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Campesino sin brazos sacó adelante a su familia trabajando con sus pies
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El campesino sin brazos que sacó adelante a su familia con los pies
Lucho Aguas

Tomado de Instagram: @Lucho_h2o

Campesino sin brazos sacó adelante a su familia trabajando con sus pies

'Lucho', quien nació con una discapacidad, lleva 38 años trabajando la tierra utilizando sus pies.

"La discapacidad en realidad es algo mental y me da lástima la gente que se considera menos". Esta es la percepción de la vida que tiene Luis Aguas, un campesino de 49 años que nació sin brazos y desde los 12 años trabaja el campo con sus pies y su inmensa voluntad.

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Lucho, como lo llaman sus allegados, nació el 17 de diciembre de 1971 en el corregimiento de Los Palmitos, en Sincelejo; capital de Sucre. En esta tierra ha vivido toda su vida rodeado de campos de yuca, ñame y animales, a los cuales ha entregado su esfuerzo y dedicación.

Ese 17 de diciembre, a escasos 8 días de Navidad, Lucho llegó a formar parte de una numerosa familia de 10 hermanos. Su madre ya tenía experiencia en partos, por lo que ya parecía un trámite el nacimiento de Lucho a manos de la partera de confianza. Sin embargo, la alegría y la calma de aquel día se vieron perturbadas cuando Lucho tomó su primera bocanada de aire y sus hermanos y padres vieron que algo faltaba en el bebé.

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Luis Aguas trabaja el campo con sus pies desde los 12 años. Ahora tiene 50 y sus ganas de trabajar y mejorar su calidad de vida siguen siendo las mimas de hace 38 años.

Foto:

Tomado de Instagram: @Lucho_h2o

Para la familia Aguas Hernández todo fue muy desconcertante. Ellos no sabían qué había pasado y por qué a su hijo le faltaban los brazos, apenas se veían un par de pequeños músculos, como una suerte de "dedos", que sobresalían de sus hombros.

Lucho nació con una condición que se llama Focomelia, un defecto de nacimiento que se caracteriza por la ausencia o reducción de huesos y músculos de los miembros inferiores o -en este caso- de los superiores.

La familia no sabía el origen de esto y si era reversible, pero lo que sí tenían claro es que él era un Aguas Hernández y le podría faltar lo que sea menos amor y apoyo de su familia.

Cuando Lucho tenía 4 años, sus padres se lo llevaron a vivir con sus abuelos en la finca donde aún están ubicados. Desde esa corta edad, él ya veía sentado en una mecedora cómo sus abuelos, padres y hermanos mayores ya trabajaban en el campo, y él -como todo niño- se moría de ganas por hacer lo mismo.

Entonces, desde temprana edad hizo todo lo que estuvo a su alcance para trabajar la tierra con lo que tenía disponible, sus piernas.

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Lucho aprendió a utilizar con sus piernas la pala, las tijeras, la escoba, el rastrillo y todas las herramientas de un campesino. Y a la edad de 12 años, gracias a que nunca se vio ni diferente ni menos que los demás, ya trabajaba esas 9 hectáreas de tierra con su familia.

Él solo trabaja toda la plantación que tiene en su casa en el corregimiento de Los Palmitos, en Sincelejo; Sucre.

Foto:

Tomado de Instagram: @Lucho_h2o

Yo siempre supe que podía hacer todo, porque hay un método para que todos hagamos todo lo que queramos, solo hay que encontrarlo y desarrollarlo

"Desde los 12 años ya trabajaba acá y estudiaba. Yo siempre supe que podía hacer todo, porque hay un método para que todos hagamos todo lo que queramos, solo hay que encontrarlo y desarrollarlo. Al principio no fue fácil, obviamente, pero ganas fue lo que nunca me faltó", relata Lucho.

Se graduó de bachiller en 1992 y aprendió todo lo que necesitaba para trabajar en su campo. Años después, se casó con Inda Denis Angulo y concibió en el 2011 a Katherine Aguas Angulo, su única hija.

La familia Aguas Angulo vive en la finca familiar, propiedad de los padres de Lucho, donde tienen un espacio para ellos donde construyeron una casa de bahareque y donde tienen su espacio para sembrar y trabajar el campo separado de los demás hermanos Aguas.

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En su casa todos lo quieren, respetan y admiran mucho, pero su fan número uno es su hija Katherine.

"Esa niña me adora. Ella me ve como un ejemplo, como su héroe. Hasta les habla de mí a sus profesores y amigos del colegio, y ahora en esta época de pandemia y clases virtuales los trae acá para que yo les ayude con las tareas, en especial con las de dibujo", cuenta Lucho.

Lucho ayuda a su hija y a sus compañeros del colegio con las tareas. Les enseña a escribir, leer y -sobre todo- a dibujar.

Foto:

Tomado de Instagram: @Lucho_h2o

Desde que comenzó la pandemia del covid-19 en 2020, la venta de sus productos en la finca se ha visto afectada, porque ya el precio no es igual, la yuca y el ñame en Sincelejo se vende muy barato. Entonces, el dinero ha hecho falta, pero nunca decreció el amor y apoyo familiar.

Tanto así, que la familia ha crecido a causa de la virtualidad.

