Diplomacia de China con Colombia: fútbol, periodismo y acupuntura

Diplomacia de China con Colombia: fútbol, periodismo y acupuntura

Nicolás Tanco, hijo de un ministro de Simón Bolívar, primer colombiano que pisó ese país asiático.

Jorge Zalamea en China

En 1952, los escritores Manuel Zapata (centro) y Jorge Zalamea (segundo desde la der.) participaron en Pekín en una conferencia sobre la paz.

Foto:

Colección Jorge Zalamea

Por: Enrique Posada*
02 de septiembre 2020 , 08:56 p. m.

Con motivo de cumplirse este año el 40 aniversario de las relaciones colombo-chinas a nivel de embajadas, vale la pena reseñar aquí algunos inéditos episodios de los vínculos entre ambos pueblos y países.

¿Sabía usted quién fue el primer colombiano en pisar tierra de China? Se llamaba Nicolás Tanco Armero, hijo de un ministro de Hacienda de Simón Bolívar nacido en 1830. Luego de cursar estudios en Nueva York y París, Nicolás regresó a Colombia para convertirse en acérrimo opositor del presidente José Hilario López, lo cual le valió ser encarcelado durante tres meses. Una vez puesto en libertad en 1851, decidió embarcarse hacia donde lo llevara el primer barco que saliera de Cartagena.

Así llegó a La Habana, donde, sin conocer a nadie, se empleó como maestro de escuela. Pasados algunos meses, fue contratado como administrador de un ingenio azucarero. Y como los cubanos tenían ya una clara idea de que en el sur de China peruanos dueños del guano compraban, a través de traficantes portugueses, siervos culíes, le propusieron a Tanco desempeñarse como su agente en Asia.

Tanco, soltero y con solo veintiún años de edad, aceptó sin poner condiciones. Luego de un recorrido marítimo de veinticinco mil kilómetros a través de dos continentes, llegó a Hong Kong el 25 de junio de 1855. Su estadía en China duraría tres años, tiempo en el cual Tanco despachó hacia Cuba tres barcos repletos de culíes, hasta el estallido en 1856 de la segunda guerra del opio que enfrentó a China con Inglaterra.

Regresó entonces al país, y de sus experiencias de tres años en China quedó un libro: Viaje de la Nueva Granada a China y de China a Francia.

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Bastantes años después de Tanco, solo hasta 1952 hay registros de colombianos ilustres, dos de ellos los escritores Jorge Zalamea y Manuel Zapata Olivella, que ese año llegaron a Pekín para participar en una conferencia de los pueblos del mundo sobre la paz.
Zapata haría un segundo viaje en 1957, cuando arribó a China con su hermana Delia al frente de su Conjunto de Danzas y Folclor del Pacífico.

Llegamos así al año 1958, cuando, inaugurado el Frente Nacional, Laureano Gómez compartía el poder político con Alberto Lleras Camargo. Es una oscura época de guerra fría en la que China, denominada la ‘cortina de bambú’, representaban, junto con la Unión Soviética, el coco del comunismo. Ese año fue invitada a Corea una delegación de parlamentarios colombianos, y al senador Joaquín Franco Burgos se le ocurrió que, estando allí, Pekín les quedaría a un paso.

Pero, dada la situación política, para que unos colombianos de esa talla se aventuraran a pisar territorio chino había que pedirle permiso, en términos literales, al jefe supremo del partido cogobernante Laureano Gómez, conocido como ‘el monstruo’. Burgos relata que fue a verlo, y “... cuando le abordé lo del viaje, su silencio fue completo, pero cuando le manifesté que el proyecto se extendería hasta la China comunista, me dijo que estaba interesado en conocer algo acerca de las comunas del gobierno de Mao Tse Tung. Yo me dije: ‘ya este escollo está resuelto’ (del álbum China y Colombia: Treintaicinco años de travesía diplomática)”. Fue así como la mencionada delegación pudo llegar a la capital china y convertirse en los primeros colombianos en ser recibidos por Mao.

Con Alfonso López Michelsen como jefe de Estado (1974-1978), se esperaba que, por su tendencia de centroizquierda, quedara en la historia como el Presidente que estableció las relaciones diplomáticas con China. Pero esto tenía como prerrequisito el establecimiento de las mismas por parte de Estados Unidos, lo que solo ocurrió en 1979, ya con López de salida como mandatario. Un año después, con un extremo-derechista en la presidencia, Julio César Turbay Ayala, Colombia abrió su embajada en Pekín, nombrando para el cargo, de modo igualmente paradójico, al más relevante protagonista del empresariado colombiano: Julio Mario Santodomingo, quien se daba el lujo de recorrer varias manzanas en bicicleta, sin escoltas, para comprar, en el Almacén de la Amistad, “el mejor yogur del mundo”.

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Pero veamos algunos antecedentes claves de dicha apertura.

En septiembre de 1977 se fundó la Asociación de la Amistad Colombo China, a cuyos cuadros directivos se incorporaron empresarios como Juan Sebastián Betancur y Jorge Cárdenas Gutiérrez, y dirigentes políticos como Belisario Betancur y Ernesto Samper e intelectuales y periodistas de la talla de Guillermo Perry, Samuel Klahr y Daniel Samper.

