El policía que se fugó de las Farc y ahora dicta charlas de superación

El policía que se fugó de las Farc y ahora dicta charlas de superación

John Frank Pinchao estuvo en cautiverio Casi 9 años. Su historia podría ser una serie o película.

John Frank Pinchao

John Frank Pinchao Blanco tiene dos hijos y dicta charlas en colegios sobre su experiencia en cautiverio.

Foto:

Filiberto Pinzón / EL TIEMPO

Por: Miguel Ángel Espinosa Borrero
06 de junio 2019 , 02:14 p.m.

Pese a que han pasado 12 años y un mes desde su fuga de un campamento de las Farc, John Frank Pinchao aún se paraliza cuando escucha ruidos fuertes. Pasar por una cancha de tejo, escuchar el exosto de una motocicleta, o hasta que se cierre una puerta de manera fuerte cerca de él se convierten en un martirio.

No es para menos, Pinchao, quien durante la cruenta toma de las Farc a Mitú, Vaupés, ostentaba el grado de subintendente de la Policía, fue uno de los 61 secuestrados por la extinta guerrilla que entre el 1 y el 2 de noviembre de 1998 asesinó, además, a 16 policías, 24 militares y 11 civiles, y dejó a 38 uniformados heridos.

Él cayó secuestrado al día siguiente de que empezó el combate, el 2 de noviembre, pues con un grupo de 10 compañeros de la Policía continuó enfrentando a las Farc desde una vivienda ubicada a un costado de la estación de la Policía, centro del ataque guerrillero.

Fueron ocho años y medio.“Es muy duro para mí escuchar ruidos fuertes –comenta el expolicía–. Yo he logrado superar muchas cosas, pero le soy sincero, es difícil para mí escuchar ruidos fuertes. Es duro estar cerca de una cancha de tejo”.

Tras su regreso a la libertad, en 2007, John Frank Pinchao se fue a vivir a Estados Unidos durante unos meses. Luego se abrió la oportunidad de hacer parte de la agregaduría de la Policía de la embajada de Colombia en Chile y vivió allá durante casi un año.

John Frank Pinchao

Pinchao junto a sus padres luego de regresar a la libertad.

Foto:

AFP Archivo / EL TIEMPO

Durante su estadía en el país austral, en 2008, supo de la operación Jaque, la cual dio libertad a Íngrid Betancourt y otros de sus compañeros de secuestro. En cuanto la excandidata presidencial obtuvo su libertad, se fue para Francia y pidió al entonces presidente Nicolás Sarkozy que otorgara las famosos Becas para la Libertad.

Pinchao no lo dudó y se fue para Francia, donde vivió hasta el 2011, estudiando ciencias políticas en la ciudad de Lille.

Al regresar, continuó con el servicio en la Policía hasta el 2012, cuando creó su nuevo proyecto de vida, el cual consistía en compartir su experiencia a través de charlas. La empresa la inició junto a dos coroneles de la Policía, pero tuvo algunos inconvenientes y recién regresó a estas charlas hace poco en colegios de la capital del país.

En la actualidad, Pinchao tiene un hijo de 20 años y una pequeña de 6, suele verlos con frecuencia. 

“Mis charlas siempre empiezan con un poco de contexto histórico de lo que pasaba durante aquellos días en el país –explica–; luego les cuento mi secuestro y la fuga. Básicamente me enfoco en decirles que por más que vean que todo está terminado, no deben perder la esperanza, que siempre hay una salida”.

John Frank Pinchao ha recibido diferentes ofertas para la realización de una serie o película sobre su historia de vida. Asegura que es algo que por ahora solo se encuentra en evaluación, aunque lo motiva poder llevar su experiencia a otros formatos para que su historia sea sinónimo de inspiración para muchos niños y niñas.

Su secuestro

“Lo más difícil fue el principio –recuerda Pinchao–; nos amarraban del cuello con alguien y todo, absolutamente todo, teníamos que hacerlo con ese compañero y con un guerrillero encima que nos custodiaba. Fue muy difícil hacer nuestras necesidades al principio así, además de estar al interior de esas celdas hechas con alambre”.

John Frank es el tercer hijo de los seis que tuvieron Luis Pinchao y Rosa Blanco. Nació en Bogotá en 1973 y sufrió las dificultades de crecer en los suburbios del sur de la capital del país.

Lo que hacían los guerrilleros era que los cargaban como en una tabla y los balanceaban para golpearlos contra los árboles

Desde pequeño tuvo la referencia del uniforme en su familia, pues varios tíos pertenecían a la institución. Finalmente, logró ingresar tras su servicio militar a la escuela de suboficiales, donde tuvo que trabajar en diferentes puntos de Bogotá, hasta que lo enviaron a Arauca.

