‘Hicimos un pacto: ella buscaba a mi hijo y yo cuidaba la familia’

‘Hicimos un pacto: ella buscaba a mi hijo y yo cuidaba la familia’

Restos de Óscar Morales son los únicos que no han sido encontrados entre los 19 jóvenes de Soacha.

‘Hicimos un pacto: ella buscaba a mi hijo y yo cuidaba la familia’, padre de desaparecido

Óscar Alexánder Morales y Doris Tejada celebrando juntos el Día de la Madre.

Foto:

Archivo familiar

23 de julio 2018 , 08:02 p.m.

En casa de Darío Alfonso Morales no se celebra Año Nuevo desde hace 10 años. Cada 31 de diciembre, su esposa y sus hijos se acuestan temprano para evitar la cena de medianoche. La familia Morales Tejada está incompleta. Falta Óscar Alexánder Morales Tejada, retenido y desaparecido por miembros del Ejército en enero del 2008.
Darío es fusagasugueño. Vivió gran parte de su vida en su pueblo, y aunque sus hijos nacieron en Bogotá, se los llevó chiquitos a vivir en la tierra de Lucho Herrera. Allí creció Óscar Alexánder, el gordito de la casa. Un joven charlatán y garlero, al que le gustaba escuchar las historias de los viejos casi tanto como trabajar.

Óscar era un hijo amoroso y detallista, en especial con Doris Tejada, su mamá. Durante las comidas le regalaba elogios a la sazón de los platos para conseguir un bocadito más, “verlo apapuchar a la mamá por comida nos hacía reír”, cuenta con nostalgia Darío.

Doris lo recuerda bailarín –porque salió como ella– y alegre, le gustaba cantar música mexicana, en especial Vicente Fernández y Juan Gabriel. Aunque descuidado, botaba los celulares todo el tiempo –recién comprados los dejaba en el primer baño que entraba–, siempre fue responsable con sus obligaciones. Tenía muchas pretendientes, pero nunca se comprometió porque quería comprar una casa antes de tener hijos.

También era muy trabajador. A los 26 años –edad en la que fue asesinado– había trabajado como celador, obrero, vendedor de ropa y rifas –era de los que daba crédito– y cadenero en una misión topográfica.

A finales noviembre del 2007, Óscar recibió la paga atrasada de tres meses por un trabajo que había realizado en el barrio Altos de Pekín, en Fusa. Con el dinero en mano, Alexánder se dispuso a hacer una de las cosas que mejor se le daba: vender ropa.

En Bogotá se abasteció de jeans y zapatos. Entre el 10 y el 11 diciembre, Óscar Alexánder se fue a Ureña, Venezuela, cerca de la frontera en Cúcuta. El plan era quedarse con el menor de sus hermanos, Carlos Morales, hasta vender toda la ropa.

El 26 diciembre, los hermanos Morales se encontraron por última vez. Óscar se estaba quedando solo, porque Carlos vivía como invitado en una casa de familia y no podía acoger a su hermano. Ese día acordaron verse de nuevo el 29 de diciembre para regresar juntos a Fusagasugá.

Carlos Morales compró su tiquete y llegó al punto de encuentro el 29, pero su hermano no llegó. El 31, cerca de medianoche, Óscar Alexánder llamó a sus padres; esa fue la última vez que hablaron con él.

“A las 11:30 de la noche llamaron, era él, era Óscar Alexánder. Estaba en Cúcuta. Cuando hablamos lo sentí triste. Fuera de los dos años de servicio militar, él nunca había pasado un 31 fuera de la casa”, recuerda Darío Morales sobre la última charla con su hijo.

Esa noche, Óscar habló con todo su núcleo familiar. Doris cree que de alguna forma él sabía que no iba a volver. A ella, como siempre, la apapachó y le dijo que era la mejor mamá del mundo y que, sobre todo, la amaba. Óscar estaba en el centro de Cúcuta esperando a que le pagaran una ropa que había fiado, y quedó de regresar para el puente de Reyes.

‘Hicimos un pacto: ella buscaba a mi hijo y yo cuidaba la familia’, padre de desaparecido

En 2016, Doris se tatuó el rostro de su hijo Óscar en el brazo derecho para conmemorar 8 años de su muerte.

Foto:

Juan Parra / EL TIEMPO

‘Su hijo murió en un enfrentamiento con el Ejército’

Darío y Doris lo esperaron hasta el 4 de enero del 2008. Luego lo empezaron a llamar, pero Óscar nunca volvió a contestar. Los padres pensaron que había botado el celular o que seguía en Venezuela –probablemente quedándose donde sus tías– y por eso cada llamada iba directo al correo de voz.

El carácter trashumante de Óscar relajó a su padre. Alexánder solía viajar sin avisar por trabajo y pasaba meses sin llamar porque botaba los celulares. Era una persona difícil de localizar.

“Yo sentía en mi corazón que él estaba bien. Yo pensaba: ‘este vergajo va a aparecer con una mujer o con un chino en cualquier momento’. Pero, la verdad, nunca sospeché que él ya estuviera muerto”, explica Darío Morales.


Así, confiados en la providencia y en el carácter de su hijo, pasaron más dos años. Doris había estado averiguando en hospitales y comisarías y con familiares y amigos, pero no encontró nada.

Antes de desaparecer, Alexánder había solicitado un cambio de cédula. En septiembre del 2010, Doris fue a la Registraduría a reclamar el documento. Se encontró el número tachado. Preguntó y le dijeron que el dueño de esa cédula estaba muerto. Cogió para el CTI de Fusa, ahí confirmaron que esa cédula había sido dada de baja en Copey, Cesar, pero quedaron de darle más información.

