La mujer que vive desde hace 20 años en un carro en Bucaramanga

La mujer que vive desde hace 20 años en un carro en Bucaramanga

Luz Marina Ramos tiene 56 años y hace dos décadas convirtió un vehículo averiado en su refugio.

Una mujer vive desde hace 20 años en un carro | EL TIEMPOLa desgarradora historia de Luz Marina Ramos, quien convirtió un vehículo averiado en su refugio.
Luz Marina Ramos tiene 56 años y desde hace 20 vive en el carro.

Luz Marina Ramos tiene 56 años y desde hace 20 vive en el carro.

09 de octubre 2018 , 11:45 a.m.

En el barrio Candiles de Bucaramanga hay un carro estacionado bajo un guadual, el vehículo tapado con una carpa aparenta ser cualquier coche abandonado en la calle, pero al asomarse por las ventanas, se ve a una anciana que entre cobijas duerme plácidamente en el cojín trasero. Son las 8 de la mañana y el aguacero de la noche anterior sonando en el techo cubierto por una vieja lona le dio a la mujer el susurro para dormir hasta tarde.

Luz Marina Ramos tiene 56 años y desde hace 20 vive en el carro. Llegó de Bogotá para entonces porque “una hermana me mandó a Bucaramanga para pelar yuca y  papa en la plaza, pero no había trabajo aquí, eran mentiras”, dice.

Luego de deambular y dormir en los andenes de esta ciudad, desconocida para ella, encontró como albergue un Honda Acord color verde, cuyo dueño no consiguió el repuesto que requería para repararlo, así que ‘Marinita’, como le dicen sus vecinos, metió en el vehículo las pocas cosas que tenía y se dedicó a vivir del reciclaje.

Luz Marina abre la puerta del carro con parsimonia, se sienta en el cojín y mira al piso. Con sus manos se arregla el cabello, y levanta la mirada para detallar quién le dirige la palabra, pero baja su cabeza cuando habla: lo hace con carácter y timidez, y mientras se frota las manos observa sus pies, con las venas pronunciadas de tanto recorrer las calles de su barrio.

No tiene hijos, y dice que sus hermanos viven en Bogotá. Hace tres semanas fueron a visitarla y se sentaron en unos troncos, una silla descompuesta y se recostaron contra la malla que separa el andén de la zona boscosa. Esos son todos los muebles que tiene en su lugar se residencia, el cual procura mantener lo más limpio posible de las hojas que caen del espeso arbusto de guadua, y de la basura que a veces algunas personas llegan a arrojar.

Los domingos Luz Marina asiste a misa, llega una hora antes a la iglesia del barrio y hace aseo para que lleguen los fieles, asiste al ritual y cuando termina sale a comprarse un café con lo que le dan por el trabajo dominical. Dice que gracias a su fe nunca se ha acostado sin comer, pues entre los integrantes de la comunidad le brindan alimentos si no tiene dinero para comprar.

La compañía de Luz son ‘La Garucita’ y ‘La Niña’, dos gatas pequeñas que hace poco dejaron abandonadas en el sector, y que recogió porque, según dice “los gaticos son como una persona, sienten y me acompañan aquí”. Ella les da purina que algunos tenderos le regala, y merodean entre sus pies después de salir del carro, en el que duermen junto a ella.

La comunidad del sector reconoce que “ella (Luz Marina) es muy colaboradora, nos cuida de los ladrones, ve algo sospechoso y nos va diciendo”, dice Edith Niño, administradora de una fábrica de zapatos del sector. Por su parte, Luz Marina dice que nunca le han intentado asaltar su 'casa con ruedas', y que, según dice, "a veces llegan los ladrones a molestar y pasan viendo que se pueden robar, pero hace mucho no vienen".

Debería existir una ayuda para Luz Marina, nosotros acá le ayudamos con una comida, un vestidos, pero ella necesita salud y una vivienda donde pueda pasar su vejez.

Sin embargo, la mujer manifiesta que “debería existir una ayuda para Luz Marina, nosotros acá le ayudamos con una comida, un vestidos, pero ella necesita salud y una vivienda donde pueda pasar su vejez. Han venido varias entidades pero no hacen nada, le toman fotos y entrevistas pero ella sigue en lo mismo, yo quisiera que el gobierno le ayude”.

La comunidad reclama mayor atención para poder darle una vida digna a esta mujer, pues, según dicen, “aquí el uno la deja entrar a una casa, el otro le da por ahí dos mil pesitos, o con un desayuno, pero en realidad eso no es lo que ella necesita”.

EL TIEMPO intentó comunicarse con la Alcaldía de Bucaramanga para conocer su pronunciamiento sobre este caso, llamando en repetidas ocasiones a Aychel Patricia Morales, directora del Instituto de Vivienda y Reforma Urbana, entidad que promueve el acceso a una casa para personas de escasos recursos de la ciudad, sin embargo, no se obtuvo respuesta alguna.

En los últimos años, el gobierno colombiano ha manifestado tener en una de sus prioridades la disminución en las cifras de las familias sin casa en el país, y no cabe duda de que las urbanizaciones creadas para quienes antes no tenían un techo, cambiaron la vida de miles de familias, pero aún se conocen historias como la de Luz Marina Ramos, que tras veinte años, no ha podido acceder a una vivienda y tiene como refugio un carro.

CRISTIAN EDUARDO BELTRÁN
Para EL TIEMPO
Bucaramaga

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