Voluntarios alivian el hambre de los venezolanos en la frontera

Voluntarios alivian el hambre de los venezolanos en la frontera

Este grupo de personas de la Diócesis de Cúcuta prepara unos 3.000 almuerzos diarios.

Voluntarios en Villa del Rosario

En este punto de Villa del Rosario, Norte de Santander, opera el comedor donde se dan hasta 3.000 platos diarios.

Foto:

Gustavo Castillo / EL TIEMPO

Por: Gustavo Castillo
25 de noviembre 2018 , 09:58 p.m.

Una larga fila que abarca entre dos y tres cuadras se amontona a las afueras de este lugar. Sin importar la ferocidad del sol del mediodía, aguardan por varios minutos para recibir sin costo alguno lo que escasea al lado venezolano de la frontera: la comida.

Aliviar el hambre de esta población vulnerable, que en su mayoría cruza la línea divisoria entre Colombia y Venezuela solo para llegar hasta acá y acariciar este gesto de caridad, es la misión diaria de los más de 200 colaboradores de la Divina Providencia, el comedor comunitario de la Iglesia católica, ubicado en Villa del Rosario, Norte de Santander, a menos de 500 metros del puente internacional Simón Bolívar.

Estos voluntarios, integrantes de las congregaciones religiosas de la Diócesis de Cúcuta, confiesan que alimentan su espíritu con esta labor humanitaria. Son mujeres y hombres que desde las 6 de la mañana encienden los fogones, preparan los alimentos y organizan las mesas de plástico para arrancar desde las 11 de la mañana con la repartición, en tiempo récord, de un total de 3 mil raciones de comida.

Quien lidera este operativo es Jairo Alberto Silva Fernández, un técnico de alimentos que desde abril de 2017, cuando se inauguró este comedor comunitario, conformó el grupo base de ayudantes. Él delega las funciones de cada cocinero, supervisa la elaboración de los menús y vigila la manipulación de la tonelada de insumos, entre vegetales, frutas y carnes, que es donada cada semana por Naciones Unidas a través del Banco Mundial de Alimentos.

“Nosotros tenemos cuatro refrigeradores o tanques, en los cuales se almacenan las carnes rojas, las frutas, los vegetales y el agua. A las 6 de la mañana iniciamos labores, antes de esto hacemos una pequeña oración y ya empezamos con la preparaciones de los almuerzos”, indicó este colaborador.

Sin importar la ferocidad del sol del mediodía, aguardan por varios minutos para recibir sin costo alguno lo que escasea al lado venezolano de la frontera: la comida

Entre los platos más apetecidos de este lugar se encuentran el arroz mixto, la pasta con atún, las lentejas con arroz, el pollo crocante, las sopas y las ensaladas. Para trasladar el paladar de los comensales a su lugar de origen, también se preparan caraotas –fríjol negro– y carnes con diferentes preparaciones, inspiradas en el sabor de la gastronomía venezolana.

Alexis José Rivero López, un venezolano oriundo de Acarigua, estado Portuguesa, llegó hace 10 meses a Colombia y encontró una opción de sobrevivencia como auxiliar de cocina en la Divina Providencia. Aunque no devenga un salario fijo, la comida y las donaciones económicas que recibe durante su jornada se han convertido en el principal sustento para mantener su hogar en el barrio Sendero y Paz, de Villa del Rosario.

“La crisis económica y la falta de comida nos sacó de Venezuela. Siempre he creído que nada sacamos con ponernos a criticar, por eso me llamó la atención ayudar a mis paisanos, desde acá, con lo que más escasea en mi país, que es la comida”, indicó Rivero.

Así como él, son 30 ciudadanos extranjeros los que decidieron ponerse el delantal y ayudar a sus compatriotas con la entrega de comida.

Para antes de finalizar el año, los encargados de la Divina Providencia esperan estrenar la adecuación de unas baterías de baño y el mejoramiento de las cocinas, que adelanta el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en un área aproximada de 400 metros cuadrados.

Esto podría facilitar los planes de ampliación del lote de 1.000 metros cuadrados, donde se extiende la tarima usada para las liturgias y los comedores, que están bajo la sombra de una serie de carpas con un rótulo que dice: ‘Sientan el almuerzo como una caricia de Dios’.

GUSTAVO CASTILLO
Corresponsal de EL TIEMPO

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