La salud llegó a Ciénaga en una jornada de 37 horas

La salud llegó a Ciénaga en una jornada de 37 horas

La Fundación Alas para la Gente atendió a 1.086 personas en Ciénaga, Magdalena. Aquí sus historias.

La salud llegó a Ciénaga en una jornada de 37 horas

Este es el ambiente en el que atendieron a los pacientes de odontología.

Foto:

María Fernanda Orjuela

07 de septiembre 2018 , 10:29 p.m.

Eran las 7:05 p. m. Una mujer de contextura delgada viajaba somnolienta en un bus de la empresa Prodeco a su casa, ubicada en una urbanización conocida como Aeromar, vía a Santa Marta. Viajar en un vehículo que transportaba 24 pasajeros para llegar a su vivienda, o más bien, a un cuarto gris, sofocante y con tejas de zinc, fue un reto. En la esquina de la calle, en donde se ubicaba ese cuarto, un hombre esperaba a la mujer. Él ingresó al bus y la cargó en sus brazos.

La mujer se practicó una ligadura de trompas. A sus 30 años, ella piensa que cinco hijos ya son suficientes. A pesar del intenso dolor, gracias a este procedimiento quirúrgico gratuito ya no tendrá que preocuparse por un nuevo embarazo.

Ella hace parte de las 1.086 personas atendidas por la brigada de salud* liderada por la Fundación Alas para la Gente en el Colegio La María, en el municipio de Ciénaga, Magdalena.

Durante el fin de semana, del 10 al 12 de agosto, las letras, cuentos y números no fueron enseñados por un maestro en aulas antiguas, gastadas y con ventiladores viejos; esa vez se impartieron otro tipo de lecciones, a través de resumidos historiales médicos, de charlas fugaces y de ojos expertos que atendieron sin descanso a pacientes.

De acuerdo con Prosperidad Social, existen 9.187 hogares en condición de pobreza extrema en Ciénaga, de los cuales 648 están ubicados en zonas rurales y 4.848, en el casco urbano. El objetivo de la jornada de salud es brindar revisiones, consultas y medicamentos gratuitos a la población.

La salud llegó a Ciénaga en una jornada de 37 horas

Marcelina Fontalvo le sonríe al médico Juan Carlos Angarita.

Foto:

María Fernanda Orjuela

El principio

En el Comando Aéreo de Transporte Militar (Catam) una avioneta de la Policía Antinarcóticos aguardaba para transportar a 29 profesionales de la salud, más sus utensilios y medicamentos. El abordaje fue rápido y efectivo, no se fue en calidad de turista. A cargo del capitán Cristian Figueroa, la aeronave se dirigió a 400 millas náuticas hacia el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Santa Marta.

El recibimiento para este colectivo, tras dos horas y media de recorrido, fue un enérgico saludo de varias mujeres desde sus mecedoras de mimbre mientras el bus se aproximaba a la institución educativa. Las puertas del colegio ya se encontraban congestionadas de familias que querían recibir una manilla, el distintivo que les daría el acceso a la consulta médica.

Del interior emergió un hombre de estatura mediada con camiseta negra, era Mateo Arjona, líder de la Fundación Alas para la Gente, quien dispuso el orden. Enfilados, los médicos recibieron directrices.

“Rojas, amarillas, verdes y azules son algunos colores; deben quitárselas a los pacientes una vez termine la consulta porque lo más probable es que esa manillita vuelva, con otra cara”, alertó Arjona, pues ocurre que es tanta la necesidad por ser atendidos que entre ellos se rotan las cintillas entre familiares y vecinos y esto crea caos en la capacidad de atención que tiene el equipo médico.

A mediodía, las aulas ya estaban acondicionadas para quienes necesitaban una preparación especial, como odontología. Una vez estuvieron listos y ubicados con sus recetarios en mano, las puertas del colegio se abrieron.

La salud llegó a Ciénaga en una jornada de 37 horas

Niña siendo examinada por la pediatra Ximena Alaguna.

Foto:

María Fernanda Orjuela

Medicina fugaz

El viernes y el sábado desfilaron por el corredor principal del colegio decenas de madres, niños y ancianos; como si se tratase de las fiestas del caimán, que se celebran del 17 al 20 de enero, la algarabía se apoderó del ambiente.

Ismael, de 5 años, le mostró alegre su manilla azul a su madre, Claudia Gómez; ese día fue atendido por un dolor estomacal. Los ingresos de su papá como vendedor de mango no alcanzan para pagar sus medicamentos que cuestan 137.000 pesos. Ese día, su mamá recibió los medicamentos sin ningún costo.

En el salón de medicina general, la doctora Mónica Angélica Yañiz se topó con unos hermanos con síntomas atípicos, “reportaron sudoración excesiva, tos, fiebre y pérdida de peso”, afirmó.

Su intuición la llevó a sospechar de que se trataba de un caso de tuberculosis. Para descartar su hipótesis necesitaba un TAC de tórax, así que intervino para conseguir lo más pronto posible una cita en la EPS a la que estuviesen afiliados.

En esa misma aula, Juan Carlos Angarita atendió a la pareja Fontalvo. Doña Marcelina le mostró un hundimiento en su dedo anular; era la cicatriz de una cortada que se hizo mientras descamaba un pescado, pero gracias a la intervención de una de sus hijas, que es enfermera, no hubo un proceso infeccioso, solo quedó un hueco en su yema. La mujer de 75 años tenía vitalidad inigualable, una presión arterial perfecta, 60/120.

