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¿Por qué tantas personas creen en las peligrosas noticias falsas?
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Semanas antes de las elecciones presidenciales, se ha visto una gran proliferación de noticias falsas en las redes sociales de India.

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Harish Tyagi / EFE

¿Por qué tantas personas creen en las peligrosas noticias falsas?

Contextos de crisis e incertidumbre, poca formación digital y emociones, entre los factores.

Las sirenas de dos ambulancias resuenan en medio de los gritos y chiflidos de un grupo de personas. Es de noche y acaba de llover. Uno de los vehículos está detenido en plena calle, a pocos pasos de un semáforo. Un hombre, con la cara cubierta, abre la puerta trasera mientras otros dos irrumpen por una de las delanteras. Las sirenas no dejan de sonar. La segunda ambulancia está unos metros atrás. Su conductor intenta dar reversa, pero varias personas se le abalanzan al vehículo y lo detienen. Se oyen más gritos. Una veintena de personas lo está rodeando. Quieren ver lo que hay adentro y abren las puertas. Desde atrás, alguien lanza un aviso rápido. Un gesto que indica ‘no’ con la mano es suficiente para que la ambulancia finalmente pueda avanzar.

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Estos hechos quedaron registrados en un video que compartió Luis Ernesto Gómez, secretario de Gobierno de Bogotá, para desmentir versiones que circularon sobre ambulancias que supuestamente entregaron heridos al PMU en el portal de las Américas y transportaron gases lacrimógenos. Esa información no era cierta, pues la ambulancia, en realidad, estaba evacuando a un policía herido.

Como esta, en los 30 días que completó el paro nacional han circulado en redes sociales decenas de noticias falsas. En medio de la avalancha de contenidos movidos por la inmediatez, y valiéndose de las emociones que se pueden despertar, muchos usuarios, entre ellos personajes públicos con audiencias considerables, han difundido información, fotografías, ‘pantallazos’, audios o videos sobre hechos tergiversados o falsos.

Un escenario que incluso ha sido aprovechado por inescrupulosos para hacer circular supuestas noticias que derivan en actos violentos en las calles.

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No es un asunto de unos cuantos cibernautas incautos. Esto ocurre desde hace años en todo el mundo. Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), publicado en la revista Science en 2018 bajo el título The spread of true and false news online (La difusión de noticias verdaderas y falsas en línea, en español), dimensionó el problema así: las noticias falsas se difunden en redes sociales a una velocidad seis veces mayor que las verdaderas y la probabilidad de que se dé retuit a una información falsa en Twitter es un 70 % más alta que si es cierta.

Las protestas que hoy vive Colombia bien pueden ser una muestra de ello. Aunque no se ha medido el alcance de la información falsa, sí se han tenido que desmentir supuestas "noticias" que van desde emblemáticas edificaciones del mundo apoyando a los manifestantes, hasta alarmantes versiones falsas de que un almacén en Cali se convirtió en un lugar de tortura. 

¿Pero por qué somos susceptibles a difundir desinformación, a creerla?

En su estudio, el MIT advierte que las noticias falsas tienen una audiencia entre diez y cien veces mayor a las verdaderas. Voces expertas consultadas por EL TIEMPO explicaron que en este fenómeno convergen factores como contextos de conflicto e incertidumbre, poca formación digital y emociones desbordadas.

Crisis y sesgo

“Detrás de una noticia falsa hay una infinidad de factores”, explica Valentina de Marval, profesora y periodista chilena especializada desde hace varios años en factcheking (comprobación de hechos) y quien actualmente trabaja en la Agencia France-Presse (AFP).

“Puede haber una intención explícita y diseñada para perjudicar, o en algunos casos beneficiar, a un grupo o a una persona en particular. También puede no haber intenciones, es decir que se difunden ‘sin querer queriendo’. Ahí habría subcategorías: mala alfabetización digital y mala alfabetización mediática. La primera se da, por ejemplo, cuando se confunde a Facebook como un medio de comunicación en sí mismo y la segunda, cuando no se sabe reconocer si un medio está informando seriamente o es un medio que parodia o es partidista”.

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Sin embargo, la profesora y periodista aclara que el perfil de la persona que comparte noticias falsas es muy genérico, pues no depende únicamente de su nivel educativo.

Ahí reside la gravedad del fenómeno, pues, en ese sentido, puede tratarse de una persona que cuenta con la más alta educación superior, incluso con formación digital básica. “Cualquiera es susceptible de caer en desinformación”.

Precisamente, cuando se aclaró la situación de las ambulancias en el portal de las Américas, en Bogotá, el secretario de Gobierno compartió un dato inexacto. Gómez aseguró que debido a la información falsa 16 ambulancias habían sido vandalizadas durante la noche del 22 de mayo, pero datos de la propia Alcaldía señalan que esa cifra corresponde, en realidad, al total de ambulancias vandalizadas en la ciudad desde que inició el paro el pasado 28 de abril y que las vandalizadas aquel sábado fueron dos.

