Mapachico, el pueblo que aprendió a vivir en las faldas del Galeras

Mapachico, el pueblo que aprendió a vivir en las faldas del Galeras

Las 6.000 personas que residen en cercanías al volcán dicen que no se moverán de este lugar.

Mapachico

Aunque los habitantes no le teman, el riesgo en la zona es real. El volcán ha registrado 25 erupciones explosivas en los últimos 30 años.

Foto:

Archivo El Tiempo

Por: Miguel Ángel Espinosa Borrero
06 de diciembre 2019 , 09:10 p.m.

Gloria Benavides vive feliz a tan solo 3 kilómetros del cráter del volcán Galeras, en Nariño. Su casa es una más de las que componen a Mapachico, uno de los 17 corregimientos de Pasto y donde sus 6.000 habitantes se acostumbraron a vivir, cerca del volcán más activo de Colombia y, posiblemente, del mundo.

Este punto está a 3.500 pies de altura. El cielo se pinta de un azul muy claro, el viento gélido sopla con fuerza y aunque ya es mediodía, en esta zona montañosa no se escucha mucho ruido más allá del trinar de los pájaros. Aunque, de vez en cuando, esta calma es perturbada por el rugido del volcán.

Mapachico se convirtió para sus habitantes en la tierra prometida. Las familias que habitan en este lugar han permanecido de generación en generación. Para ellos, vivir en las faldas del Galeras no representa ningún riesgo, pues mantener la tradición de sus ancestros que llegaron con la ilusión de que las cenizas del volcán fortalecerían el crecimiento de los cultivos es más importante que salir de una zona que no ha resultado tan cómoda para muchos.

Con orgullo, Gloria, de 48 años, sostiene en sus manos dos rocas livianas. Son dos piezas calcinadas que un vecino le regaló tras un evento del volcán registrado en enero del 2010.

“Estábamos en plenos carnavales –recuerda Gloria, con emoción–. Era un espectáculo de luces increíble, como fuegos artificiales en el volcán. Aunque estamos tan cerca, y se supone que es peligroso, para mí fue espectacular”.

A un costado de la casa de Gloria hay un improvisado cambuche en el que tuvo que dormir dos meses tras el sismo registrado la madrugada del martes 12 de junio del 2018. Fue de 4,7 en la escala de Richter y afectó las viviendas de unas 100 familias.

Gloria recuerda el terror con el que vivieron esos más de 30 segundos que derribaron uno de los apartamentos de su vivienda. Este movimiento telúrico del año pasado mató a 29 de sus gallinas y obligó a su familia a dormir por fuera de su hogar.

“Nosotros estamos acostumbrados a que se mueva la tierra por el volcán –asegura Gloria–, pero ese día fue muy fuerte. Además que emitieron la alerta de amenaza, pero todo salió bien. Yo creo que a donde uno vaya siempre va a haber peligro, si es momento de morir, pues nada lo salva a uno”.

Imagen satelital del Galeras

Imagen satelital del volcán Galeras

Foto:

NASA

Cristina Unigarro, docente del colegio del pueblo, asegura que cada vez que se escucha algún sonido desde el volcán o cuando se dan sismos, dicen a los 34 niños de la escuela que mantengan la calma, que solo se trata del león rugiendo.

“Los niños le tienen respeto, no miedo –comenta la docente–. Para ellos es normal porque aquí nacieron, la gente de aquí es muy respetuosa del Galeras”.

Al volcán lo llaman Galeras porque alberga muchas cosas. Los indígenas lo llaman Urkunina, que significa ‘montaña de fuego’.
Los más viejos sostienen que anteriormente cuando se dañaban las semillas para la siembra, la comunidad iba hasta la parte alta para regenerarla, ya que la ceniza, cuentan, tiene poderes curativos.

Viviendo entre grietas

Las viviendas en Mapachico no son muy grandes. Todas las edificaciones tienen alguna grieta por los constantes movimientos telúricos que se registran en la zona por causa del Galeras.

Las casas o cualquier otra construcción en la zona no se pueden reparar porque cualquier inversión en este corregimiento fue prohibida en el 2005 porque la Presidencia firmó el Decreto 4106, que establecía que esta zona no puede estar habitada.

Ese decreto, asegura Lucio Figueroa, líder comunal y quien ha vivido por 66 años en las faldas del Galeras, llevó a la muerte de Mapachico.

En la vivienda de Lucio hay plantaciones de papa y frutas que se han convertido en un mecanismo de autosostenimiento, pues desde que se conoció que la zona era vulnerable y la gente debía ser evacuada, el Estado no volvió a realizar inversión alguna y sus cultivos no crecieron más que para servir a su familia.

Los cultivadores abandonaron la siembra para dedicarse a otras actividades como la cría de cuyes. Las carreteras quedaron sin pavimentar y, aunque cuentan con algunos servicios básicos, la comunidad no ha visto un cambio en la zona que denote prosperidad.

Volcán Galeras

El volcán Galeras es el volcán con mayor actividad de Colombia y cuenta con las erupciones de mayor registro. Es catalogado como uno de los dieciséis volcanes más peligrosos del mundo.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

“Todas esas sentencias nos jodieron –asegura Lucio, de cabello blanco, manos curtidas por trabajar la tierra–. Estos decretos van en contra de las comunidades”.
Al ser una zona en la que no se puede invertir por la alta amenaza de riesgo, la comunidad ha tenido que hacerse cargo de todo. Hace ya 20 años se pusieron de acuerdo para elaborar un acueducto artesanal y la única batalla que consiguieron ganar fue que les instalaran energía eléctrica.

