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Excombatientes en La Guajira producen melón y plantas aromáticas
Exfarc siembran melón

Para los excombatientes de las Farc en Pondores, el éxito de su reincorporación radica también en que la población se vea beneficiada con proyectos sostenibles.

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Excombatientes en La Guajira producen melón y plantas aromáticas

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También tienen un emprendimiento turístico, crían gallinas y ganado.

El melón y las plantas aromáticas son una de las nuevas apuestas productivas que exguerrilleros de las Farc adelantan en la granja San Luis, en el antiguo espacio territorial de capacitación y reincorporación (ETCR) de Pondores, en el municipio guajiro de Fonseca.

Desde el pasado 19 de mayo, que comenzó la cosecha, sacan diariamente unos dos mil kilos de fruta, la cual es comercializada a los foráneos que llegan a la zona.

El responsable del cultivo de melones se Efrén Acosta Nieves, quien fuera conocido como ‘Nilson’ durante los 25 años que hizo parte de la guerrilla de las Farc-EP.

Él es un indígena wiwa y hoy tiene 43 años.

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Efrén trabajó en los cultivos de banano y tomate, dos de las primeras apuestas productivas exitosas de esta granja, que les permitió hacerse proveedores del Programa Mundial de Alimentos (PMA), a través del Programa de Alimentación Escolar de La Guajira.

Durante cinco meses, sus productos formaron parte de los desayunos de los niños de 14 escuelas del municipio de Fonseca.


“Pero no tuvo sostenibilidad, porque tuvimos problemas con el agua; y ahora mismo estamos ensayando con el melón, para ver cuál es mejor. Hemos estado entre éxito y fracaso, innovando, probando y trabajando sin parar para sacar adelante nuestras familias y el proceso de paz”, agrega Efrén.

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... estamos ensayando con el melón, para ver cuál es mejor. Hemos estado entre éxito y fracaso, innovando, probando y trabajando sin parar para sacar adelante nuestras familias y el proceso de paz

Desde hace cuatro años, esta finca concentra los proyectos productivos agropecuarios de los exguerrilleros de las Farc que adelantan su proceso de reincorporación a la vida civil.

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Dama verde, otra de las apuestas productivas

En la granja San Luis se está gestando otro proyecto, con apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), conocido como ‘Dama Verde’, que es liderado por el grupo de género del ETCR y en el que trabajan 39 mujeres y dos hombres.

Consiste en sembrar y procesar plantas aromáticas y medicinales para hacer té y venderlo ya empacado.

Además, tienen un programa de turismo ecológico, un granero que vende insumos agrícolas, así como un proyecto colectivo de cría de ovejas y proyectos individuales de engorde de bovinos.

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Todas estas iniciativas productivas han sido acompañadas en el día a día, por la Misión de Verificación de las Naciones Unidas que tiene un equipo local en Fonseca, para verificar la reincorporación social, política y económica de los excombatientes, así como sus garantías de seguridad junto a la comunidad y líderes sociales.

Su rol también ha sido el de articulador y facilitador de la labor que realizan las agencias de las Naciones Unidas en el terreno, además de su papel de incidencia y coordinación con la Fuerza Pública y la institucionalidad que acompaña el proceso de reincorporación de los excombatientes en Pondores.

Tocan puertas para surgir La Esperanza

El galpón ‘La Esperanza’, es un criadero de aves con 3.000 gallinas que produce 35.000 huevos al mes, los cuales son comercializados en el corregimiento de Conejo y en los supermercados de Fonseca.

Este proyecto inició hace tres años con 200 gallinas que producían 190 huevos diarios para el autoconsumo y ha logrado salir adelante con el apoyo del PMA y la ONG Paso Colombia.

Sin embargo, aún no logra ser sostenible, se requieren 2.000 gallinas. Los excombatientes no se rinden y tocan puertas con la esperanza de lograr un apoyo para seguir adelante con el proyecto avícola.

Darwin Brito, de la ONG Paso Colombia, cuenta que este emprendimiento se fortaleció en la peor época de la pandemia de la covid-19: “al principio, hubo escasez y mucha especulación de precios, pero aquí hubo precios justos y gracias a ellos se dieron a conocer con la comunidad”.

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El desafío: la sostenibilidad

La mayoría de estas iniciativas son producto del apoyo de la cooperación internacional y de autogestión. Todas tienen algo en común, y es que, hasta ahora, no han logrado la sostenibilidad.

Para Marcos Mexel Martínez, líder de los proyectos productivos de Pondores, el problema con estos emprendimientos es que “a veces hay exceso de entusiasmo y las entidades salen a publicar que estamos muy bien, pero la realidad es otra”.

Reclama que, a casi cinco años de la firma del Acuerdo de Paz, el Gobierno no les han dado los ocho millones de pesos, a que tiene derecho cada excombatiente para sus proyectos, por lo que en ocasiones salen a buscar trabajo o a probar con otros cultivos.

Para los excombatientes de las Farc en Pondores, el éxito de su reincorporación radica también en que la población se vea beneficiada con proyectos sostenibles.

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a veces hay exceso de entusiasmo y las entidades salen a publicar que estamos muy bien, pero la realidad es otra

Lucha contra la estigmatización

cuando se me presentó la oportunidad de venir a Conejo yo no quería venir, porque había escuchado desde hace años que este era un pueblo violento, rodeado de guerrilleros y autodefensas

Desde hace cuatro años, esta finca concentra los proyectos productivos agropecuarios de los exguerrilleros de las Farc que adelantan su proceso de reincorporación a la vida civil.

Sin embargo, pocos se atreven a llegar a la zona por la estigmatización y desconocimiento de las labores que ahí se desarrollan.

Así lo confiesa Milton Vega, un curtido comprador de fruta que viajó desde Riohacha, “cuando se me presentó la oportunidad de venir a Conejo yo no quería venir, porque había escuchado desde hace años que este era un pueblo violento, rodeado de guerrilleros y autodefensas”.

Y, esa fue la fama del corregimiento de Conejo, -donde se ubica la granja-, por muchos años, por haber sido epicentro del conflicto armado, que dejó cientos de desplazados y muertos.

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Hoy, la situación es distinta. En su casco urbano y las siete veredas que lo rodean ya no se escuchan los fusiles, y los pobladores volvieron al lugar, que por años fue considerado un pueblo fantasma.

También, la población general del espacio ha aumentado con la llegada de los familiares de los excombatientes y el nacimiento de unos 50 menores desde que inició el proceso.

Eliana Mejía Ospino 
Especial para EL TIEMPO
Riohacha

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