Los médicos venezolanos que no pueden ejercer especialidad en Colombia

Los médicos venezolanos que no pueden ejercer especialidad en Colombia

La pareja de esposos son otra de las caras de la migración. Se instalaron en Bucaramanga.

familia de venezolanos que viven en Bucaramanga

La familia Veccio Sosa, no se vino por hambre o falta de trabajo, como lo hacen la mayoría de migrantes, ellos lo hicieron por miedo.

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Suministrada

Por: María Alejandra Rodríguez
26 de agosto 2019 , 05:00 a.m.

Roberto Veccio, su esposa Gabriela Sosa y sus dos hijas, llegaron a Bucaramanga en diciembre del 2017, huyendo de la inseguridad de su natal Venezuela.

La familia Veccio Sosa no se vino por hambre o falta de trabajo, como lo hacen la mayoría de migrantes, ellos lo hicieron por miedo.

Aunque vivían en un barrio de un estrato socioeconómico alto, decidieron migrar el día cuando sus vecinos los robaron. 

Teníamos que dormir casi que con los ojos abiertos porque estaban atacando alrededor de la casa, se metieron en las casas vecinas, los amarraban y robaban la casa”, relata Roberto.

Además el secuestro ‘exprés’ se estaba convirtiendo en una cotidianidad en Caracas y temían porque a su hija mayor, quien se movilizaba en automóvil a la universidad, le sucediera algo así, “teníamos angustia de que la secuestraran, de que la robaran, porque vivimos con esa angustia del secuestro exprés, que piden plata para que lo liberen rápido”, enfatiza el doctor Veccio.

Sin importar la suerte que podían tener en una ciudad desconocida, muy lejos de casa, la familia Veccio cerró con candado su casa, renunciaron a sus trabajo como médicos especialistas en una clínica donde además son dueños de varias acciones y partieron hacía Bucaramanga.

La mayoría de migrantes que llegan a Colombia desde Venezuela deben caminar días enteros, comer de lo que les den las casas ubicadas por la carretera e incluso dormir a la orilla de las vías nacionales y cuando recorren el trayecto desde Cúcuta hasta Bucaramanga deben enfrentar temperaturas de los cero grados centígrados al pasar por el páramo de Berlín.

Pero a diferencia de este gran número de migrantes, los Veccio Sosa tomaron un avión en Caracas que los llevó a Panamá donde hicieron una pequeña escala y posteriormente a su destino final, Bucaramanga. “Escogimos Bucaramanga porque teníamos algunos conocidos acá, además porque es una ciudad segura y teníamos proyección para poder ejercer nuestras profesiones”, dice Roberto.

Pero solo consiguió trabajo siete meses después de haber llegado a Bucaramanga, mientras tanto fue una constante lucha por evitar que sus ahorros acabaran, con eso estaban pagando alojamiento, alimentación, el estudio de las dos niñas y, por otro lado, la angustia crecía debido a que el Ministerio de Educación no les convalidaba las especialidades.

La hija mayor tiene 21 años y estudia Psicología en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, la menor, de 16 años, cursa noveno grado en un colegio privado del área metropolitana; sin embargo, cuando llegaron le cerraron las puertas en una institución por su condición de migrante. 

"Nos dijeron que no la podían recibir porque no tenía una visa y cuando se dieron cuenta de la discriminación que estaban cometiendo nos llamaron que la recibían pero ya nosotros no quisimos y la metimos a otro colegio”, cuenta Veccio.

Roberto es médico general con especialidad en ortopedia y subespecialidad en cirugía de columna, mientras que Gabriela se especializó en pediatría e hizo una subespecialidad en gastroenterología, ambos estudiaron sus segundas especialidades en Francia, pero aquí en Colombia no pueden poner en práctica sus conocimientos, ya que mientras el Ministerio de Educación no les de la validación, solo son médicos generales.

“Llevó 30 años ejerciendo la medicina y mi esposa 27 años, no hemos podido convalidar nuestras especialidades porque el Ministerio de Educación se ha negado en dárnosla, hemos intentado desde hace un año y nada”, cuenta con frustración Roberto.

El trámite lo han realizado por internet, dice que no tienen nadie con quien hablar porque todo es virtual y cuando ingresan a verificar el trámite dice que está en proceso de verificación y hasta allí llega el intento para que sus especialidades se tengan en cuenta.

Lo más duro de esta migración ha sido este trámite con el Ministerio. “Hemos hecho todos los esfuerzos para lograrlo, pero los requisitos son cada vez más inverosímiles, más rigurosos y retrasan todos los tiempos, es muy difícil para uno como extranjero que no conoce la mecánica”, dice Gabriela.

Pese a este obstáculo, el Hospital Internacional de Colombia les abrió sus puertas hace un año para que trabajaran como médicos generales, “estamos contentísimos por el recibimiento por parte de la gente, en el hospital nos sentimos divinamente, nos han tratado muy bien”, dice Roberto.

No contemplan volver a su país natal, aunque allí viven sus familiares y tienen su casa y las acciones de una clínica privada, siguen con temor a que algún día sean víctimas de la inseguridad que vive el vecino país.

Y esperan a que algún día, no tan lejano, el Ministerio de Educación pueda darles la buena noticia de que sus especialidades serán tenidas en cuenta en Colombia y puedan seguir salvando vidas.


MARÍA ALEJANDRA RODRÍGUEZ 
Corresponsal EL TIEMPO
Bucaramanga

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