Las mujeres líderes de la economía campesina

Las mujeres líderes de la economía campesina

Conozca la historia de tres mujeres emprendedoras que manejan asociaciones rurales.

Jenny

Jenny Paola Madrid lidera una Asociación de mujeres que busca sustituir los cultivos de coca por productos de pan coger. 

Foto:

Hernando Herrera / EL TIEMPO

08 de marzo 2018 , 04:48 p.m.

Sustituir cultivos de coca por productos de pan coger, tener un centro de acopio lechero o la dotación e instalación de marquesinas para el secado de café hacen parte de las iniciativas en las que vienen trabajando en el país mujeres madres cabeza de hogar, desplazadas, víctimas del conflicto armado, afros e indígenas, a través de asociaciones campesinas.

Este martes más de un centenar de madres cabeza de familia de los departamentos de Meta, Huila, Tolima y Putumayo se reunieron en Villavicencio, durante el Primer Encuentro Regional de Mujeres Rurales, con el objetivo de reivindicar el papel de la mujer en la economía colombiana y particularmente en el sector de la agricultura, expresó el presidente de la Agencia de Desarrollo Rural, Juan Pablo Diazgranados.

Según el Censo Nacional Agropecuario el 46 por ciento de la población que vive en el campo está conformado por mujeres, que tienen un papel protagónico y preponderante en la economía rural de Colombia.

Ellas son las que “soportan gran parte de los sacrificios en el campo colombiano, mientras sus esposos hacen las faenas propias del campo, ellas hacen las del hogar y en los últimos años soportaron el rol violento del conflicto como hijas, hermanas, esposas, madres o abuelas”, expresa Diazgranados.Durante el encuentro se notificó la aprobación de cuatro proyectos con una inversión de 1.187 millones de pesos, que benefician a 166 mujeres cabezas de familias en proyectos avícolas, apícolas (abejas), frutícolas y de caficultura.

Jenny, apuesta para sustituir coca

Jenny Paola apenas tiene 25 años de edad y desde hace dos lidera una asociación integrada por 21 mujeres madres cabeza de hogar, desplazadas, afros e indígenas, que quieren sustituir los cultivos de coca por alimentos de pan coger y transformación de alimentos.

Nació en Cimitarra (Santander) y por las dificultades económicas que vivía su señora madre, cabeza de hogar, que tenía que responder por seis hijos, se trasladó dónde la abuela de Jenny Paola Madrid Flórez en la vereda La Unión, en Puerto Lleras (Meta).
Allí terminó su bachillerato en el colegio Héctor Jaramillo Duque de la vereda caño Rayado y conoció a Geiner Pinzón Vargas, su esposo, con quien vive desde hace seis años, los mismos años que tiene su único hijo.

Viven en la finca de su suegro quien cría y ceba ganado, unas 50 reses, pero tienen dificultades para darles sal a la vacas y también para cultivar plátano y yuca porque el suelo es muy ácido y las plagas atacan los cultivos.

Por ello decidió estudiar en del Centro Agroindustrial El Hachón del SENA, en Villavicencio, donde se gradúo como tecnóloga en gestión de empresas agropecuarias, conocimiento que le permitió impulsar la creación de una asociación de mujeres rurales que integran 21 campesinas de las veredas La Argentina, La Siberia y La Española, en Vista Hermosa (Meta).

El 27 de abril del año pasado conformaron la asociación y empezaron con una iniciativa de abonos orgánicos que un señor aprendió en Canadá, tras regresar al país, después de que le tocó salir huyendo de la violencia.

“Él nos enseñó lo básico y de ahí yo me documenté e hice unos ensayos: sembré tomate, pepino, pimentón y habichuela y pudimos comprobar que de 23 matas de tomate solo hubo tres infectadas, las otras tuvieron un buen desarrollo”, dice Jenny Paola.

Tenemos que fortalecernos más y poder desarrollar y garantizar desde nuestras casas la seguridad alimentaria

“Tenemos que fortalecernos más y poder desarrollar y garantizar desde nuestras casas la seguridad alimentaria” en esta zona que hoy vive en una relativa calma tras la entrega de las armas de las Farc, “porque tenemos la tierra pero tenemos que comprar plátano, yuca y otros alimentos, por las condiciones del suelo.

Cuenta que un vecino le prestó a la Asociación una hectárea de tierra donde sembraron plátano y su idea es transformarlo en harinas, artesanías o tela. “Eso es lo que estamos buscando, desde la fincas generar una agro empresa que permita generar nuevos ingresos y sustituir los cultivos porque “la mayoría de familias de esta zona cultivaban coca”, confiesa Jenny Paola.

Alexi sueña con un centro de acopio lechero

Cincuenta mujeres de una decena de veredas de Cubarral (Meta) trabajan en una iniciativa para tener un centro de acopio lechero a partir del cual puedan producir cuajadas, quesos y yogures.

