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El trágico final del cura cuyo amor a Dios lo llevó hacia la muerte
Cura colombiano murió en Angola

El misionero fue apuñalado por chocar una moto en Angola, África austral.

Foto:

Cortesía: Familia

El trágico final del cura cuyo amor a Dios lo llevó hacia la muerte

El misionero fue apuñalado por chocar una moto en Angola, África austral.

En palabras de su hermano, Manuel Ubaldo Jáuregui Vega amó tanto a Dios que prefirió irse de su natal Cúcuta para servirle a donde la misión se lo pidiera.

En su caso, el destino lo llevó hasta África, donde finalmente fue asesinado a comienzos de marzo de este año.

Jáuregui Vega nació el 10 de agosto de 1984 en el barrio Cuberos Niño, en la comuna 10 de Cúcuta, donde es recordado por sus vecinos como una persona humilde, servicial y extrovertido. Es el mayor de los dos hijos de Zorayda Vega y Lucas Jáuregui.

Sergio, el hermano menor de Manuel, señala que su vocación de servicio a Dios se evidenció desde muy pequeño, cuando empezó a trabajar como monaguillo en la iglesia del barrio.

No es el primero de la familia que sigue los caminos de la iglesia católica, tal vez otro aliciente para su decisión era la tradición de varios tíos que también se dedicaron al sacerdocio.

“En la iglesia ayudaba mucho como catequista, le gustaba la misa y todo en el seminario –cuenta Sergio–. Desde muy joven se le vio esa vocación de servicio. Hablaba mucho con personas de la calle, que tenían problemas con drogas y otras cosas, siempre presto a ayudar”.

Pese a todo lo mencionado, fue hasta los 20 años de edad cuando informó a sus padres que su vocación era ser sacerdote; de esta manera podría ayudar a miles de personas en el mundo y apoyaría económicamente a su familia.

Manuel se unió a la congregación religiosa Misioneros de Yarumal, y finalizó sus estudios en diciembre de 2015, casi 10 años de estudios después, fecha en que la parroquia San Juan María Vianney, en Cúcuta, se llenó por completo para recibir al cucuteño que celebraría su primera ceremonia como sacerdote.

Sin embargo, el joven sacerdote se consideraba un misionero y sabía que su labor implicaba no tener lujos y, por el contrario, debía ir a lugares con muchas necesidades alrededor del mundo. Fue así como recorrió países como Bolivia, México, Portugal, Francia y varias naciones de África.

En 2016 llegó a Luanda, en Angola, en África austral, la que sería su último destino. 

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Un mundo bueno

Pese a la distancia, la familia de Manuel se sentía feliz del trabajo que realizaba el primogénito de la casa.

Sergio recuerda que en las conversaciones que tenían, Manuel se escuchaba feliz por la gente que había encontrado entre la comunidad católica de esta zona.

“Lo querían mucho allá, los niños y niñas –cuenta Sergio–. Él decía que la gente era muy diferente, que tenían mucho amor, mucha humildad. Era una felicidad inmensa para él rezar con los niños y las mujeres”.

Sergio, el hermano menor de Manuel, señala que su vocación de servicio a Dios se evidenció desde muy pequeño, cuando empezó a trabajar como monaguillo en la iglesia del barrio.

Foto:

Cortesía: Familia

Como padre misionero, Manuel daba misas y clases a otras personas que querían emprender ese camino de recorrer el mundo difundiendo su fe. Su familia se sentía orgullosa.

Jáuregui Vega se mantenía en contacto todos los días con sus familiares y les pedía que se cuidaran del contagio del covid-19.

“Cuando hablábamos él me decía ‘Chechito’ –recuerda Sergio–. Un día me dijo: ‘‘ ‘Chechito’, el anhelo mío es comprarle una casa a mi madre. Somos de bajos recursos y por eso Manuel tenía ese sueño, pero bueno, no se va a poder. Ahora estoy sin trabajo, así que la casa tendrá que esperar”.

Según él, Manuel era feliz en África e insistía en la satisfacción que sentía de poder ayudar y ver alegres a cientos de niños y jóvenes en Luanda. 

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La muerte

Ocurrió el pasado 7 de marzo. En la casa Jáuregui Vega sonó el teléfono en la mañana. Una noticia inesperada los golpeó con fuerza.

Manuel decidió salir a comprar hamburguesas en una camioneta, pero en el camino tuvo un leve accidente de tránsito en el que chocó a una motocicleta.

Al descender del vehículo para revisar qué había sucedido, fue abordado por el propietario de la motocicleta, quien lo apuñaló siete veces en el pecho con un arma blanca.

Manuel Ubaldo Jáuregui Vega era muy querido por la población católica en esta zona de África.

Foto:

Cortesía: Familia

Aunque el sacerdote fue trasladado a un hospital, murió debido a la gravedad de las heridas.

Nadie entiende las razones. Según lo que Manuel narraba en sus llamadas, la gente era bondadosa, no tenía problemas.

De acuerdo con lo dicho por Sergio, el responsable de la muerte de su hermano ya está en la cárcel. Fue tanta la pena que sintió la iglesia católica en Luanda por lo ocurrido que colaboró con todos los trámites para repatriar el cuerpo de Manuel, de 36 años.

“Él nos había dicho que el destino de los misioneros es que su cuerpo se quede en el lugar en el que sirvieron –explica Sergio–. Pero ese ‘contrato’ se rompe cuando la muerte no es natural. El gobierno de Angola estaba muy avergonzado y por eso nos colaboró tanto”.

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Los misioneros de Yarumal también estuvieron muy pendientes de todo. No obstante, en la vivienda del barrio Cuberos Niño la tristeza no se va.

Finalmente, el cuerpo de Manuel fue enterrado el 21 de marzo en el cementerio Jardines de la Esperanza, en Cúcuta.

Lejos quedó el cuerpo de un hombre empeñado en servir del lugar que tantas satisfacciones le brindó. Hoy solo quedan los recuerdos.

“A Manuel le gustaba mucho dar a la gente, brindaba amor, aconsejaba, la gente lo quería muchísimo –explica Sergio–. Lo que más le gustaba era ir a visitar a los enfermos. En Cúcuta iba a las cárceles, era una buena persona”. 

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @Leugim40

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