El peor desafío del soldado Witsmar Lucumí

El peor desafío del soldado Witsmar Lucumí

Fue galardonado como mejor soldado del Ejército en 2015. Ahora, Lucumí es finalista del 'Desafío'.

Soldado Lucumí

El soldado Lucumí duró alrededor de 20 años en el Ejército, institución que le dio la baja hace unos meses. Está en la final del 'Desafío'.

Foto:

Cortesía de Lucumí

17 de septiembre 2018 , 12:54 p.m.

El soldado Witsmar Lucumí salió del pequeño campamento que tenía instalado su compañía en zona boscosa de Puerto Limón para ir rumbo a Puerto Rico, un municipio del Meta donde arreciaba el conflicto con las Farc, con su lanza, el soldado Gaitán, acababan de dejar lista la última carta de amor que tenían para la novia de su compañero.

Eran inicios de la década del 2000. Gaitán escribía los mensajes románticos y Lucumí les corregía la ortografía, ese medio era lo que llamaban la ‘moral’ para seguir defendiendo a la patria, en una época cuando eran pocas las posibilidades de conseguir un teléfono para llamar a sus seres queridos. Tras recibir la orden de ir a comprar víveres, los amigos hablaban por la carretera de todo el tiempo que les podía quedar libre, pasaron sin problemas por el parque central del municipio y también por un puerto sobre el río Ariari. Al llegar a una estación de gasolina, donde comprarían unos galones, una ráfaga de disparos por parte de guerrilleros de las Farc los acorraló.

“Nos prendieron”, gritó Lucumí para recibir apoyo de la escuadra. Gaitán había caído a sus pies por los disparos y con otro compañero lo halaron con fuerza hacia una cuadra más allá de donde los atacaron. El sonido de los disparos los aturdió, los casquillos de las balas rodeaban los pasos que daban y solo al llegar a una zona segura pudo socorrer a su amigo con los primeros auxilios.

Lucumí pensó que estaría bien al ver que no estaba derramando gran cantidad de sangre, revisó los signos vitales y fue en ese instante cuando se percató que su primer amigo en el Ejército, el soldado Gaitán, ya estaba muerto.

Ese era el primer golpe doloroso para Lucumí en las Fuerzas Militares, de muchos otros que le deparaba el futuro: vio morir a varios compañeros, aguantó hambre por días, se internó en la selva sin poder siquiera bañarse y lidió con su pesar más profundo, dejar de ver a su esposa e hijos por lapsos mayores a 6 meses. En su espalda tiene más de mil batallas tras sus 20 años vistiendo los uniformes de combate, labores con las que consiguió ser galardonado como el mejor soldado profesional del Ejército Nacional en 2015 y guiar al equipo del país a tres títulos seguidos en las Olimpiadas Fuerzas Comando, competencias que se desarrollaron en Colombia (2014), Guatemala (2015) y Perú (2016), contra 19 naciones de América. Ahora, es finalista del concurso 'El Desafío', de Caracol Televisión.

Lucumí quedó en las manos de su abuela Felicidad Cárdenas desde niño. Había nacido en Bogotá, pero la separación de sus padres lo obligó a desplazarse a Puerto Tejada (Cauca) con 3 años, donde empezó a estudiar hasta que el conflicto y la aparición de bandas criminales asustaron a muchos que prefirieron salir del municipio.

Su llegada a la capital, tras la decisión de su padre, fue un suplicio, el hogar donde vivió fue un barrio en una loma de Soacha, pueblo vecino a Bogotá, donde no había ni agua ni luz. Allí, además de estudiar y con el cuidado de su abuela, quien hacía las veces de papá y mamá, debía emplearse en lo que le saliera desde los 11 años y la salida que encontró fue en talleres de ornamentación, armando puertas y ventanas.

Cuando le tocó prestar el servicio militar su esposa Liliana estaba en el embarazo de un niño luego de más de 3 años de relación, por lo que la idea de continuar en el Ejército como medio para sacar a su familia adelante le quedó como un zumbido en su mente y decidió tomar ese camino pese a lo duro que podría ser.

Soldado Lucumí

Por años, Lucumí hizo parte del Batallón de Contraguerrillas y un comando de Fuerzas Especiales.

Foto:

Cortesía de Lucumí

Mil batallas

Lucumí se internó en la selva por años. Sus primeras misiones en el Ejército fueron en los Llanos con el Batallón de Contraguerrillas, equipo con el cual era una normalidad enfrentar a las Farc.

Eran épocas difíciles, la guerrilla tenía cierto poderío y los hostigamientos a varios pueblos de esa región eran el pan de cada día. En Barranco Minas, un municipio del Guainía, tuvo que auxiliar a la Policía tras una asonada, al ingresar al pueblo veía cómo algunos patrulleros lloraban de miedo y fue ahí cuando entendió que en su oficio no podría ser ni el más miedoso ni tampoco el temerario.

