Mario Gómez Estrada, retrato de un líder empresarial

Mario Gómez Estrada, retrato de un líder empresarial

El recién fallecido dirigente cafetero también fue una destacada figura cívica de Manizales.

Mario Gómez Estrada

Mario Gómez Estrada falleció en Bogotá el pasado 24 de noviembre.

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EL TIEMPO: Milton Díaz

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya
05 de diciembre 2019 , 10:12 p.m.

El exministro César Gómez Estrada, que por cierto tenía los mismos apellidos de sus hijos, es considerado uno de los caldenses más ilustres, como cualquier encuesta lo podría confirmar, especialmente si se realiza entre los más destacados dirigentes de Manizales, quienes suelen sobresalir en nuestro país.

Y no es para menos. Con más de ochenta años encima, poco antes de fallecer, aún era defensor del cliente en el sistema financiero y atendía su oficina de abogado en el centro de Bogotá, aquella que compartió durante varias décadas con Antonio Álvarez Restrepo y Samuel Hoyos Arango, exministros y caldenses connotados como él.

En su caso, fue ministro de Justicia en el mandato claro de Alfonso López Michelsen, donde reemplazó a su paisano Hoyos Arango. Pero antes de serlo había hecho méritos suficientes para tan alto puesto desde su época de estudiante de Derecho en la Universidad de Caldas, cuando este centro educativo ponía magistrados a granel en el Tribunal de Manizales, el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia: Hernando Gómez Mejía, Carlos Ramírez Arcila, Luis Carlos Giraldo Marín, Fernando Londoño Londoño, Tulio Gómez Estrada...

Él, por su lado, presidió los destinos de su departamento hacia 1960, tras lo cual fue magistrado de la Corte Suprema, designación que le permitió vincularse a Bogotá, donde permaneció hasta su muerte, dedicado a ejercer su profesión “con mucho éxito para fortuna familiar” al decir de su hijo Mario Gómez Estrada, quien reconstruía así, a grandes rasgos, la trayectoria de su padre, como justo homenaje.

De tal palo, tales astillas

Tener un padre como ese, que puso muy arriba el prestigio de la familia, era un enorme compromiso para sus hijos, admitía Mario mientras destacaba también el papel protagónico de su madre, Mercedes Estrada, “el ser más bueno sobre la tierra; una de esas personas que ya no nacen”.

El ambiente familiar los marcó a todos, a los ocho herederos que convirtieron los apellidos Gómez Estrada, en honor a su progenitor, en una dinastía en Manizales, como que César fue también gobernador y Guillermo presidió el gremio que reunía a las poderosas corporaciones de ahorro y vivienda, y él, Mario, estuvo al frente del Comité gremial de su ciudad tras ocupar importantes posiciones en el sector empresarial.

Mario fue el único de los Gómez Estrada que permaneció en Manizales a pesar
de las múltiples ofertas que le hicieron para
trabajar en Bogotá

Ha sido un mal de familia, claro está. Aunque los asuntos de negocios no les venían de sangre, al menos por la paterna. No. El exministro Gómez Estrada “a duras penas usaba chequera”, no obstante ser representante supremo del sistema financiero, y si acaso se le salió el paisa fue por obra de la obligación con sus hijos y, en especial, del apoyo de su amigo Hoyos Arango, quien lo hizo socio en una de sus empresas.
Mario, en consecuencia, no estaba condenado a ser empresario por motivos familiares. Al contrario, más bien se disponía, al seguir la carrera jurídica del papá, a relevarlo en la oficina, quizás con la mirada puesta en usar de nuevo la toga de magistrado.

Pero, no. Tan pronto terminó sus estudios superiores y entró a manejar los primeros negocios, fueron estos los que le interesaron, hasta el punto de decidir, a temprana edad, que se metería de lleno al mundo empresarial, donde poco tardó en descubrir que el Derecho le servía de mucho.

Los primeros pinitos

Fue un breve paso por el sector público durante la gobernación de Óscar Salazar Chávez, como abogado procurador del departamento, cuando Humberto de la Calle Lombana fungía como secretario de Gobierno. De allí dio el salto al mundo financiero, que fue su fuerte, “donde principalmente me muevo”, según decía.

