Él decía que su trabajo era arriesgado: madre de víctima de Charijara

Él decía que su trabajo era arriesgado: madre de víctima de Charijara

Una semana después de la tragedia del puente en la vía al Llano, familiares entierran sus muertos.

Gildardo Jiménez victima en Chirajara

Gildardo Jiménez tenía 31 años, llevaba 6 meses trabajando en el puente de Chirajara.

Foto:

Archivo Particular

Por: Nación
22 de enero 2018 , 12:58 p.m.

El sol de las tres de la tarde se abría sobre el cielo de la Vereda la Albania, en Vista Hermosa (Meta), cuando Yanibe Otálora recibió la noticia de que Gildardo Jiménez, su hijo, había muerto en el colapso del puente Chirajara.

Jímenez, de 31 años, fue uno de los nueve obreros que fallecieron el pasado quince de enero tras el desplome del puente en construcción ubicado en Guayabetal, Cundinamarca y que hacía parte de las obras de la doble calzada Bogotá-Villavicencio.

Yo le decía que por qué no se buscaba otro trabajo, pero el me respondía que intentara comprender que tenía una responsabilidad económica muy grande con su hogar.

“Yo le decía que por qué no se buscaba otro trabajo, pero el me respondía que intentara comprender que tenía una responsabilidad económica muy grande con su hogar. Que debía mantener a su familia”, relata Yanibe con la voz de una madre que quisiera devolver el tiempo.

Gildardo tenía 25 años cuando decidió abandonar la sensación del pasto recién cortado bajo sus pies, para irse a trabajar en las alturas. Ocurrió en el 2011, cuando en La Albania había comenzado la construcción de un nuevo puente sobre el río Guapaya y Gildardo optó por renunciar a las labores de campesinado que realizaba en la finca familiar por participar en la ejecución de la obra.

Gildardo Jiménez victima en Chirajara

A sus 25 años, Gildardo había decidido dejar de trabajar en el campo para participar en la construcción de puentes de gran altura. 

Foto:

Archivo Particular

“El me decía que ese trabajo en los puentes era muy arriesgado, pero que si se salía no iba a poder conseguir otro rápido” afirma Yanibe, y agrega que su hijo tan solo llevaba seis meses trabajando para el puente de Chirajara cuando ocurrió la tragedia.

En octubre, cuando su madre lo vió por última vez, Gildardo había viajado con dos de sus cuatro hijos desde Villavicencio, donde residía, hasta Vista Hermosa para visitarla. Sus familiares, hoy consternados por la pérdida, relatan que se le veía de buen semblante y con una sonrisa habitual descansando en su rostro.

Los días en los que no permanecía a más de doscientos metros de altura, Jiménez estaba en Suarez, Tolima, con sus cuatro hijos: dos niños gemelos de ocho años, uno de dos años y un hijastro adolescente.

“Nunca fue un muchacho problemático ni grosero. Siempre estaba trabajando, atento a todo lo que pasara con la familia. Era muy especial conmigo”, declara Yanibe.

En ocasiones, en sus horas de descanso, Gildardo solía provocar la angustia de su madre con fotografías desde el puente en el que laboraba en compañía de otras 160 personas y que esperaba culminar en marzo de este año. En las imágenes dejaba entrever ese espíritu trabajador, que según resaltan sus familiares, estuvo con él durante toda su vida.

En la tarde de este jueves, tres días después del accidente, Yanibe presenció el entierro del mayor de sus tres hijos. “Lo recordaré como el buen padre, hijo y hermano que fue, seguirá vivo en nuestros corazones”, afirmó.

Lo recordaré como el buen padre, hijo y hermano que fue, seguirá vivo en nuestros corazones

El martes pasado, a través de un comunicado, Coviandes S. A, consorcio encargado de la ejecución de la obra del puente de Chirajara, aseguró que en esos momentos su prioridad era “prestarles atención a las familias de los afectados”, sin embargo, la familia de la victima asegura que hasta la noche de este jueves, la entidad no se había comunicado con ellos.

En Caldas recuerdan a Giovanny Quiroz, como un hombre alegre y trabajador

La última vez que vieron por las calles de La Felisa a Giovanny Quiroz Delgado fue durante la fiesta de Año Nuevo. Los vecinos aún recuerdan esa noche donde, después de las 12, pasó casa por casa deseando un feliz año a la comunidad que lo vio crecer.

Después de esa noche partió a Bogotá para continuar con la construcción de un puente en Chirajara, que comunicaría la capital del país con Villavicencio.

Fue por esas mismas calles donde se crio, aprendió a jugar fútbol, a bailar y a hacer una que otra maldad, como todo niño. De hecho, por lo inquieto que era, muchos lo conocían como ‘Mala yerba’.

Pero ‘Mala yerba’ creció y de él solo quedó la fama. Desde los 15 años se volvió un hombre ejemplar que despertó admiración y respeto de todos en el pueblo.

A esa edad conformó su familia y comenzó a trabajar en el sector de la construcción, con el que recorrió el país durante más de 20 años para participar de diferentes obras. Así sacó a sus tres hijas adelante, incluso, ya era abuelo.

Era un hombre muy trabajador, muy alegre, muy buen padre, muy buen hermano, muy buen hijo


A los 44 años se desempeñaba como capataz en el puente Chirajara, en Guayabetal, Cundinamarca. Por este motivo se trasladó a vivir a Bogotá, para estar más cerca de su trabajo.

“Era un hombre muy trabajador, muy alegre, muy buen padre, muy buen hermano, muy buen hijo”, así lo recuerda Vivian Quiroz, su hermana.

Durante las fiestas de fin de año, él manifestó en varias oportunidades que estaba a punto de terminar el trabajo en la vía entre Bogotá y Villavicencio, motivo por el que estaba contento y optimista, porque así podría tomarse un tiempo para estar en La Felisa.

Contó que, si todo salía bien, regresaría en Semana Santa. Dice su hermana que uno de sus sueños era construir una vivienda para cuando él, su esposa, sus tres hijas y su nieto llegaran hasta el lugar, tuvieran donde estar. Ya había cotizado los materiales y esperaba comenzar las obras pronto.

Sin embargo, volvió a su lugar natal antes de tiempo y en un estado que jamás imaginaron. Regresó con otro compañero oriundo de La Felisa, Alberto Antonio Calle Ortiz, que también falleció en pasado lunes 15 de enero cuando colapsó el puente en el que laboraban.

La comunidad rindió un homenaje a los dos hombres el jueves 18 de enero con una eucaristía en la iglesia de La Felisa, para que posteriormente fueran sepultados en cementerio de Supía, ya que en La Merced no hay uno.


NACIÓN. 

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