A los dos días, Doris regresó al CTI. Los funcionarios le certificaron que Óscar había muerto de forma violenta durante un enfrentamiento con el Ejército el 16 de enero del 2008. Le aseguraron que en el expediente constaba que su hijo era parte de una organización armada que extorsionaba en Cesar y que había muerto junto con otros hombres. Finalmente, le entregaron el número de defunción.

Doris salió del CTI llena de incredulidad y rabia por lo que le habían dicho, conocía a su hijo, nadie puede cambiar tanto en 16 días. Pensando en eso, no se fijó por dónde iba y se cayó, se rompió el radio del brazo izquierdo. En el hospital se encontró con Darío. Esta vez no le entregó un hijo, como lo había hecho seis veces antes, sino que le contó que a Óscar Alexánder lo habían asesinado.

Aún convaleciente, Doris empezó la búsqueda de los restos de su hijo. Darío le decía que no estaban seguros de si él estaba en Copey y que no tenían plata para el viaje. En el fondo, Darío tenía miedo, los casos de asesinatos extrajudiciales por parte de miembros de la Fuerza Pública para recibir bonificaciones y vacaciones ya estaban en la radio y la televisión. Pero no solo los jóvenes habían desaparecido, con ellos también había casos de los padres y hermanos que iban a reclamar.

Pero como todo padre, Darío empezó a pensar en su hijo todo el tiempo y al final encontró una explicación para lo ocurrido. “Yo les había enseñado a mis hijos a coger bus para Fusa en Soacha. Entonces no había terminal, uno cogía el colectivo en el puente después de San Mateo. Óscar debió bajarse ahí y lo cogieron. Mi hijo podía ser un caso de ‘falso positivo’ ”, reflexiona Darío.

En realidad, no hay certeza de cómo Óscar llegó hasta Copey ni de lo que hizo los 16 días que vivió desde que habló con su familia hasta cuando fue asesinado con dos disparos, uno en la quijada y otro en la parte baja de la espalda.

Fue en 2011, cuando las madres de Soacha empezaron su campaña para sacar a sus hijos de fosas comunes regadas por todo el país, que Darío y Doris hicieron su pacto que han honrado por 7 años:

La búsqueda de un desaparecido

El caso por la muerte de Óscar Alexánder Morales Tejada comenzó en la Jurisdicción Penal Militar, donde estuvo estancado por años. En 2014, Doris logró que el caso pasara a la justicia ordinaria, con lo cual se reconoce que la muerte de su hijo no se dio, como se dijo inicialmente, durante un procedimiento conforme a la ley de los miembros del Ejército, sino de un homicidio agravado cometido por estos.

Doris consiguió a 500 personas que están dispuestas a atestiguar ante un juez, en cualquier parte del país y en cualquier momento, que conocieron a Óscar Alexánder y el tipo de persona que era.

El arduo trabajo de Doris y de otras integrantes de Madres Ejecuciones Extrajudiciales Soacha y Bogotá (Mafapo) ayudó a determinar que Óscar fue asesinado junto con otros dos jóvenes cucuteños: Octavio David Bilbao y Germán Leal Pérez. Los tres fueron enterrados en Copey afirmando que hacían parte de un grupo de extorsionistas que azotaba el municipio. Los otros dos jóvenes desaparecieron en Cúcuta a inicios de enero del 2008, cuando acudieron a una oferta de empleo. Germán, que recibió una llamada a su casa a mediodía, dejó servido el almuerzo.

A inicios del 2014, Darío y su esposa viajaron por primera vez al lugar donde fue enterrado su hijo. Ese día participaron de un acto simbólico junto con otras familias y sembraron tres caballeros de la noche en el lote donde se supone está Óscar.

Solo hasta este año regresaron a Copey, está vez acompañados de Medicina Legal, para exhumar los cuerpos de los tres jóvenes. El lugar donde está enterrado Óscar, considerado el cementerio de la vereda El Reposo, es un potrero sin señal alguna de que hay más de 50 cuerpos enterrados. La falta de señalización u orden en los entierros hace muy difícil dar con los restos de Óscar.

En esa ocasión, solo se encontraron dos cuerpos, el tercero no apareció. Medicina Legal estima que los resultados que determinen si los restos encontrados corresponde a alguno de los tres desaparecidos estarán listos a final de año.Del grupo de 19 jóvenes que fueron retenidos, asesinados y que se los hizo pasar como supuestos guerrilleros, conocidos como falsos desaparecidos, Óscar Alexánder Morales Tejada es el único que no ha sido hallado.



Según el informe del 2016 del Centro Nacional de Memoria Histórica ‘Hasta encontrarlos, el drama de la desaparición forzada en Colombia’, 60.630 personas habían sido víctimas de desaparición forzada en el país, de las cuales solo se conoce el paradero de 8.122. Óscar hace parte de los que aún no han tenido un entierro.

La familia, antes y después

Doris quería de pequeña ser bailarina, pero la vida la hizo madre de un desaparecido, orgullosa abuela y activista por la defensa de los derechos humanos.

Darío vendió su casa para solventar los gastos de la búsqueda de su hijo. Su sueño de toda la vida era tener un ranchito con una pieza para cada uno de sus hijos y sus familias, donde pudieran pasar juntos las fechas especiales. Hoy día no ha encontrado a su hijo, vendió su casa y su familia vive en lo que él llama una tortura china.

“Antes de la desaparición de Óscar Alexánder éramos felices. Pobres, pero felices. Salíamos de paseo. Yo tenía un pedazo de carro y nos íbamos a un río a comer gallina y papas. Pero eso se acabó. Hoy no hay nada. Toda nuestra conversación termina con pesadumbre y llanto”, afirma Darío.

JUAN PABLO PARRA ESCOBAR

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.