La lucha que aún no se gana contra las ollas de expendio

La lucha que aún no se gana contra las ollas de expendio

En los últimos cinco años, autoridades han atacado estos sitios en 20 ciudades. Consumo se mantiene.

Operativos Policía

Los operativos coordinados por la Policía Nacional han obtenido resultados, pero no son suficientes.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

02 de marzo 2018 , 10:39 p.m.

Cinco años después de que el presidente Juan Manuel Santos ordenara una ofensiva en contra de 24 ollas de expendio de estupefacientes en 20 ciudades del país, cuatro de los principales municipios intervenidos no han visto que estos puntos de venta y consumo se extingan.

Aquel año, la Policía intervino 23 ollas, sin embargo, estos puntos solo se trasladaron o se convirtieron en ambulantes. En algunas ciudades se reconstruyeron a los pocos meses.

El año pasado en Medellín se demolieron tres ollas de vicio en el centro: una en Lovaina y dos en Barbacoas, así lo confirmó la Secretaría de Seguridad. Dichas demoliciones forman parte del trabajo que hacen desde hace varios años Policía, Fiscalía y Alcaldía.

Las destrucciones de las estructuras se dan luego de los procesos de extinción de dominio en edificios, casas y locales comerciales, algunas de ellas, dotadas con puertas blindadas y muros reforzados que funcionan como ollas de expendio.

Pese a los duros golpes y al trabajo de las autoridades para hallar estos lugares, en la capital antioqueña y municipios cercanos la situación implica grandes retos, según explicó Luis Fernando Quijano, presidente de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), debido a que no solo hay ollas de vicio, sino también plazas en todos los barrios, unas fijas y otras móviles.

“Acá incluso hay domicilios de drogas, en barrios como Laureles y El Poblado, se ve mucho. Usted llama, pide la droga y se la llevan al lugar que diga. Además, en Medellín está la megaplaza en el barrio Antioquia, donde se almacena, comercializa y distribuye todo tipo de droga”, dijo el experto.

Incluso hay domicilios de drogas, en barrios como Laureles y El Poblado, se ve mucho. Usted llama, pide la droga y se la llevan al lugar que diga.

También explicó que en la comuna 10 estas se camuflan en hoteles y viviendas, en los que se permite el ingreso de cierta cantidad de personas que pueden consumir con tranquilidad. Según Quijano, en este sector se podrían contar más de 20 ollas en este momento.

Afirmó que pese a los planes de intervención, es muy difícil erradicar estos lugares en Medellín, puesto que los negocios están en manos de las bandas delincuenciales, que tienen la capacidad de instalar una olla o plaza en un lugar diferente tras los operativos.

Las ollas solo se mudaron

Varias estructuras criminales de Bucaramanga dedicadas a la comercialización de estupefacientes trasladaron sus actividades de expendio a otros sitios del centro de esa ciudad luego de las intervenciones de las autoridades hace cinco años por orden presidencial, como la denominada ‘Zona 30’, considerada como una antigua zona de expendio.

“Estos espacios fueron recuperados, algunos inmuebles fueron derribados y otros fueron destinados como zonas verdes y sitios de arte urbano con la representación de murales que buscaban reemplazar las áreas dejadas por los delincuentes, con la implementación de métodos que permitieran a los jóvenes alejarse del consumo”, informó la Policía de Bucaramanga.

Autoridades explicaron que se vienen realizando procesos de extinción de dominio en los sitios donde se desarrollan las labores ilícitas. Sin embargo, nuevas organizaciones de microtráfico están intentando retomar las actividades en diferentes puntos del centro de la ciudad, utilizando como referencia el parque Centenario y sus alrededores.

Según un informe, durante los últimos años, específicamente en esa zona, las autoridades han desarticulado ocho estructuras delincuenciales y se han expedido más de 100 órdenes de captura que involucran a algunos de sus integrantes por el delito de tráfico, fabricación y porte de sustancias estupefacientes. De igual manera, más de 80 organizaciones criminales han sido desarticuladas en el área metropolitana.

En ese sentido, continúan los operativos en otros lugares considerados como focos de drogadicción, teniendo en cuenta que ahora funcionan como una red que cubre diferentes puntos.

En Pereira, a las ollas ubicadas en los sectores de los puentes sobre las carreras 9 y 10, con avenida El Ferrocarril, no las tocaron. En la actualidad, siguen existiendo, pero según el comandante (e) de la Policía, coronel Fáber Dávila, el expendio de drogas funciona con otra modalidad.

“Cuando se interviene uno de esos sitios (las ollas), una línea de expendio fijo, como las conocemos, se vuelve una línea de expendio móvil. Ellos van y se abastecen en determinado lugar y empiezan a circular por todo lado”, explicó Dávila.

En otras ocasiones -agregó Dávila- el abastecedor va hacia donde está el que expende de manera móvil para que no deba ir hasta la olla.

El coronel afirmó que el dinamismo que le imprimen al negocio de la venta de drogas apunta a hacer cada vez más difícil la lucha contra el flagelo por parte de la Policía.

Además, en los últimos años se ha visto que los expendios son trasladados a zonas rurales de la ciudad, donde se ha encontrado marihuana y base de coca enterradas en predios de fincas.

Cali espera renovar su centro

Como hace cinco años, cuando se anunció la intervención a las ollas, los drogadictos siguen caminando por las calles o fumando dentro de casas de inquilinato de El Calvario, en el centro de Cali.

Pero no son tantos y el barrio está en un proceso de demolición, no por los operativos que arreciaron durante un año contra redes del microtráfico y otros delitos, sino porque la alcaldía, a través de la Empresa de Renovación Urbana (Emru), avanza en el proyecto Ciudad Paraíso, que debe cambiar esta cara de la ciudad.

En el primer operativo en El Calvario se decomisaron 21.000 dosis de basuco, marihuana, heroína y pastillas. La Policía reportó, en suma, más de 200 capturas de bandas como ‘los Papis’, ‘los Diablos’ o ‘el parche de bareta’.

En julio del 2017 fueron demolidas las primeras tres casas por ser expendios de droga. En una sola vendían hasta 2.000 dosis.

De acuerdo con la Policía, hasta hace unos años circulaban unas 5.000 personas en las ollas del centro caleño, donde se movían al mes unos 200 kilos de cocaína mezclados hasta con ladrillo molido, 300 más de basuco aparte de 300 kilos de marihuana.

En El Calvario no dejan de moverse quienes manejan negocios como el microtráfico, pero las autoridades creen que eso está en camino de desaparecer. No deja de ser un fantasma el nombre de ‘Papi John’ o la influencia del ‘clan del Golfo’.

A comienzos de este año, la Emru anunció que ya se cerró el proceso de gestión al comprar los 164 predios en El Calvario, uno de los tres barrios enmarcados en una renovación urbana con alianzas públicas y privadas. La inversión fue de $ 41.000 millones.

Veedurías ciudadanas señalaron que no pocos habitantes de esa olla se fueron a sectores vecinos como San Pascual y Sucre, o más al suroriente como en San Judas. Las autoridades dicen que allá extendieron los operativos. La Arquidiócesis mantiene un llamado al proceso con sentido social.

En Bogotá, salen de ollas a barrios

El Distrito y la Policía rescataron en 2017 varias zonas de Bogotá controladas por bandas criminales. Según las autoridades, la situación en sus inmediaciones preocupa hoy. Por un lado, las bandas intentan invadir estos lugares y, por otro, habitantes de calle y consumidores de droga migran a barrios cercanos.

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