Todo ser humano tiene miedo, es lo que nos ayuda a sobrevivir. El temerario es el primero que muere, hay que saber manejar el miedo

“Todo ser humano tiene miedo, es lo que nos ayuda a sobrevivir. El temerario es el primero que muere, hay que saber manejar el miedo”, dice como un lema que le ayudó a seguir pese a los peligros que enfrentaba.

Estuvo varias veces de frente a la muerte. En Colombia, en el Huila, un esquirla estuvo a punto de rozarlo y dejarlo tendido en la selva; en el Cauca les volaban ‘tatucos’, uno de ellos cayó a escasos metros de su Cabo y de él, se salvaron debido a que quedó enterrado en la tierra y los fragmentos de pólvora no los alcanzaron, en ese departamento, además, los acorralaban con disparos de ametralladora en los cerros; o en El Castillo, en el Meta, donde duraron 20 días en un campamento y en cada uno de ellos fueron atacados con cilindros bomba, pero Lucumí contaba con la suerte de que nunca le pasó algo grave.

Sus años de mayor dificultad fueron con el Batallón Comando, quienes se encargan de misiones de importancia vital para el país, por lo que estuvo en muchos de los grandes golpes a las guerrillas.

En una de esas operaciones, en Mesetas, pueblo del Meta donde las Farc tenían una de sus más grandes fortalezas, Lucumí presenció cuando sus compañeros eran asesinados, también como otros caían en minas y por su cabeza pasaba que en cualquier momento podría pisar una de esas bombas al ir de puntero.

“Mucho colombiano critica a las fuerzas militares, no saben cuál es el trabajo que hace un soldado. Yo duré hasta 25 días sin bañarme en el Ejército, cargando ración todo el tiempo y no es que encuentre un charquito y pueda bañarme. En Fuerzas Especiales toca estar concentrado en la misión, son cosas difíciles”, cuenta el soldado.

Yo duré hasta 25 días sin bañarme en el Ejército, cargando ración todo el tiempo y no es que encuentre un charquito y pueda bañarme

El peor desafío

Desde sus inicios en el Ejército la única forma que tenía para comunicarse con su esposa Liliana fueron las cartas que se mandaban. Por la complejidad de sus misiones duraba hasta ocho meses sin ir a visitar a sus tres hijos y a ella. Las pocas veces que escuchaba sus voces era cuando, por casualidad, encontraba un Telecom en un pueblo.

“Es duro no ver a la familia. Uno sale y son 15 días de permiso y vuelva a arrancar. Todo se vuelve costumbre.
Uno se va mentalizando y piensa lo duro que es volver y hacer las cuentas para salir de nuevo”, dice Lucumí.

Además de perder a muchos de sus ‘garritas’ en combate, como llama a sus amigos del Ejército, a Lucumí le pesa que haber estado lejos de su familia, con quienes trata de compartir desde que llegó su baja como soldado profesional hace un año, aunque reconoce que ha sido complejo.

“A mis hijos mayores querer aconsejarlos, decirles que estudian, hagan esto o lo otro ha sido difícil. Quizá dicen este hombre todo el tiempo por allá y ahora viene a dárselas de buen papá. Ellos no entienden que lo que hacía era por ellos, por tener una estabilidad y sacarlos adelante. Espero que las cosas mejoren por ese lado”, relata.

Soldado Lucumí

Lucumí sueña con comenzar una carrera universitaria tras pasar más de 20 años en el Ejército.

Foto:

Cortesía de Lucumí

Quizá dicen este hombre todo el tiempo por allá y ahora viene a dárselas de buen papá

Su última etapa fue en el ‘Desafío Súper Humanos’, programa que enfrentó a varios colombianos con grandes capacidades físicas en República Dominicana. Donde, por momentos, revivió situaciones que atravesó con normalidad en el Ejército.

Para Lucumí, el 'Desafío' es muy duro para ciertas personas, vio a niñas llorando, a gente aguantando hambre y estar en condiciones que nunca les había pasado, como dejar de bañarse y dormir mal. “Es chistoso cuando dicen que Lucumí nunca fue a muerte, que le da miedo. Yo me pregunto: ¿cómo pueden decir eso de una persona que ha estado en situaciones tan difíciles por un juego que lo máximo que puede pasar es irse para la casa?”, dice.

El ahora exsoldado solo piensa en estar con su adoración, que es Ana, su hija de 10 años, de sus dos hijos mayores y de la ‘mona’, como llama a su esposa, a quien se le quita el sombrero por estar tanto tiempo con él y durar seis meses esperándolo para verlo solo por 15 días.

Sobre la guerra en la que empeñó la mitad de su vida para combatirla, Lucumí considera que siempre ha sido un negocio en el cual media, por ejemplo, el narcotráfico y el secuestro.

Su futuro podría estar de nuevo en combate, pues lo llamaron de Dubaí para integrar un Ejército, donde el sueldo podría convencerlo. No obstante, compartir con sus hijos es la prioridad y no los quiere volver a dejar. "No es cambiar bienestar por plata, puedo ganar mucha, pero es volver a estar lejos de mi esposa y familia. Me daría muy duro".

CRISTIAN ÁVILA JIMÉNEZ
Redactor de NACIÓN
EL TIEMPO

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