“Si tú me das el secreto para estar así de hermosa a esa edad, yo te formulo”, dijo Angarita, y Marcelina sonrió. A su lado estaba el esposo, con el que ha compartido 52 años. Trece integrantes de la familia Fontalvo fueron examinados: abuela, nietos y bisnietos.

En ese espacio, los dos médicos generales compartieron una misma sensación: la expresión de gratitud en los rostros de los pacientes no tiene precio.

En el aula del frente, a las afueras, los pupitres se organizaron en hileras de cuatro por seis, para optometría.

Agustina Ruiz se abanicaba con las hojas de su historial médico, un paquete voluminoso de distintos folios que dan fe del calvario de una mala craneotomía.
“El cirujano me dejó fea, incluso mi marido me abandonó de lo fea que me dejaron; 19 años a la basura”, afirmó Ruiz.

El ojo derecho de Agustina era protuberante y se estrellaba con el lente de sus gafas, por este mal procedimiento perdió su trabajo como aseadora de casas y fincas. Su rutina se transformó en largas jornada de viajes a Santa Marta para practicarse exámenes. “Dios aún no me ha abandonado, así que la comida no me ha faltado, pero para las consultas, a veces no me alcanza”, agregó.

La salud llegó a Ciénaga en una jornada de 37 horas

Pequeña de 3 años después de ser valorada.

Foto:

María Fernanda Orjuela

Desde el colegio, 38 calles separan a Agustina del rancho al que un día llegó con su familia desde Sevilla, Valle del Cauca, tras ser amenazados por grupos paramilitares. El amor que ella siente por Ciénaga es evidente. “Acá se consigue todo, los alimentos son abundantes, ajá, un pescado frito es lo más sabroso”, concluyó.

Y es que este pueblo carga con un pasado de bonanza y dolor. En la plaza del Centenario, hace más de 90 años, se perpetuaba la masacre de las bananeras, y en los años setenta se vio invadida por el narcotráfico.

El pasado no limitó al municipio para que en el 2013 se uniera a la Red de Pueblos de Patrimonio de Colombia; no es para menos, los cienagueros se enorgullecen de las nueve entradas que conectan a esta plaza, que aún conserva la tradición republicana.

De vuelta en los salones, en el área de odontología la fila se aglomeraba, los voluntarios de Prosperidad Social y alumnos del mismo colegio eran los custodios del ingreso. Inmerso en el ruido de las máquinas de limpieza dental, Juan Sebastián Acosta, un joven de 16 años, observaba cauteloso cada movimiento que hacía la doctora María Elena Hernández.

Elena le pidió que se acercara, vio un potencial sin explorar en él. “Necesito que me pases el flúor”; sin titubear, Juan aproximó la dosis correcta. Los dos fueron partícipes del ataque de una caries rampante que se encontraba en cuatro muelas de un chico de 7 años. Como si hubiese sido un examen más, el niño se levantó, sonrió y se fue, desconociendo la gravedad que tenía en sus muelas en formación. De acuerdo con Hernández, el progreso de este tipo de caries puede terminar en conductos.

Cuatro años sin cirugías

A unos 700 metros se ubica la Clínica Pronto Socorro. Las puertas de este centro hospitalario se abrieron constantemente, pues llegaban pequeños con hernias, personas con problemas leves en la piel y mujeres buscando tener una ligadura de trompas.

Narda Pardo es anestesióloga y hace dos años está vinculada con las brigadas, su motivación es simple, estar al servicio del prójimo. “No estoy casada ni tengo hijos, así que mi tiempo se divide entre mi trabajo y la casa. Pero incluso, si los tuviera, sacaría el tiempo para venir a estas jornadas”, aseguró.

Como especialista cree que las fallas en la atención de salud en sectores vulnerables se deben a una falta de compromiso de algunos profesionales para migrar a las zonas necesitadas. “Desafortunadamente, los especialistas nos organizamos en las grandes ciudades, no vamos a los pueblos distantes donde hay grandes volúmenes de pacientes que nos necesitan”, concluyó de forma inesperada porque fue interrumpida para practicar una nueva ciruja ambulatoria.

Mujeres, las más vulnerables

Al consultorio temporal de Juliana Garavito ingresó una mujer de 67 años, temerosa de desnudar su parte media ya que desde niña le enseñaron a tener pudor ante su cuerpo.

La señora fue por un intenso dolor a la hora de orinar. En medio de la entrevista, confesó que se casó con su esposo a los 15 años. Ella le insistió a Garavito en que ha estado con un solo hombre en su vida, su cuerpo ha estado en unas solas manos.

Luego de la revisión, la doctora diagnosticó a esta mujer con un herpes genital, una enfermedad de transmisión sexual. Su caso no es atípico, es frecuente ver mujeres embarazadas, entre los 20 y 28 años, que pueden tener entre dos a cinco hijos. En esta jornada se practicaron 28 consultas ginecológicas, tres ecografías, 35 citologías y 25 cirugías.

Despedida con olor a mar

De regreso en Catam, con el cambio de clima se mezcló una sensación de alivio, de haber entregado 37 horas de esperanza a pacientes que, probablemente, hayan tenido su último contacto con el sistema de salud este año.

MARÍA FERNANDA ORJUELA ALBARRACÍN
EL TIEMPO ZONA 
@mafelona
marorj@eltiempo.com* Esta brigada fue auspiciada por Prodeco, la Policía Antinarcóticos, Clínica Pronto Socorro, Ministerio de Salud y EL TIEMPO Casa Editorial.

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.