Fue cuando nació el sistema Upac, a comienzos de los años 70. El Banco Central Hipotecario, para entrar en la onda, había creado su corporación de ahorro y vivienda, cuyo gerente general, Gabriel Rosas Vega, lo nombró gerente regional, cargo que poco después asumió en el BCH, también a nivel regional, donde permaneció hasta 1979, cuando se retiró después del paro nacional en el mandato de López Michelsen.

En efecto, al terminar el conflicto laboral aceptó la oferta de montar en Manizales la primera oficina de la Compañía Agrícola de Seguros, vinculada al Grupo Cafetero. “Fue mi entrada al mundo del café”, precisaba con la obligada mención al hecho de ser representante de Caldas al Comité Nacional de Cafeteros, donde tuvo el honor de ocupar la silla de don Leonidas Londoño.

En la Agrícola le fue muy bien, por lo visto. Como resultó “bueno pa’ eso”, hizo un trabajo similar en Ibagué y Bucaramanga, con resultados tan satisfactorios que el presidente de la compañía, Ariel Jaramillo Abad, le ofreció la vicepresidencia nacional, cargo que no aceptó “por inaceptables reservas de dos miembros de la junta”.
Volvió entonces a presentar renuncia, como era habitual en él cuando las cosas no le gustaban.

En Seguros Atlas

Decía con orgullo que al retirarse de la Agrícola de Seguros ya era miembro de las juntas directivas del Banco de Caldas y Seguros Atlas, o sea, en el centro de las principales decisiones financieras en Manizales, ciudad de la que nunca quiso irse.

Para entonces se estaba conformando un grupo financiero, con diversas entidades que prestaban servicios especializados (a diferencia de la actual multibanca), de modo que a cada cliente se le brindaran los mejores servicios requeridos. Fue así como se desarrollaron, con apoyo de las dos citadas instituciones financieras y de Corficaldas, nuevos proyectos que desembocaron en la creación de una almacenadora, una leasing y una fiduciaria.

Por su lado, asumió la presidencia de Alcaldas, de donde salió para asumir igual cargo en Seguros Atlas por petición del superintendente bancario, Germán Botero de los Ríos, su coterráneo, cuando hubo la intervención del Gobierno en la aguda crisis financiera de los años 80 y ante la huida del accionista mayoritario de la compañía, Germán de la Roche, quien tumbó a más de uno en la siempre conservadora y tranquila capital de Caldas.

Cerrado ese ciclo, se concentró en sus actividades cafeteras, tanto en el Comité Nacional como en su condición de productor, sufriendo en carne propia la profunda crisis desatada sobre la industria del grano al romperse el pacto mundial de cuotas.
Al Comité de Gremios que presidió en Manizales lo consideraba vital para el desarrollo regional, al impulsar proyectos concertados con el sector público, y proclamaba, a cuatro vientos: “Al fin estoy trabajando pa’ mí” al dedicarse en sus últimos años a prestar asesorías, cosa que nunca antes había hecho.

En la patria chica

Mario fue el único de los Gómez Estrada que permaneció en Manizales a pesar de haber regido los destinos de una empresa con proyección nacional como Seguros Atlas, de las múltiples ofertas que le hicieron para trabajar en Bogotá y de la influencia familiar, que tanto pesa cuando de ministerios y cargos similares se trata.

Pero –valga la pregunta– ¿no se desperdició en cierta forma con ese aislamiento, mientras otras personas con menos capacidad gozaban de más protagonismo en el país? No lo creía. De una parte, por tener asiento en el Comité Nacional de Cafeteros, con visitas semanales a la capital para reunirse y hablar “de tú a tú” con cuatro ministros, el director de Planeación Nacional y el Contralor General de la República, y, de otra parte, porque disfrutaba a sus anchas los fines de semana en provincia, en su tierra natal.

No le sonaba ser gerente general de Federacafé, si bien una y otra vez encabezaba la selecta baraja de candidatos a tan codiciado cargo, aunque reclamaba que algún día volviera allí un caldense, y, cuando se le pedía identificar la característica por excelencia de su liderazgo, sentenciaba sin rodeos, con típico acento paisa: “Es la de echar siempre pa’ delante”.

Esa característica fue la misma, al parecer, de su padre y el resto de la familia Gómez Estrada, una verdadera dinastía empresarial en Caldas.

JORGE EMILIO SIERRA MONTOYA
ESCRITOR Y PERIODISTA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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