Ese mismo año se anunció la llegada del novato y único equipo de fútbol existente en China para un encuentro amistoso con el Club Santafé. Una agrupación política afecta a China, el Moir, se encargó de medio llenar el estadio. Pero se presentó un incidente que estuvo a punto de dar al traste con esta diplomacia del fútbol, y fue que en el momento de escuchar el himno de la República Popular China enseguida del de Colombia, los futbolistas chinos se plantaron, en el centro del estadio, agitando pañuelos y la bandera de su país en una señal de protesta que muy pocos entendían.

Algunos de los más familiarizados con los asuntos chinos, dieron la voz de alarma según la cual el himno, que seguía sonando, no era el de la República Popular China, sino el de Taiwán, algo inaceptable para Pekín, en cuyo criterio esta no puede en absoluto considerarse un país, sino su provincia en rebeldía. Los taiwaneses habían metido un soberano gol a Pekín en el momento en que los inocentes músicos bogotanos se acercaron a su sede en busca del himno. Con la ovación de aplausos que siguió a la protesta, se conjuró la suspensión del partido, que ganó la selección del país visitante, en elegante desquite consentido.

Sin embargo, el más claro antecedente del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países fue la apertura de la oficina de la Agencia de Noticias Nueva China, Xinhua, en Bogotá. A través de su delegación en la ONU, cuya silla, gracias a la letra C, colindaba con la de nuestro embajador Indalecio Liévano, los chinos arreciaron sus contactos con Colombia poco después de la posesión como presidente de Julio César Turbay Ayala (1978-1982). Sus primeras gestiones fueron para que el Gobierno colombiano permitiera la instalación en Bogotá de una oficina de la referida agencia de noticias, pero la falta de representación diplomática aquí implicaba un serio escollo para que dos periodistas chinos obtuvieran visas de trabajo.

A comienzos de 1979, el autor de esta crónica recibió una llamada de un ciudadano chino que, luego de identificarse como representante de Xinhua, donde yo había laborado, me expuso la iniciativa de establecer una filial de la misma en Bogotá.

Al entender que esto solo sería posible con la aprobación del gobierno nacional, acudí a mi amigo Ricardo Samper, quien, en compañía de su mujer Consuelo Lleras Puga, entonces representante a la Cámara, comenzó gestiones ante el canciller Diego Uribe Vargas a fin de lograr ese propósito. Mensajes iban y venían entre Bogotá y Nueva York, sede de la ONU, mientras el propio canciller despejaba, con la ayuda de Consuelo, sus inquietudes sobre el propósito de China Popular de establecer tal agencia.

Al cabo de unas semanas, Diego Uribe llamó a Consuelo Lleras para preguntarle: “¿Quieres decirme cómo son los nombres de esos ‘piscos’ chinos?”. Ella se los deletreó: Qiu Ling y Wu Huizhong. El tema de sus visas quedó resuelto en ese momento.

El himno que sonó en el estadio no era el de China, sino el de Taiwán, algo inaceptable para Pekín, en cuyo criterio esta no puede en absoluto considerarse un país, sino su provincia en
rebeldía

¿Quién era Qiu Ling y cómo contribuyó, valido de sus habilidades y competencias, a la apertura de las relaciones diplomáticas de su país con el nuestro? Era un secreto a voces que los jefes corresponsales de Xinhua en países carentes de relaciones diplomáticas, como era el caso de Colombia, fungían como una especie de diplomáticos de facto. Pero este enviado a Colombia, Qiu Ling, era, además de periodista, un excelente acupunturista. Su experticia en esa ancestral terapia china le sirvió como pasaporte para llegar hasta los recintos del palacio de Nariño, donde atendió durante numerosas sesiones los lumbagos y otras acalladas dolencias del presidente Turbay.

Le valió también para, tal como alguna vez Qiu Ling lo dijo sonriente, trabar cierta amistad con el Presidente y transmitirle la imagen de los chinos como personas de carne y huesos en nada diferentes al resto de los seres humanos.

El primer apartamento-oficina arrendado por Xinhua era un penthouse ubicado en la esquina noroccidental de la calle 53 con carrera 30, precisamente diagonal a la sede de la embajada dominicana que fue tomada por el M 19 el 27 de febrero de 1980.

Al día siguiente, llamé a Qiu Ling para manifestarle mi preocupación por esta que, en mi opinión, era una desafortunada circunstancia, pero su respuesta fue que se sentían como los más privilegiados periodistas de la ciudad al poder observar todo cuanto acontecía dentro de la embajada y tomar fotos sin necesidad de moverse de su apartamento.

Avezado negociador, Qiu supo manejar la transición de las manos de Taiwán a las de Beijing de bienes tales como un automóvil Mercedes con placas diplomáticas y la casa de la 79 con carrera tercera en Bogotá, remodelada y convertida hoy en flamante residencia del embajador.

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ENRIQUE POSADA
Para EL TIEMPO
* Fundador del Observatorio Asia Pacífico y del Instituto Confucio de la Universidad Tadeo Lozano. Escritor, sinólogo y exministro Plenipotenciario de la Embajada de Colombia en China.

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