Por eso, los habitantes de Mapachico tienen más cosas de qué preocuparse que el volcán.

Gloria señala que cada mes la comunidad se reúne para acordar los aportes económicos que se deben hacer para mantenimiento de acueducto y otras obras. Y aunque el agua no es potable, entre todos pagan no más de 60.000 pesos por vivienda para cada proyecto que se necesite.

El acceso es otro problema. La zona cuenta con tres aerovans y un servicio de taxi que no llega hasta la parte más alta. El viaje cuesta 10.000 pesos. De no contar con el dinero suficiente, las personas que viven en el punto más alto tienen que caminar hasta siete kilómetros.

Para Luz Angélica Maya, otra habitante del corregimiento, pese a que su esposo cuenta con una motocicleta, no siempre está junto a ella para ayudarla con el ascenso y, así como los otros 600 habitantes de la parte más alta, tiene que caminar alrededor de una hora y 10 minutos cuando no se cuenta con un vehículo.

“A veces puede ser hasta inseguro –asevera Luz Angélica, de 47 años–; por eso, cuando toca subir o bajar a pie, a uno le da miedo”.

Las posibilidades de erupción

Aunque los habitantes no le teman, el riesgo en la zona es real. El volcán ha registrado 25 erupciones explosivas en los últimos 30 años.

Diego Gómez Martínez, coordinador del Observatorio Vulcanológico y Sismológico del Servicio Geológico Colombiano en Pasto, explica que dadas las características del Galeras no es descabellado pensar que un evento como el ocurrido el 3 de junio del 2018 en el volcán de Fuego, en Guatemala (erupción que dejó un saldo de más de 100 personas muertas), podría ocurrir en esta zona.

Estas corrientes de materiales como rocas, cenizas y gases pueden bajar a unos 120 kilómetros por hora, lo que quiere decir que si un evento de tal magnitud ocurre en la noche, no muchas vidas se podrían salvar en Mapachico.

“El volcán tiene unos 4.500 años de edad –explica Diego Gómez–; esto, en términos geológicos, quiere decir que es un volcán joven. Hay estudios de eventos que demuestran que el volcán es activo, tal vez uno de los más activos de Colombia y, posiblemente del mundo, porque se han dado eventos que así lo demuestran”.

Por eso, siempre está vigilado. Daniel Andrés Gómez Cabrera, director para la Gestión del Riesgo de la Alcaldía de Pasto, asegura que desde el 2011 el volcán se encuentra en un nivel 3 de actividad (siendo 4 el menos peligroso), por lo que es monitoreado por 61 estaciones permanentes que dan información inminente de la actividad de la montaña y por unas 30 personas en campo.

Volcán Galeras

El volcán Galeras está ubicado a nueve kilómetros de Pasto.

Foto:

Leonardo Castro / Archivo EL TIEMPO

Pero esto no se trata solo de Mapachico; en total, siete municipios nariñenses –unas 500.000 personas– se encuentran en la zona de influencia del volcán.
Carlos Enrique Botina, como casi todos los habitantes de la zona, vive incluso más cerca, a solo dos kilómetros en línea recta del cráter del volcán. Asegura que no se piensa mover de ahí porque gracias a la gente del Observatorio tienen una alerta ante una posible erupción.

“Mi papá nos contaba, cuando estábamos pequeños, de la erupción de 1936 –recuerda Carlos–; si nadie se murió en ese momento con semejante explosión del Galeras, eso quiere decir que nunca nos va a pasar nada. Nosotros hemos tenido propuestas para irnos, pero es que no nos dan soluciones o dinero, nunca se ha hecho nada. La gente no va a dejar lo que le ha costado construir para ir a otro lado a pasar sufrimientos”.
Tomando agua de panela caliente y recordando los eventos del volcán que ha tenido la oportunidad de presenciar, Carlos Enrique asegura que, curiosamente, cuando sale ceniza o ha hecho erupción, los más afectados que ellos son los que están más retirados de la boca del cráter.

Para su vecino Lucio Figueroa, la zona es un paraíso en la tierra. Es tranquila y tiene el aire menos contaminado que en la ciudad. Cuando se le pregunta por la amenaza de vivir cerca de un volcán activo, este cultivador responde que para él no es un problema.

“El Estado debería invertir aquí para mitigar el riesgo –dice Lucio–. Acá tengo todo lo que necesito y no me pienso ir porque ya me acostumbré a vivir acá”.
José Juan Guaques Gomajoa, otro vecino, asegura que Mapachico podría ser hasta un destino turístico, pero por la falta de inversión pocos conocen de la zona y sus bondades.

A 3.500 pies de altura se puede apreciar el espectacular paisaje del atardecer cayendo sobre las calles de Pasto, la capital del departamento. El frío se hace más intenso y en Mapachico la comunidad se refugia en sus hogares para esperar la llegada de la noche.

Pese a que todos tienen que tener máscaras y gafas a un lado de la cama ante cualquier eventualidad del volcán, no duermen con temor, pues desde tiempos remotos, quienes han habitado este lugar se sienten seguros por haber levantado sus hogares sobre el lomo de un león dormido.

Los 6 científicos que se llevó el volcán Galeras

Esta montaña tiene sus muertos. En enero de 1993, un grupo de 15 científicos que lo había declarado el volcán de la década en América fue sorprendido mientras acampaba en el cráter por una erupción que mató a seis de ellos y dejó heridos a otros seis, mientras que tres fueron declarados como desaparecidos. Hasta el momento, esa es la mayor tragedia que los habitantes de la zona recuerdan.

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
ENVIADO ESPECIAL PASTO​@Leugim40

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