'Así sobreviví a la mordedura de una letal serpiente venenosa'

'Así sobreviví a la mordedura de una letal serpiente venenosa'

Nury Hernández cuenta que no permitió que médicos le cortaran la pierna. Esta es su historia. 

Nury Hernández

Nury Hernández cosecha entre 3.000 y 3.500 kilos de cacao y aguacate al año.

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Nelson Ardila Arias

Por: Nelson Ardila
18 de diciembre 2019 , 11:17 a.m.

El cultivo y la producción de cacao le están retribuyendo a Nury Hernández Molina tantos años de sufrimiento, desde cuando el conflicto armado la sacó corriendo de Caquetá, cuando asesinaron a su esposo y quedó viuda con dos hijas menores de edad y después de la mordedura de una culebra que por poco le cuesta la vida.

La violencia se ensañó de su familia, dice Nury, desde octubre del año 1981 cuando un avión Curtiss C-46, de la empresa Aeropesca, acuatizó cargado de armas en el río Orteguaza, en una de las audaces operaciones de guerrilleros del M-19 que secuestraron el avión, que habían abordado en el aeropuerto de Medellín, lo trasladaron a La Guajira para recoger las armas y luego lo hicieron atravesar el país hasta aterrizar de emergencia en Caquetá.

Como el Ejército descubrió dónde había aterrizado el avión, que quedó enterrado en una zona arenosa del río, llegó a combatir la guerrilla y se recrudeció la violencia.

Nury recuerda que de su tierra natal salió corriendo sin ropa y sin nada, llegó a Villavicencio con dos niñas y viuda, el esposo murió en la violencia cuando una hija tenía ocho años y la otra, diez.

Trabajó en fincas y encontró un compañero con quien vivió durante veinte años, pero los desencuentros los condujeron a separarse, por eso desde hace ocho años vive sola en su finca de la vereda El Encanto, en Guamal.

Uno de los episodios más complejos de su vida lo vivió en el 2010 trabajando en una finca en la vereda Veracruz, en Cumaral (Meta), cuando una serpiente muy venenosa la mordió el tobillo de su pierna derecha. Ese día regresaba a la casa después de bombear agua de una quebrada para el ganado.

Primero la llevaron al hospital de Cumaral y después al Hospital de Villavicencio, donde duró internada dos meses siete días. “Casi me muero de las fiebres tan altas, me iban a cortar la pierna, yo no dejé; entonces me hicieron cortes de tendones, venas y parte del tobillo”.

Casi me muero de las fiebres tan altas, me iban a cortar la pierna, yo no dejé, entonces me hicieron cortes de tendones, venas y parte del tobillo

Para hacerle lavados de la pierna le ponían anestesia general porque los dolores eran muy fuertes, eso era cada cuatro o cinco días.

El hueso estaba quedando raspado y por eso le hicieron implantes y en la zona de la mordedura tiene una herida que no ha cerrado totalmente porque el tejido no pegó bien. “Nunca me he recuperado totalmente”, sostiene.

En medio de las dificultades sacó a sus dos hijas adelante. Hoy una es contadora pública y administradora de empresas y tiene su propio almacén de electrodomésticos, y la otra es diseñadora de modas.

Después de separada de su segunda relación, Nury logró estudiar. “Las mujeres para qué estudian”, decía su papá y por eso nunca había ido a un aula de clases.

Me gradué de primaria y de ahí seguí estudiando una técnica en cosecha y cultivo de cacao y un técnico en cocina internacional; en diciembre hago pollo relleno, tamales, conservas, manjares y la gente me busca para que haga las cosas”, dice.

Uno nunca se da cuenta de lo que está hecho, soy una mujer berraca. Ahora estoy empoderada y luchando por sacar adelante la cooperativa

Tiene una hectárea de tierra cultivada en cacao y aguacate. Cosecha entre 3.000 y 3.500 kilos al año, que comercializa en hogares y escuelas del municipio.

En una reciente vista a su finca con funcionarios de Ecopetrol y periodistas ofreció un desayuno con alimentos producidos en su finca: licor de chocolate (también produce chocolate granulado y chucula), achiras, panderitos, pandeyucas y huevos.

Estuvo luchando por ser una microempresaria sin éxito y ahora, como asociada de la cooperativa agropecuaria Aguamal, que tiene 120 asociados, ve un futuro más próspero.

La cooperativa ha contado con el respaldo de Ecopetrol desde el año pasado, que les ha brindado capacitaciones y asesoría, para que mejoren la calidad de la producción y en corto tiempo puedan comercializar el producto con grandes empresas del sector.

Y reflexiona: “Uno nunca se da cuenta de lo que está hecho, soy una mujer berraca. Uno no se da cuenta de lo que es capaz de hacer porque creer que necesita de la compañía de un hombre y que aprende a conocerse cuando le toca enfrentar la vida. Ahora estoy empoderada y luchando por sacar adelante la cooperativa”.

NELSON ARDILA ARIAS
Para EL TIEMPO
VILLAVICENCIO

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