Los últimos paseos en las chivas turísticas de Santa Marta

Los últimos paseos en las chivas turísticas de Santa Marta

Las restricciones del Distrito quebraron a los dueños de estos vehículos, que ya venden sus carros.

Chivas rumberas

El bajón que ha sufrido esta actividad turística no tiene que ver con cambios en los gustos del visitante. 

Foto:

Roger Urieles

Por: ROGER URILES
17 de septiembre 2018 , 12:09 p.m.

En los 25 años que Rafael Eduardo Rivadeneira lleva conduciendo La Mampana, chiva turística que recorre Santa Marta a ritmo de vallenato, cumbia, merengue, salsa y reguetón, asegura que ha sido un hombre feliz, que, al igual que los tripulantes, disfrutó de cada viaje.

Gracias a este oficio logró tener una estabilidad para sacar adelante a su familia y darle estudios profesionales a sus hijos.

A pesar que todavía continúa dependiendo económicamente de su chiva, confiesa que las cosas se han complicado. “En temporada alta hacíamos seis y siete paseos durante el día y la noche. Hoy una jornada buena es de uno y dos recorridos y en las malas, regresarnos con las manos vacías”, comenta.

Cada ‘city tour’ con vehículo lleno representa 250 mil pesos, cobrando el transporte a 10 mil por persona.

De allí se debe pagar el guía turístico y la gasolina, lo que indica que la ganancia neta es de 150 mil pesos, cifra que seguiría siendo positiva si se realizan dos o más viajes al día.

Sin embargo, el panorama es muy distinto, pues en la semana, según precisa Rafael, normalmente se concretan alrededor de seis traslados.

El bajón que ha sufrido esta actividad turística nada tiene que ver con cambios en los gustos del visitante, pues las chivas siguen vigentes, renovándose como atractivo cultural y de entretenimiento.

No obstante, las medidas y restricciones adoptadas por la Alcaldía han puesto límites a la movilidad de estos vehículos, algunas han sido acatadas, mientras que otras deben ser vulneradas, debido a que de otra manera los paseos en chivas tendrían que desaparecer de la ciudad.

Chivas rumberas

En los últimos dos años, el número de chivas se redujo en la ciudad de más de 50 a unas 35.

Foto:

Roger Urieles

Desde el año 2013 comenzaron a fortalecerse las reglamentaciones para regular las chivas en Santa Marta, aunque fue hasta el año 2015 que la Alcaldía prohibió la circulación de este tipo de automotores por sitios turísticos e históricos.

A partir de ese momento comenzaron los impedimentos para la prestación del transporte turístico de las chivas. Multas por infracciones e inmovilizaciones a cualquier hora del día.

La situación generó que varios dueños de estos vehículo los vendieran o los destinaran a otra actividad.

Otros, al no conocer una manera distinta de ganarse la vida, decidieron mantenerse en este sector del turismo y mediar con las autoridades para movilizar a los visitantes por los sitios que solicitaban.

¿Fin de las chivas?

En los últimos dos años, el número de chivas se redujo en la ciudad de más de 50 a unas 35, que son las que continuaron cumpliendo con el recorrido normal en el que incluso permanecen las rutas que tenían restricción.

La situación se tornó más compleja después del volcamiento de unos de estos automotores, con 33 pasajeros en el cerro que conducía al corregimiento de Taganga.

Fue tanto el control hacia este transporte turístico que durante varios días optaron por no circular. “Pensamos que era el fin de las chivas, la gente solicitaba el servicio, pero por temor a ser inmovilizados, preferíamos dejar los vehículos guardados”, indica Rafael.

como requisito, nos exigieron modificar las características de los vehículos, ubicar las sillas de manera transversal y cubrir los espacios, donde los pasajeros bailaban

Carlos Huertas Montes, presidente de la Asociación de Operadores de Chivas Turísticas de Santa Marta, manifiesta que aunque se llegó a un acuerdo con la administración de la época, este transporte público no ha vuelto a ser igual que antes. 

“Como requisito para dejarnos operar nos exigieron modificar las características de los vehículos, ubicar las sillas de manera transversal y cubrir los espacios, donde anteriormente los pasajeros bailaban y realizaban actividades mientras cubríamos la ruta trazada”, expresa.

Esa determinación puso fin a una era de más de 30 años de rumba y fiesta a bordo de las chivas nocturnas.

Ello repercutió en que muchos turistas que disfrutaban con esta propuesta de diversión dejaran de utilizar el servicio, que ahora solo brinda en el horario nocturno música y luces durante el recorrido que también dejó de ser igual de atractivo, pues lugares como la estatua de ‘El Pibe’, el Centro Histórico, Taganga, entre otros lugares de Santa Marta, siguen restringidos hasta el día de hoy para este transporte, que amaga con desaparecer.

SANTA MARTA

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