La dolorosa partida de Mauricio Orjuela, el caballero del periodismo

La dolorosa partida de Mauricio Orjuela, el caballero del periodismo

El periodista, quien murió, al parecer por negligencia médica, era calmado, sonriente y riguroso.

Mauricio Orjuela

Mauricio Orjuela trabajaba en el área de comunicaciones del Ministerio de Agricultura.

Foto:

Archivo particular

Por: Nelson Ardila Arias
19 de agosto 2018 , 09:38 p.m.

Muy conmovidos vieron la familia y los colegas el regresó de Mauricio Orjuela en un cofre a la ciudad que lo vio nacer y a la tierra de la que nunca se cansó de hablar del Cholo Valderrama.

Aquí nació hace 36 años, aquí se hizo bachiller en el Colegio Francisco de Asís y luego partió a Bogotá a formarse y a buscar convertirse en un profesional del periodismo en una carrera vertiginosa por la que su familia se sentía orgullosa.

En Bogotá se convirtió en técnico en periodismo en el Colegio Superior de Comunicaciones. “Nunca estaba triste, siempre regalaba sonrisas y chistes conocidos o flojos que terminaban por cautivar a sus contertulios, y a toda hora hablaba de Orlando ‘el Cholo’ Valderrama”, recuerda su compañero de aula César Sánchez, hoy periodista en la capital del Meta.

Solo una vez, sostiene César, lo vio de mal genio cuando un profesor le dijo que no servía para ser periodista porque, según el docente, no tenía una voz contundente, lo que provocó la furia de Mauricio que lo encaró: “Voy a poder con o sin su ayuda”. Le apasionaba la radio y allí alcanzó sus mayores logros.

Nunca estaba triste, siempre regalaba sonrisas y chistes conocidos o flojos que terminaban por cautivar a sus contertulios, y a toda hora hablaba de Orlando ‘el Cholo’ Valderrama

César recuerda que empezó a hacer sus prácticas profesionales en La Zaranda de RCN, después hizo sus primeros pinitos en el noticiero Telepaís de Jorge Barón, y luego trabajó en Radio Nacional, se hizo profesional y desde enero pasado laboraba en el Ministerio de Agricultura.

César Cifuentes, su fiel compañero de los últimos meses en el Ministerio, sostiene que era un excelente ser humano, supremamente servicial, fácilmente podía dejar de alimentarse él por darle a otro.

Tenía un sentido del humor muy especial, todo el tiempo tenía una sonrisa para compartir, era muy malo para echar chistes, pero uno terminaba riéndose por solidaridad o arreglando el chiste. Era demasiado disciplinado, riguroso y cuidadoso, y eso era chévere porque enseñaba”, dice César.

Solo se ponía de mal genio cuando veía injusticias. “Una vez que salimos a la carrera séptima había un señor maltratando un perrito. Me tocó frenarlo, por fortuna llegó la Policía”.

Su primo, el historiador y también periodista metense Óscar Pabón sostiene que “su cordón umbilical por el territorio de nacimiento no lo cortó nunca. Cada vez que pudo vino a las fiestas del Meta. Así lo hizo en el reciente Torneo Internacional del Joropo”.

“Fue el primo tipo exportación, porque fue unos de los pocos periodistas regionales que en tan relativa corta edad logró el vertiginoso ascenso en su profesión”, sostiene Óscar.

La periodista Katerine Cruz lo conoció hace dos años en una fiesta en Villavicencio y empezaron a tener una relación más formal dos meses después. Se le corta la voz cuando recuerda su forma de ser: “Era un caballero en todo el sentido de la palabra. Si iba a almorzar él te corría la silla, si iba al carro él te abría la puerta, era súper respetuoso, jamás alzaba la voz, jamás peleaba, era muy calmado y muy risueño”.

“En ocasiones teníamos alguna molestia porque yo vivía en Granada y él Bogotá, pero las diferencias las zanjábamos dialogando, hace tres meses terminamos, pero aún después nos comunicábamos a diario”, recuerda Katerine.

Óscar Medina, fotógrafo del Ministerio de Agricultura, dice que lo conoció hace varios años en Villavicencio, pero se encontraron en Bogotá. “Lo molestábamos porque era el campanero en la puerta de la oficina, él avisaba si pasaba el ministro. Una vez por semana nos traía galleticas, buñuelos, churros o algo a los compañeros de la oficina”.

“Cuando viajábamos en el carro con él y nos quedábamos en el hotel no dejaba dormir porque hablaba y hablaba todo el tiempo y siempre hacia chistes malos pero nos hacía reír, solo el último día que estuvo en la oficina, ya enfermo estuvo bajo de nota”, recuerda Óscar.

En nuestra mente quedará su mamadera de gallo, su risa, su habilidad periodística, su permanente colaboración sin condiciones”, dice el periodista Manuel Orjuela.

En una sala de la Funeraria Los Olivos, llena de ramos de flores, familiares y amigos lo despiden, el adiós definitivo será este lunes a las 12 del día en la Iglesia Catedral de Villavicencio.

Será recordado, como lo expresa el periodista Mario Eduardo Rey, por su alegría, entrega y rectitud por nuestro ejercicio periodístico, que son ejemplo para quienes persistimos en él. Qué Dios te aguarde y te bendiga por lo que fuiste… hasta siempre amigo”.

NELSON ARDILA ARIAS
Corresponsal EL TIEMPO
Villavicencio

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