En la finca donde vive Lucho no hay internet, entonces su hija y los niños vecinos recibían las tareas en físico por parte de algunos profesores para que siguieran con el estudio.

Desde que esta metodología empezó, Lucho se ha vuelto a sentir como en el colegio. Ya por su edad no trabaja el campo de la misma manera como cuando tenía 30 años, entonces dedica parte del tiempo a lo que es una de sus pasiones: el dibujo.

Katherine, prácticamente una publicista de las hazañas de su papá, lleva a sus amigos del colegio a que hagan las tareas en su casa con Lucho. Él les ayuda a leer, a escribir y -especialmente- a dibujar.

Los niños se quedan embelesados viendo a Luis dibujar con sus pies o con los pequeños "dedos" que tiene a los costados de sus hombros, con los cuales puede agarrar el lápiz mientras con su mandíbula hace la presión necesaria para cada trazo.

Un ejemplo para la juventud

Este campesino no solo es admirado por los niños de 10 años, sino que se ha convertido en la inspiración para las juventudes sucreñas.

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A inicios de este año, Lucho decidió que quería dar a conocer al mundo sus habilidades y vio en las redes sociales una herramienta para ello. Fue así como con ayuda del hijo de una amiga decidió crear una cuenta de Instagram (lucho_h2o), la cual ya tiene más de 1.200 seguidores.

Quien ayuda a Lucho a con sus redes sociales es Jhon Jaime Mendivil, de 20 años y estudiante de Administración de Empresas, quien desde el 2014 conoció a Lucho y se convirtió en un admirador de sus habilidades y su resiliencia.

"Yo tenía experiencia en el tema de las redes sociales, entonces cuando a Lucho se le ocurrió la idea y le contó a mi mamá, enseguida me propuse ayudarlo. Le dije, Lucho, yo tengo algunos conocimientos en redes sociales, entonces yo te ayudo en lo que necesites y te voy enseñando en el camino’, y él enseguida aceptó, así que cada tanto voy a su casa -que está bastante retirada- y grabamos cosas de su vida diaria para publicarlas en las redes", explica Jhon.

Entonces, gracias a este perfil de Instagram dedicado a compartir fotos y videos de la vida de Lucho, muchachos de entre 15 y 20 años de Corozal, Sincelejo, Sincé y otros municipios de Sucre han preparado viajes para conocer a este campesino en persona.

"Estos muchachos vienen acá a visitarme casi semanalmente y quieren que les enseñe a trabajar en el campo. A mí me gusta mucho que vengan y les cuento y les enseño todo lo que puedo. Aunque quizá no aprendan en realidad las labores del campo, lo más importante es el mensaje de que son capaces de hacer lo que quieran, como yo lo hago", explica Lucho.

Jóvenes de los municipios cercanos a Los Palmitos visitan a Lucho para conocerlo y que les enseñe cómo trabaja el campo.

Foto:

Tomado de Instagram: @Lucho_h2o

Yo puedo hacer todo lo que hace una persona común, lo único que nunca he podido hacer es manejar un carro, pero es porque no tengo

Estas visitas siempre vienen acompañadas de ayudas, pues la situación económica de Luis no es la mejor en estos momentos. Los muchachos que van no solo buscan aprender, también tienen como propósito ayudar al campesino con comida y víveres.

Lucho asegura que las dificultades le han demostrado que él es igual a todo el mundo, pues tiene las mismas capacidades que todos. "Yo puedo hacer todo lo que hace una persona común, lo único que nunca he podido hacer es manejar un carro, pero es porque no tengo", bromea.

Sin embargo, que haga chistes no significa que oculte su realidad. Y es que -efectivamente- así como tiene las mismas capacidades de todo el mundo, también tiene tiene las mismas necesidades.

"Yo les agradezco mucho a todos los que me apoyan y a la gente que me escribe y me sigue en Instagram. Ojalá algún día pueda compartirles que ya tengo una casita propia y bonita donde pueda recibirlos y enseñarles mejor de lo que lo puedo hacer ahora", dice el campesino.

Él, como cientos de miles de colombianos, no tiene una casa en condiciones donde estar con su familia y ese es su sueño. Nunca va a abandonar a sus hermanos, "pero no hay como tener uno un techo seguro", afirma.

Este campesino, que está a poco de los 50 años, asegura que no se va a rendir en esa meta que se propuso y que así sea que él mismo deba caminar hasta Sincelejo para vender la yuca, va a lograr tener su propia tierra y con una casa bonita que tenga paredes duras en material, un buen piso embaldosado y un baño con techo.

Además, quiere hacer más contenido para su Instagram y su canal de YouTube, por eso está gestionando cómo comprarse un smartphone para poder grabar más videos y subirlos a la web, pues el que tiene actualmente ni siquiera tiene cámara.

"Si yo he logrado hacer todo lo que he querido, cualquiera puede. La discapacidad es algo mental, y me da tristeza cuando veo gente que se limita porque sí o sin al menos intentarlo", manifiesta Lucho, y agrega que "si uno quiere, puede. Nada más hay que buscar cómo".

DUVÁN ÁLVAREZ DE LAS SALAS
Redactor de NACIÓN
EL TIEMPO
En Twitter: @Duvan_AD

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