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Cualquiera es susceptible de caer en desinformación

De Marval afirma que en contextos de crisis e incertidumbre, como es hoy el caso de Colombia, es común que se proporcionen las noticias falsas.

“Los conflictos y las crisis siempre generan desorden de todo tipo. Nadie sabe qué fue primero: si un manifestante lanzó una piedra y luego disparó el policía o viceversa. Ante estos vacíos de información, o desórdenes informativos, la desinformación nace muy fácil y rápido. Y la incertidumbre de no tener respuesta a ciertos conflictos (cuándo se terminan las protestas, por ejemplo) hace que involuntariamente creamos en cosas que queremos creer porque no tenemos otra respuesta”.

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En este punto entra a jugar otro factor determinante: los sesgos cognitivos o sesgos ideológicos, los cuales, en palabras de la periodista de AFP, “son un problema al momento de creer o no en cierta información”, pues “si algo me da mucha rabia, lo creo y no lo cuestiono; o no me cuestiono lo que me convence de algo que yo creo saber previamente”.

Al respecto, Angie González, docente e investigadora de la Universidad Externado de Colombia y Ph. D. (c) en Medios, Comunicación y Cultura de la Universidad Autónoma de Barcelona, le explicó a este diario que “cada uno de nosotros interpreta la realidad desde su propio marco de referencia, desde su propio sesgo. Y estos sesgos se construyen a partir de la familia que tuvimos, la educación que recibimos, los amigos, el país donde vivimos, la cultura, etc”.

Así las cosas, y en términos prácticos, muchas veces las personas caen en noticias falsas porque quieren creer en esa información.

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“Estas noticias sirven para reafirmar posiciones personales frente a ciertos temas. Entonces, yo comparto este contenido porque me ayuda a demostrar o a argumentar que ‘tengo razón’ respecto a algo”, agrega la investigadora González, quien advierte, además, que este fenómeno está relacionado, por un lado, con el aumento de fuentes o medios para consumir información. Y por otro, con la polarización, “que favorece las formas extremas de pensar, disminuye las zonas grises y dificulta el diálogo”.

¿Qué hacer?

Las voces consultadas coinciden en que las noticias falsas son muy peligrosas. La periodista Valentina de Marval aclara, sin embargo, que “la desinformación es tan peligrosa como la falta de información”.

Por eso, es clave aprender a informarse e identificar, en la medida de lo posible, cuándo un contenido que encontramos en redes sociales es verdadero o falso.

Ana Saavedra, vocera de Colombia Check, una plataforma digital que se dedica al factcheking de la actualidad nacional, comentó que la desinformación es un medio que utilizan personas malintencionadas para manipular, sacar réditos políticos, estigmatizar poblaciones e incluso generar ingresos monetarios a partir de engaños.

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Y explica que muchos de los contenidos catalogados como 'desinformaciones' son fotos y videos verdaderos y reales pero que están sacados de contexto. Por ejemplo, una declaración o un registro de otro año u otro lugar que se replica en la actualidad para deliberadamente desinformar.

Sobre ese caso, De Marval comenta que desde AFP Factual han rastreado en las últimas semanas decenas de videos y fotos que confunden al Esmad de Colombia con los Carabineros de Chile, pues tienen uniformes similares. De hecho, asegura que “los tipos de desinformación que ahora se han difundido en Colombia son muy parecidos a aquellos que aparecieron durante el estallido chileno”.

De ahí la importancia de los procesos de verificación que adelantan estas plataformas, los cuales, cabe resaltar, están avalados por la Red Internacional de factcheking (IFCN, por sus siglas en inglés), que establece metodologías estandarizadas.

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A continuación, algunas recomendaciones de las expertas para evitar la desinformación:

1. No compartir ningún tipo de contenido del cual no se tenga certeza de dónde proviene ni quién lo dice. Y si se tiene identificado, igualmente revisar y cerciorarse de que la información viene de personas o expertos con autoridad para hablar de ese tema.

2. Consumir diversidad de medios, incluso aquellos cuya línea editorial no nos gusta. Hay que seguirlos para tener una perspectiva más amplia y crítica de la actualidad.

3. Siempre revisar las fechas de la información que se recibe, así como el dónde y el contexto.

4. Ser responsable con el uso de redes sociales, sobre todo si somos líderes de opinión o contamos con una audiencia considerable.

5. Seguir en redes sociales a medios especializados en factchecking. La mayoría reciben sugerencias para hacer chequeos de información.

6. Si identifica que un video o una foto son falsos o están sacados de contexto puede, primero, no replicarlo, y si la plataforma en la que está viendo ese contenido se lo permite puede denunciarlo como contenido falso para que se elimine de esa red social.

7. Hacer uso de herramientas externas. Hay un método conocido como 'búsqueda inversa'. En un buscador (por ejemplo, Google), puede subir una foto en la sección 'Imágenes' y allí encontrará detalles como cuál es el origen y cuál es el contexto real de su publicación (Vea aquí el paso a paso).

*Periodista de ELTIEMPO.COM
En Twitter: @williammoher

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