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Alemana juró amor eterno a colombiano en boda indígena en la Sierra Nevada

Katinka Louloy Rückner siempre soñó que su boda fuera diferente y especial.

Katinka Louloy Rückner siempre soñó que su boda fuera diferente y especial.

Foto:Cortesía

La pareja asistió al ritual ancestral y recibió la bendición de los hermanos mayores.

Roger Urieles
Katinka Louloy Rückner siempre soñó que su boda fuera diferente y especial; sin embargo, nunca imaginó que el amor de su vida estaría en un continente lejano a su país de residencia y mucho menos que atravesaría el océano Atlántico para formalizar su relación en una ceremonia indígena.
Sus hábitos, cultura y costumbres europeas, no fueron impedimentos para que la joven alemana, aceptara la propuesta que le hizo su pareja, el colombiano Andrés Mateo Vera Velandia de viajar a su tierra para casarse en un ambiente totalmente alejado de la civilización y el desarrollo urbano.
Aunque Andrés Vera es natural de Bogotá, la capital de Colombia, decidió elegir como escenario para su boda, la Sierra Nevada de Santa Marta, y los paisajes y playas que la rodean.
Él y su novia alemana, coincidían en que su unión marital debía ser mágica, espiritual e inolvidable. Por eso Andrés, que es un amante de la naturaleza y respetuoso de las creencias indígenas, solicitó a las comunidades ancestrales del macizo montañoso que se encargaran de presidir y aprobar ante el universo entero su matrimonio.
La petición de la pareja tuvo una respuesta positiva y la ceremonia finalmente se celebró en el denominado corazón del mundo, un lugar paradisiaco que combina la Sierra Nevada, playa, mar, río, naturaleza y cascadas imponentes.
De esta manera, la ilusión de Katinka Louloy y Andrés Vera de vivir una experiencia totalmente distinta en su boda se hizo realidad, no solo por las características extraordinarias del lugar en que se llevó a cabo el evento, sino por el simbolismo y significado que tuvo.

Un mamo formalizó la unión marital

La ceremonia finalmente se celebró en el denominado corazón del mundo.

La ceremonia finalmente se celebró en el denominado corazón del mundo.

Foto:Cortesía

El encargado de unir los lazos de amor entre la alemana y el colombiano, fue un mamo Arhuaco quien practicó un ritual ancestral basado en su sabiduría, fe y convicción.
La autoridad indígena identificada en la Sierra Nevada como una persona con gran conocimiento sobre el amor y la naturaleza, compartió en su lenguaje nativo sus deseos de bienestar y energía pura, atrayendo la compañía de la madre naturaleza a esta nueva unión.
Igualmente en el idioma español le habló a la pareja sobre la importancia del matrimonio y el compromiso que deben tener el uno con el otro hasta el día de su muerte.
El mamo hizo una intervención procurando de que los novios entendieran el sentido de la escogencia de la otra persona para que se acompañen en la salud y la enfermedad.
Luego de realizar varios ritos y de invocar su riqueza espiritual, el mamo realizó la ceremonia de aseguranza para proteger esta nueva unión.

La experiencia de los esposos en la ceremonia

Un mamo Arhuaco practicó un ritual ancestral basado en su sabiduría, fe y convicción.

Un mamo Arhuaco practicó un ritual ancestral basado en su sabiduría, fe y convicción.

Foto:Cortesía

Nuestros hermanos mayores son muy sabios y con un corazón noble y limpio

Andrés Mateo Vera, asegura que quedó emocionado y mucho más enamorado y convencido de haber tomado la mejor decisión al escoger a Katinka como su esposa y más que legitimizar su amor, tener la oportunidad de blindarlo con buenas energías y la fuerza espiritual que transmiten los indígenas.
“Esto es una experiencia única. No la cambio por nada. Nuestros hermanos mayores son muy sabios y con un corazón noble y limpio; además poseen toda la sabiduría e intenciones para bendecir una relación amorosa, por eso estamos muy complacidos de habernos casados en estas circunstancias”, expresó Vera.
Por su parte, la novia, si bien por no hablar español, no entendió la mayoría de lo que se dijo en la ceremonia indígena, le confesó a su pareja que se sintió muy feliz y que su boda fue más mágica de lo que imaginó.
“Ella estaba encantada con el paisaje, con los rituales indígenas. Era algo nuevo para ella, pero estuvo siempre dispuesta a recibir todo lo que el mamo nos transmitió en sus rezos y los elementos que nos entregó como el agua, la tierra y pulseras”, detalló Andrés Mateo.
Katinka Louloy Rückner asistió a su boda a la orilla del Mar Caribe con un vestido, velo blanco y ramo de flores. “Parecía una princesa de cuentos de hadas”, detalla el novio.
Andrés Mateo Vera, por su parte quiso rendirle un tributo a la cultura indígena y asistió despojado de lujos y una vestimenta sencilla, con la que incluso por su aspecto físico de cabellera larga y bigotes, se asemejó mucho a un miembro de los resguardos de la Sierra Nevada.
Los novios estuvieron acompañados por sus padres, otros familiares y amigos. Fueron aproximadamente unas 14 personas que llegaron de diferentes ciudades de Alemania y de Bogotá en Colombia. Adicionalmente participaron otros indígenas de la comunidad Arhuaca asentada en la Sierra Nevada.
El grupo de allegados también terminó fascinado e impresionado con la logística del evento que se celebró en playas del corregimiento de Palomino, corregimiento de La Guajira en el hostal Finca Escondida.
La boda contó con el acompañamiento de un equipo de fotografías y video que retrató cada instante vivido a la orilla del mar rodeado de un paisaje fascinante y un ambiente de ensueño.
Katinka y Andrés, quienes se conocieron a través de una aplicación de citas hace cinco años en Alemania, se marcharon a Bogotá y allí se casaron por lo civil en una notaría para legalizar el matrimonio.
Posteriormente, ambos tomaron rumbos distintos. La mujer se marchó a su país de origen, mientras que Andrés Mateo se quedó en Colombia para realizar unos trámites que le permitan retornar a Europa, dónde espera radicarse y construir una familia bajo la bendición indígena.
Por Roger Urieles
Para EL TIEMPO Santa Marta
@rogeruv
Roger Urieles
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