Estas son las epidemias que han atacado a Colombia en 500 años

Estas son las epidemias que han atacado a Colombia en 500 años

Un recorrido histórico de la mano y la pluma del periodista y escritor Juan Gossain.

Gripe española

Esta imagen de 1918 muestra cómo la gripe española afectó la zona de Bogotá y Boyacá.

Foto:

Cortesía Cromos

Por: Juan Gossain 
09 de mayo 2020 , 11:25 p.m.

Sabe usted en qué año ocurrió la primera epidemia que le cayó encima a Colombia? ¿De qué era esa epidemia? ¿Y, desde entonces, cuál es la ciudad que más ha sufrido epidemias mientras va pasando el tiempo?

Esas fueron las preguntas que me hizo un amigo inquieto y curioso, en medio de la cuarentena, y desde ese momento no volví a tener tranquilidad hasta que me puse a investigar por todas partes. Hubo noches en que amanecí consultando libros de historia, mamotretos gigantescos, crónicas antiguas, testimonios de viajeros, relatos de navegantes.

Por eso es que hoy puedo decirles esto: es muy probable que antes del siglo dieciséis, al cual pertenece la fecha que les voy a mencionar a continuación, ya se hubiesen presentado otras pestes en el territorio del que sería nuestro país. Pero esta es la primera de la que se tenga noticia confirmada y fidedigna en los anales históricos.

Fue la epidemia de lepra que atacó a Cartagena de Indias en 1550, hace ya 470 años. En ese momento la ciudad tenía apenas diecisiete años de fundada.

Resulta que Cartagena se estaba convirtiendo ya en el principal puerto marítimo de América, en reemplazo de La Habana, para el comercio con Europa. Llegaban barcos de todas partes. En ellos, precisamente, viajaban las enfermedades colectivas.
Y, como si fuera poco, de África venían las naves cargadas de esclavos negros, una de las mayores infamias que se han cometido en la historia de la humanidad.

Elefancia y murallas

Cómo sería de gigantesca hace cinco siglos la actividad comercial en Cartagena que, en 1586, cuando habían transcurrido apenas 36 años desde los estragos que causó la lepra, el imperio español tuvo que iniciar la construcción de murallas, castillos y fortalezas, para proteger a la ciudad y sus bodegas de los ataques y saqueos de otra peste tenebrosa: los piratas.

Como hecho curioso, debo registrar que los cartageneros de esa época llamaban “elefancia” a la lepra, porque deformaba la piel humana hasta dejarla como el cuero de un elefante.

En aquel momento quedó constancia de 1.500 personas infectadas, más de la mitad de la población completa.

Aquí es donde debo hacer un alto en el camino para contarles que, de acuerdo con otros investigadores que he podido consultar, esa no fue realmente la primera sino la segunda peste registrada en Colombia.

Sostienen ellos que 36 años antes, en 1514, cuando Cartagena ni siquiera había sido fundada, una especie de peste porcina cayó sobre el Darién, en la región que hoy conocemos como Urabá, entre Antioquia, Chocó y Panamá.

La peste en Urabá

Fundada en 1510, Santa María la Antigua del Darién, situada en la región que hoy conocemos como Urabá, entre Antioquia y Chocó, fue no solo la primera población creada por los españoles en Colombia, sino en toda la tierra firme americana. Los únicos que le ganan son los pueblos isleños.

Ya hoy no existe. La saquearon los nuevos piratas colombianos y extranjeros, como los que venían de Europa a apropiarse de reliquias y tesoros históricos. Y nadie hizo nada por evitarlo. Ay, la corrupción…

Ahora vuelvo y les digo que, hacia 1514, la peste del cerdo atacó a Santa María, causando la muerte de 700 habitantes, que eran nada menos que el 70 por ciento de su población.

Muequetá de Bogotá

La historia de Colombia está repleta de tantas curiosidades y extravagancias que ni su propia capital escapa a ellas. Imagínense ustedes que Bogotá fue fundada varias veces y con distintos nombres.

La última y definitiva de ellas, que tuvo lugar en un sitio que los indígenas llamaban Muequetá, se convirtió por fin en un bautismo formal y legítimo, el 6 de agosto de 1538, oficiado por Gonzalo Jiménez de Quesada. Le pusieron por nombre Nuestra Señora de la Esperanza, pero un año después se lo cambiaron por Santa Fe.

Bueno. En ese mismo año de la fundación, como si fuera una desgarradora ironía del destino, al nuevo caserío lo aplastó su primera epidemia: una peste de gripa que ocasionó más de cien muertos. Y 262 años después, cuando ya faltaba poquito para la Independencia, la misma epidemia de gripa volvió a caer sobre Bogotá.

Temible fiebre amarilla

En esas andábamos cuando, en el año de 1729, se presentaron los primeros brotes de fiebre amarilla que atacaban no solo en el campo, sino también en sectores urbanos y en las zonas calientes del país.

Una vez más, la peste empezó en Cartagena. Un mosquito transmitía las infecciones, provocando hemorragias, hasta causar la muerte a la mitad de los contagiados. La llamaron así porque la picadura ponía pálida a la gente.

Relata el investigador Roberto Franco que esa fue la primera epidemia de fiebre amarilla que hubo en Colombia. Iba y venía. Se escondía y volvía a aparecer. Así duró 183 años, nada menos, hasta 1912, cuando se presentaron los últimos casos.

