluntad pero, según los líderes, “al muchacho le hicieron inteligencia, le lavaron la mente y lo convencieron”.

Los líderes insistieron en la importancia de hacer memoria para fortalecer la defensa del territorio. Argumentaron que la presencia de hombres armados era muy dañina para sus jóvenes “porque les ofrecen armas y dinero rápido, y ellos, como han perdido el arraigo y desconocen los procesos de resistencia, sucumben a sus pretensiones”.

Los mayores recordaron cómo abrieron caminos con mingas, trochando en medio de la selva, se enfrentaron a grupos armados para salvaguardar sus riquezas naturales: las otorgadas benévolamente por la madre Tierra, a quien agradecen la exuberancia de sus bosques, montañas y ríos como el Rosario, Palay, Chachajo, Aguacate, Panteón, Inda y Pulgande.

Hablaron del temor que les causa la posibilidad de que vuelvan las fumigaciones aéreas con glifosato
–el área rural de Tumaco tiene más de 23.000 hectáreas sembradas de coca, según el informe Simci de Naciones Unidas–, la siembra indiscriminada de minas antipersonas, la contaminación de sus ríos y cultivos y el derrame de petróleo en sus aguas.

Holmes, en particular, aseguró que soñaba con ver fortalecida la Guardia Indígena del resguardo, con más jóvenes voluntarios dedicados a protegerlo. Su anhelo –sostuvo– era que las mujeres awás también asumieran liderazgos, que fueran coordinadoras de la guardia y gobernadoras.

Con un proyecto educativo propio, estaba enseñando cómo hacer resistencia desde la escuela, donde durante varios años había sido docente, por eso les hablaba a los niños de los riesgos de las armas y de las cualidades que caracterizan a los indígenas.

En una de las entrevistas, Holmes explicó que trabajaba por los suyos porque “esa es la labor de un líder: decir la verdad, asumir los procesos, orientar a la comunidad, ‘frentear’ a los grupos armados, quedarse a cuidar el territorio y aportar para que las cosas mejoren”. Y luego afirmó sin titubear: “Si por nuestra palabra hemos de morir, que así sea, pero moriremos luchando”.

Ese trabajo del Centro de Memoria está precisamente inconcluso porque las palabras de Holmes se materializaron el 19 de agosto. El secretario del resguardo de Gran Rosario fue asesinado en el corregimiento de La Guayacana cuando estaba saliendo de su comunidad después de visitar a su familia.

Holmes, Ignacio, Demecio y Flor Alba fueron amenazados en junio por ‘los Guachos’, por haberlos confrontado en la asamblea local de ese día de mayo. Los señalaron de “sapos” y les achacaron sus bajas militares tras las emboscadas que sufrieron a manos de la Fuerza Pública.

Los cuatro se fueron hacia Pasto, donde, después de denunciar y pedir ayuda, recibieron chalecos antibalas y celulares como medidas de protección.

Pero, con el paso de los días, y considerando que ya estaba más tranquila la zona, Holmes empezó a visitar de vez en cuando a su familia, aunque su plan era regresar completamente. Pero en una de esas visitas fue asesinado, y ahora la comunidad teme por la vida de los otros líderes y sus familias.

Comunidad Awá

La comunidad awá quiere fortalecer la guardia con la vinculación de sus jóvenes a las actividades de defensa de su territorio.

Foto:

Camilo Ara / Centro de Memoria Histórica

La vida de los awás está en riesgo, las disidencias y demás estructuras armadas en la región no sienten respeto por las comunidades, amenazan a los líderes, a sus familias y conocidos. Los obligan a desplazarse o, simplemente, los ejecutan. El Estado debe proteger sus vidas como el derecho supremo. Todo esto sucede en medio del dominio y la disputa territorial de los grupos armados para manejar el negocio de la coca.

Encontrar un mecanismo para superar los cultivos ilícitos será fundamental para que esa comunidad deje de ser vulnerable a los grupos armados, que ven en el resguardo una opción para enriquecerse por cuenta del trabajo de los más de 1.200 habitantes, a quienes han logrado amedrentar con sus armas.

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