Los abuelitos de Pachavita, Boyacá, ya conocen la televisión

Los abuelitos de Pachavita, Boyacá, ya conocen la televisión

La mayoría de residentes del centro para ancianos del pueblo no sabían qué era la TV.

Hogar geriátrico

Los abuelos del hogar geriátrico de Pachavita, Boyacá, ven televisión.

Foto:

Cesar Melgarejo

09 de junio 2018 , 10:00 p.m.

Los domingos, a las 8 de la mañana, unos 13 abuelitos se sientan en el comedor del Centro de Bienestar para Ancianos San Vicente de Paul, para sintonizar un canal nacional, y ver la eucaristía, a la que en épocas atrás podían asistir.

Para muchos, hace dos años, aproximadamente, fue la primera vez que se acercaron a un televisor, gracias a la Televisión Digital Terrestre (TDT), y también a los decodificadores y antenas que la Agencia Nacional de Televisión (ANTV) les donó para que accedieran, de manera gratuita, a esta tecnología.

Ellos viven en Pachavita, Boyacá, una población que cuenta con cerca de 2.400 habitantes y que está ubicada a unas tres horas y media de Bogotá, o a unas dos horas de Tunja. Aunque la mayor parte del trayecto se transita por una vía pavimentada –pero en mal estado– para acceder al casco urbano hay que ascender por un corredor terciario, sin asfalto.

En esa población se concentran abuelitos como Valvina Torres, de 81 años. Ella aún puede moverse por sí sola y está lúcida, así que disfruta las novelas y los realities con sus otros compañeros. “Yo solo tuve radio en mi vida. No había visto televisión y es chévere. A mí me gusta, sobre todo las novelas y las películas de Cantinflas. Lo distrae a uno. Es una experiencia nueva y uno conoce mucho”, recordó esta abuelita que toda su vida se dedicó a trabajar en el campo.

Yo solo tuve radio en mi vida. No había visto televisión y es chévere. A mí me gusta, sobre todo las novelas y las películas de Cantinflas

Valvina llegó a este centro cuando los años le pasaron, junto a su esposo, quien falleció hace más de un lustro. Solo tuvo un hijo, pero murió años después de nacer, por lo que en su vejez se cuidaban el uno al otro.

Sin embargo, la mayoría de personas de la tercera edad que viven en el Centro de Bienestar del Anciano fueron abandonadas por sus familias, y sin tener quién vea por ellos, viven en este lugar de la caridad de los habitantes de Pachavita y de la alcaldía de la población.

A misa no pueden salir solos, porque su avanzada edad les impide a muchos moverse. “La TDT fue una gran ayuda para ellos, porque son muy devotos y ahora todos los domingos se la pasan ahí pegados, les gusta y se distraen”, señala Yalile Porras, directora del centro.

La mujer recordó que los abuelitos “también ven películas y como la mayoría nunca había visto televisión aún se asustan cuando ven las películas, o escuchan los estallidos de las bombas en las películas de acción”, indicó.

Espacio educativo

En el otro extremo del municipio, los gritos de unos trece niños despiertan al barrio Villamaría. Es un jardín que dirige la madre comunitaria Sandra Huertas, de 38 años.

Ella proviene de la parte rural de Pachavita y conoció la televisión hace 26 años, pero cuando la señal era lluviosa, y solo unos pocos hogares del municipio contaban con algún aparato.

La señal lluviosa siempre fue característica en este municipio y hasta hace unos años llegaron los operadores privados a ofrecer servicios de televisión por cable.

“Nosotros pagamos durante una época, pero el bolsillo no da para tanto. Los recursos son escasos y duré con el servicio como dos años, luego me tocó cancelarlo porque ya no podía pagar”, recalcó Sandra, mientras enciende el televisor, porque está a punto de comenzar un programa infantil.

“En mi labor como madre comunitaria la televisión digital y, sobre todo, los canales con franjas educativas nos ayudan bastante. Así puedo realizar estimulación a los niños, de colores, formas, objetos y situaciones que viven a diario y que van reconociendo de a poco”, explicó Sandra.

Una vez encendió el televisor, los trece pequeños pasaron de la gritería propia de los juegos a sentarse para escuchar canciones o ver personajes animados en la pantalla. En pocos minutos les servirán el almuerzo.

Y así como los infantes se distraen y aprenden con la televisión lo hacen Rafael, de 83 años, y Ana María, de 73, dos abuelitos que están al cuidado de su nuera, Stella Segura. “Cuando tengo que salir a trabajar, los dejo viendo televisión, y ellos se distraen mucho, porque no conocían este aparato”, indica Stella.

Rafael, el esposo de Ana María, quien perdió la vista recientemente, le cuenta lo que ella ve en la pantalla. Sin embargo, eso no es impedimento para que, a través de los sonidos y de los relatos de su marido, esta mujer pueda imaginar lo que sucede en los programas que ven gracias a la Televisión Digital Terrestre y que les permite tener señal gratuita y nítida, una experiencia única en su vida.

MICHAEL CRUZ 
ENVIADO ESPECIAL 
PACHAVITA, BOYACÁ

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