“Ahí estuve unos ocho meses –recuerda Pinchao–; luego me enviaron a Mitú y, bueno, ya saben lo que pasó. Estuve secuestrado mucho tiempo”.

De las dificultades que recuerda John Frank de haber vivido en la selva, una de las cosas que más lo marcó fue durante un episodio en el que Íngrid Betancourt intentó fugarse y los guerrilleros de las Farc la encontraron y la golpearon con sus fusiles mientras ingresaba a su celda.

En otra ocasión, recuerda, hubo una caminata muy larga para moverse de campamento, por lo que algunos secuestrados cayeron exhaustos sin poder continuar. “Lo que hacían los guerrilleros era que los cargaban como en una tabla y los balanceaban para golpearlos contra los árboles”.

La fuga

El 28 de abril del 2007, Pinchao logró escapar –luego de planearlo durante dos años junto a sus compañeros de la Policía y unos estadounidenses que también estaban secuestrados– tras aprovechar una fuerte lluvia que caía esa noche en el campamento. Se zafó la cadena, esperó a que el guardia de esa noche iniciara su ronda, y empezó a correr por el monte.

“El plan era salir fuera solo o acompañado –asegura–; era un plan que habíamos hecho hace mucho tiempo. Lo que siempre nos decíamos el uno al otro era que no podíamos mirar atrás, que el que lo lograra solo debía correr y luego sí buscar ayuda para el resto”.

El grupo con el que permanecía en el campamento estaba conformado por 13 personas, entre los que estaban Luis Eladio Pérez, Íngrid Betancourt, seis militares, dos policías y los tres ciudadanos norteamericanos.

John Frank Pinchao

En la actualidad, John Frank Pinchao se dedica a dictar charlas en instituciones educativas.

Foto:

Filiberto Pinzón / EL TIEMPO

John Frank tuvo que correr sin mirar atrás, tal como lo había prometido, Íngrid Betancourt y Luis Eladio se encontraban amarrados del cuello a un árbol porque semanas atrás habían intentado fugarse y habían sido atrapados por los guerrilleros.

Con una aguja de coser y otros elementos a la mano en la espesa selva, John Frank y sus compañeros de cautiverio habían diseñado unas brújulas para el día que lograran huir. El objetivo era no perderse. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario; durante siete días Pinchao estuvo perdido.

“Habíamos estudiado todo –recuerda el expolicía–; la posición del sol, el curso de los ríos, todo. Me perdí, pero no perdí la calma. Finalmente lo logré”.

Un oficial me pasó un teléfono satelital y me preguntaron si quería hablar con mi mamá, pero yo dije no, porque quería darles las indicaciones para que rescataran a mis compañeros

Fueron 17 días caminando. Sin energía, mantenido en pie solo por la voluntad de ser libre, John Frank Pinchao Blanco llegó el 15 de mayo a un caserío llamado Pacoa, ubicado en límites de Amazonas y Vaupés.

Pinchao recuerda que un helicóptero sobrevolaba la zona, había combates. Se escondió un momento, pensó en correr, pero las piernas no le respondían.

Se decidió a caminar y logró hallar a un grupo jungla del Ejército. Hubo rumores de la fuga de un guerrillero y por eso se encontraban ahí. Era el último grupo que ya se encontraba de retirada. Al fin, la libertad.

“Yo recuerdo que para ese momento mi gran preocupación era rescatar a mis compañeros de cautiverio –asevera John Frank–
. Un oficial me pasó un teléfono satelital y me preguntaron si quería hablar con mi mamá, pero yo dije no, porque quería darles las indicaciones para que rescataran a mis compañeros, pero me dijeron que no, que ahora solo se iban a encargar de mí”.

El expolicía fue trasladado a Mitú. Sostiene que fue doloroso para él regresar al lugar donde se había dado su secuestro. Finalmente, fue remitido a Bogotá y ahí se recuperó de la desnutrición que lo azotaba y las otras secuelas de su largo periodo en cautiverio. Volvió a la vida.

John Frank Pinchao

El expolicía tuvo la oportunidad de estar en Francia, donde pudo cursar estudios en Lille gracias a las Becas de la Libertad.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

John Frank asegura que ahora solo quiere disfrutar de sus hijos. El proyecto de las charlas en instituciones educativas lo llena de alegría, pues dice que es una iniciativa que le ayuda a manejar las cicatrices que le dejó su secuestro, además de dar esperanza y motivación a niños y niñas.

Continúa con su labor y disfruta de sus hijos. También tiene una pareja, pero asegura que muchas cosas de los tristes días que permaneció en la selva aún perturban su día a día.

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @Leugim40

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