Y fue también la primera vez que el gran río Magdalena, que recorre el país de sur a norte, sirvió para llevar la desgracia. De ahí que la hayan bautizado como “fiebre del Magdalena”. Llegó, incluso, a regiones tan lejanas del interior como Ambalema, Honda, Guaduas, Girardot y Espinal.

También fue la primera vez que el río Magdalena, que recorre el país de sur a norte, sirvió para llevar la desgracia. De ahí que la hayan bautizado como “fiebre del Magdalena

Los tiempos del cólera

Pasa más de un siglo durante el cual Colombia no se salva de pestes menores. Con decirles que durante ese período en la sola ciudad de Bogotá fueron detectadas 22 epidemias diferentes, entre ellas once de viruela.

En esas andábamos cuando, en el año de 1849, Cartagena es nuevamente atacada por el cólera. Esa fue la época que Gabriel García Márquez recogió en su novela El amor en los tiempos del cólera, en la cual campean las calles históricas de Cartagena y un viaje interminable por el río Magdalena.

Poco después de la peste, José María Lisboa, un periodista y navegante portugués afincado en el Brasil, hizo un viaje por Colombia, Venezuela y Ecuador y escribió un libro en el que relata la devastación que se vivía en la ciudad.

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Cuenta, por ejemplo, que él tuvo oportunidad de visitar el hospital que el gobierno español había construido en el caserío de Caño de Loro, a la orilla del mar, a finales del siglo diecisiete.

Aquella edificación de color amarillo todavía se puede ver hoy, desde el mar, cuando uno pasa navegando por la bahía de Cartagena. Era un leprocomio colonial. Y desde entonces la gente le sigue diciendo “el lazareto”.

La reconquista

Antes de seguir adelante, pido permiso para echarle marcha atrás a la manivela del tiempo y contarles lo que ocurrió en 1815, cuando Cartagena apenas tenía cuatro años de haberse declarado independiente.

Resulta que ese mismo año la ciudad, en la que había 18.000 habitantes, fue atacada por una nueva peste de cólera.

Y en agosto la ataca también otra peste tenebrosa: el ejército de la reconquista española, comandado por el brigadier general Pablo Morillo. No se sabe cuál de las dos plagas fue peor.

Los cartageneros que no se morían enfermos se morían de fusilamiento o de hambre, porque los invasores no permitían la entrada de alimentos.

La gente no se rindió ni a la peste ni a los españoles. Por eso fue que desde entonces la llamaron ‘Ciudad Heroica’.

Seis meses después, a finales de 1815, terminaron el asedio y la epidemia. Llegaron juntos y se fueron juntos.

Y a la ciudad solo le quedaban 8.000 personas. Había perdido, en apenas cinco meses, más de la mitad de sus pobladores.

Llega la peste negra

Ya estamos en el siglo veinte. Van progresando los medios de transporte y los viajes entre poblaciones y, entonces, por ello mismo, las epidemias se expanden más rápido.
Una nueva enfermedad sorprendió al Caribe colombiano en 1913. Hacía daño en los ojos, los pulmones y los ganglios sexuales, hasta ocasionar la muerte. Era la peste bubónica, que la gente identificaba como “peste negra”.

Una cuidadosa investigación dirigida por el historiador Jorge Márquez Valderrama, de la Universidad Nacional de Bogotá, pudo establecer que los primeros casos fueron registrados en varias poblaciones del Atlántico: Usiacurí, Isabel López, Baranoa. De allí saltó a Santa Marta y Aracataca. Y de allí, a Cartagena y Calamar, en Bolívar.
Gripa española

Y así fue como llegamos a la tristemente famosa gripa española de 1918. Hizo estragos en Colombia. Entró por los puertos de Santa Marta y Cartagena, pero, para asombro de todo el país, sus peores estragos los causó en una región insospechada: las montañas de Boyacá, tan lejos del mar.

Una investigación muy cuidadosa del Museo de Historia de la Medicina, de Tunja, estableció que el virus les llegó por el camino que venía de Bogotá.

Se demostró, además, que en proporción a su tamaño y su población, fue Boyacá el lugar de Colombia más afectado, ya que murieron 2.800 personas en una región que tenía 58.600 habitantes. Imagínese: el cinco por ciento del total.

Los científicos concluyeron que esa tragedia fue posible por los efectos devastadores que causan sobre una gripa el frío y las alturas montañosas de Boyacá, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar.

Epílogo

Y así llegamos al día de hoy y al coronavirus. No quiero terminar sin mencionarles otras epidemias que han golpeado a Colombia.

De algunas de ellas todavía podrán acordarse los lectores de más edad, porque son las pestes más recientes, ocurridas en el siglo veinte y en lo que va corrido del veintiuno.
He logrado rastrear entre ellas las siguientes: la gripa asiática de 1958, la gripa de Hong Kong en 1968, el ébola que brotó en 1976 y reapareció en el 2018.

Siguen el sida de 1981, el síndrome respiratorio del 2002, la gripa aviar del 2003 y la nueva gripa porcina del 2009.

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No puedo despedirme de ustedes sin mencionar la peor epidemia que está destrozando a este país, la que ataca no solo a nuestro cuerpo sino a todas las defensas de nuestra alma, la que contagió a la justicia, la temible peste que acaba con lo que le pongan y para la que no hemos querido o podido encontrar vacuna ni remedio.

Me refiero, naturalmente, a la corrupción.

JUAN GOSSAIN
Especial para EL TIEMPO

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