Alexi Martínez, madre de cabeza de familia, dice que sueñan con ese proyecto desde hace varios años, pero ahora lo ven más cerca con las capacitaciones y el apoyo que empezaron a recibir de distintas entidades del Estado.

Ella nació en Cubarral, pero de niña, cuando tenía cuatro años, la llevaron a vivir donde una tía en Quindío, tras sufrir quemaduras en su cuerpo, debido a que la casa donde vivían se incendió.

Regresó con sus padres a la vereda Monserrate, en Cubarral, en el año 2000 cuando tenía 18 años, en una época muy convulsionada por los enfrentamientos entre guerrilleros y paramilitares en el Meta.

Uno de sus seis hermanos regresó a casa después de prestar servicio en el Ejército, y  empezó a sufrir los insultos y maltratos de personajes que le increpaban que era un regalado. Para evitar problemas la familia abandonó la finca, se marchó para el casco urbano de Cubarral.

Al fallecer el padre de Alexi en el 2003, regresó a la finca con sus hermanos, pues la guerra entre paramilitares y guerrilleros había disminuido en esa zona del Meta, pero encontraron su propiedad muy abandonada.

En ese momento cada uno de sus hermanos empezó a independizarse y la situación no era sostenible en la finca. Alexi se fue para Villavicencio un tiempo a trabajar y estudiar un técnico en salud ocupacional y seguridad industrial, luego trabajó en la alcaldía de Cubarral.

En los dos últimos años se ha dedicado a producir gallinas ponedoras, pero el municipio es pequeño y se abastece, de manera que es muy complicada su comercialización. Para ella la situación no es fácil siendo madre cabeza de familia de tres hijos de 21, 10 y 6 años.

Por ello destaca el esfuerzo que adelantan un grupo de mujeres campesinas desde el año 2008 cuando se creó la Asociación de Mujeres Campesinas Brisas de Esperanza, que comenzó con 25 integrantes.

​“El campo es muy bueno y con la Asociación empezamos a conseguir recursos para tener una ayuda adicional y sobre todo capacitaciones como en clases de pastos. La Gobernación nos ayudó con una novillita y de ahí hemos crecido un poquito, pese a los tropiezos que no faltan”, cuenta.

Alexi

El sueño de Alexi siempre ha sido tener un centro de acopio lechero.

Foto:

Hernando Herrera / EL TIEMPO

De la Asociación hacen parte hoy 50 mujeres campesinas de las veredas Brisas, Monserrate, Santa Bárbara, La Unión, Río Azul, El Vergel, Central, Marayal, Aguas Claras, Palomas, que cultivan para el sustento, pero viven muy lejos del pueblo, a cuatro horas.

Esperan la asesoría y el acompañamiento de la Agencia de Desarrollo Rural para tener un centro de acopio y transformar la leche en cuajadas, quesos, yogures, para generar empleo y buscar canales de comercialización.​

Café, ‘con aroma de mujer’

Aleyda Milena creció entre los cafetales y heredó de su padre el gusto por producir el grano colombiano que tanto gusta en el mundo. Su papá administraba fincas cafeteras en Teruel (Huila).

Allí nació y allí ha vivido toda la vida Aleyda Milena Joaquí Ordónez. Junto con su esposo se dedicaron a administrar fincas cafeteras durante 20 años, mientras veían crecer a sus tres hijos, el mayor tiene 24 años y trabaja con maquinaria pesada y los otros dos hijos de 22 y 18 años son estudiantes universitarios.

Tras dos décadas de trabajo decidieron independizarse. Compraron dos hectáreas de tierra en las que cultivan café, recolectan, despulpan y así lo venden, pero “nos dimos cuenta que estábamos perdiendo un ingreso porque no lo estábamos vendiendo seco”, dice Aleyda Milena.

Su esposo consigue las semillas, siembra, cuida las plantas para que crezcan y den un buen producto, que recoge junto con los obreros y le hace el seguimiento a la fermentación y el lavado.

La finca está a nombre mío y eso me ha permitido tramitar créditos sin dificultades, mi esposo dice que las mujeres somos más organizadas y sabemos distribuir mucho mejor el dinero

Aleyda

Aleyda trabaja cada día por producir un buen café y continuar con su Asociación de mujeres.

Foto:

Hernando Herrera / EL TIEMPO

Hace tres años Aleyda Milena se dio a la tarea de crear la Asociación Agropecuaria de Mujeres Emprendedoras de Teruel, la cual fue constituida un año después e inscrita en la Cámara de Comercio.

Hoy 90 mujeres de las 34 veredas del municipio hacen parte de la Asociación, que están a la espera de que la Agencia de Desarrollo Rural les apruebe el proyecto de suministro de 51 marquesinas, con las que van a poder secar el café. La iniciativa incluye paneles solares para cuando se produzcan cortes de energía.





NELSON ARDILA
VILLAVICENCIO

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