¿Qué tan rolo es o se ha vuelto usted? Pruébese en este test

¿Qué tan rolo es o se ha vuelto usted? Pruébese en este test

Cada región tiene palabras y expresiones diferentes que las hacen únicas. #MídaseAVer

Mídase a A Ver qué tan rolo es
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Por: LUISA MERCADO
04 de enero 2019 , 12:51 p.m.

‘Sumercé si es un atarván’, ‘mis papás son cachacos’ ¿Alguna vez ha escuchado o usado esas palabras? En cada región del país las personas utilizan palabras propias. Esto se debe a que el lenguaje refleja la cultura y los aspectos propios de cada región que caracterizan la forma de ser y de pensar de las personas.

Por ello existen diccionarios propios de cada región. Por ejemplo, José Elías Cury Lambraño reunió las palabras de la costa Caribe en ‘El costeñol: un dialecto con toda la barba’ (2000), los términos nariñenses también tienen su diccionario, creado por Hugo Albor y titulado ‘Apuntes lexicográficos del español hablado en Nariño’ (1975), de igual forma existen recopilaciones de términos de Antioquia y Bogotá, como el de Luis Alberto Acuña: ‘Diccionario de bogotanismos’ y el de Alberto Borda Carranza ‘Cachacario: diccionario de cachaquismos’.

El prestigio de la lengua colombiana y bogotana proviene desde el periodo de la Independencia cuando la lengua española pasó a ser la lengua de los nuevos países americanos, según cuenta María Bernarda Espejo, magíster en Lingüística Española y experta de estudios sobre español en Colombia del Instituto Caro y Cuervo.

“Se manifiesta el interés por conservar la pureza de la lengua y se busca conservar su unidad. Durante este período, surgen estudiosos del lenguaje como Andrés Bello y posteriormente Rufino José Cuervo, ilustre filólogo, quien iniciará el estudio científico del habla bogotana en su obra ‘Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano’”, asegura Espejo.

Posteriormente, se fundó la Academia Colombiana de la Lengua en 1872 (la primera en América). Este hecho, sin duda, contribuyó al prestigio de la lengua colombiana y, en particular, de la bogotana.

La experta también señala que las clases cultas de Bogotá siempre se han preocupado por los buenos usos idiomáticos. Por esto, el habla culta bogotana se caracteriza por ciertos rasgos lingüísticos que llegaron a gozar de prestigio social, y que ha distinguido a sus hablantes.

Desde ahí surgen los ‘cachaquismos’ que se refieren entonces a una manera muy particular de ser y de hablar, propia del pueblo bogotano de antes de 1950. “Este término fue usado en 1830 por los jóvenes liberales, y en particular los estudiantes, quienes tomaron parte en los movimientos que precedieron y acompañaron la creación de la Nueva Granada, sus contrarios los llamaban desdeñosamente ‘cachacos’; pero habiendo triunfado sus ideales, se hizo título de honor, y vino la palabra ‘cachaco’ a significar joven elegante y garboso. Posteriormente, ‘cachaco’ se utilizó para nombrar al bogotano por su elegancia en el vestir, su manera de ser, la pronunciación y el uso de giros idiomáticos y formas de decir, muy particulares”, explica María Bernarda.

Sin embargo, ahora debemos hablar es de ‘bogotanismos’, refiriéndonos a las palabras y expresiones usadas en la capital.

La generación actual de Bogotá, conformada por bogotanos, hijos de personas venidas desde los distintos lugares del país, ha adoptado nuevas formas o maneras de decir y de usar la lengua, de acuerdo con la vida actual de esta ciudad.

Si usted nació en Bogotá, vive allí o tiene amigos de esta ciudad, EL TIEMPO lo invita a hacer este test y saber qué tan rolo es o se ha vuelto usted.

Las expresiones más rolas

Además de estas palabras, existen algunas frases características usadas por personas de la capital del país.

  • Estar en el curubito. Estar en una posición prominente o en una situación muy favorable.
  • A la guachapanda. Dicho de una acción que se realiza de manera descuidada. Con descuido, de cualquier manera. (Acuña, 1951). Esta se sigue usando.
  • De alto turmequé. Se refiere a reuniones o eventos a los que asisten altas personalidades. La palabra turmequé está registrada en el diccionario de Acuña (1951).
  • Ponerse como un tití: enojarse.
  • Hacerse el de las gafas. Hacerse el desentendido. Hacerse el loco. Antes se usaba hacerse el de la vista gorda.
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LUISA MERCADO
ELTIEMPO.COM
#BdBogotá

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