La odisea de conseguir vivienda digna en Cartagena

La odisea de conseguir vivienda digna en Cartagena

Un trabajador de clase media busca, desde hace un año, 'un ranchito borracho de sueños y amor'.

La odisea de conseguir vivienda digna en Cartagena

Cuerpos de agua como el caño de Juan de Angola y la Ciénaga de la Virgen son invadidos por urbanizadores piratas.

Foto:

César Alandete/EL TIEMPO

29 de diciembre 2017 , 09:09 a.m.

Hace un año, mi propósito para el 2017 fue comprar vivienda digna en Cartagena. Lo que viví durante 12 meses para alcanzar ese sueño parece una inocentada.

Primero entré en negociaciones con un proyecto en el tradicional barrio de Blas de lezo, en un bello edificio blanco como taza de té que terminó siendo una de las obras ilegales de los polémicos hermanos Quiroz, hoy en la cárcel luego de la tragedia del edificio Portal de Blas de Lezo II que dejó 21 muertos y 23 heridos.

El edificio donde aspiraba a comprar fue levantado con licencia falsa, así como 100 obras más en La Heroica. Fue desalojado y sus propietarios enviados a la calle, sin un estado que los defienda y con millonarias deudas a los bancos. ¡De la que me salvé!

Luego, llegué tarde a la compra de vivienda en las Torres de Acuarela, en el barrio Torices. Un proyecto cuyos apartamentos de interés social se vendieron como pan caliente, pero que ahora, por cuenta de la incompetencia del área de patrimonio del Ministerio de Cultura, que nunca trazó normas claras, fue clausurado y hoy hay 970 familias con sus sueños hechos añicos, y sin un estado que garantice los derechos del ciudadano. ¡De la que me salvé!

Mi búsqueda continuó pero todo quedaba lejos, aún para mi bolsillo, como la Ciudadela El Jardín a donde no hubieran llegado ni el conquistador Pedro de Heredia aún guiado por la India Catalina.

La tierra prometida de Dago

Entonces apareció Dagoberto, un amable vecino que supo de mi anhelo de comprar vivienda y solidario me propuso: “Don John: le tengo un lote en Tierrabaja. ¡Allá está lo suyo!”.

Tierrabaja es un apacible pueblo en la vía al mar a 25 minutos del Centro Histórico.

No sé qué tiene este pueblo pero allí se están vendiendo lotes como arroz, a un valor de 10 millones de pesos para arriba. Debe ser la promesa de que la naciente Ciudadela Serena del Mar para estratos altos pronto valorizará la región.

El sábado anterior, Dagoberto madrugó y tocó a mi puerta otra vez con el negocio soñado para este cachaco: “John: le tengo un lote en Tierrabaja. ¡Allá está lo suyo!”.

Me cogió de buenas pulgas y en espíritu navideño así que les dije a mi mujer y a mi hijo que nos íbamos de paseo para Tierrabaja a ver qué era lo proponía este personaje.

Nos montamos en un bus y en un abrir y cerrar de ojos estábamos entrando a Tierrabaja con su cancha de softbol repleta de niños felices y morenas sandungueras meneando sus caderas. Confieso que alcancé a suspirar antes de que mi mujer me metiera un pellizco.

Aun así pensé: aquí va estar ‘mi ranchito borracho de sueños y amor’, como decía Mercedes Sosa.

Aun así pensé: aquí va estar ‘mi ranchito borracho de sueños y amor’, como decía la cantante Mercedes Sosa.

Descendimos del bus y de inmediato nos abrazó la canícula del Caribe colombiano y la música champeta que salía de las casas alegró mi corazón, y la ilusión de una vivienda propia y digna en Cartagena creció. Tomé a mi morenita de la mano y le di un besito esperanzador. El viejo Dagoberto tomó delantera y caminamos pueblo adentro.

En Tierrabaja el aviso más frecuente, pegado en todas las casas, es ‘se vende lote’.
Caminamos mucho, y las casas bonitas de colores alegres y mecedora costeña en el antejardín se fueron transformado en ranchos de madera, lata y cartón y poco a poco nos adentramos en la muy vapuleada Ciénaga de Virgen.

Frente a mis ojos tuve el paisaje más triste: La ciénaga arrasada e invadida de rellenos con piedra y basura, y sobre estos, decenas de ranchos de miseria.

En esas, Dagoberto se detiene sobre uno de esos montículos de piedra rodeado de palos y con el pecho hinchado y sonrisa gigante me dice: “John, bienvenido. ¡Acá levantará su hogar. Mire, con paisaje de la ciénaga y todo!”.

Confundido, en medio de tal miseria con colchones y harapos tirados bajo nubes de moscos y basura, no supe si llorar o reír.

Aún recuerdo tal paisaje y me deprime saber que cientos de familias se meten allá a engordar un nuevo cinturón de miseria.

¿Es posible aún comprar vivienda digna para la clase media y trabajadora en Cartagena? Por fortuna está Corvivienda que tiene propuestas serias y de vivienda digna para la gente.

Espero en el 2018 alcanzar el sueño de un ranchito, digno, borracho de sueños y amor.


JHON MONTAÑO
CARTAGENA.

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