Los desafíos del gobierno de Iván Duque, según Daniel Pécaut

Los desafíos del gobierno de Iván Duque, según Daniel Pécaut

El profesor colombianólogo analiza los retos de la nación colombiana y su actualidad.

‘Los colombianos deben tener una conciencia de nación por encima de sus desacuerdos’

Pécaut cree que la izquierda debe aprender a estar en la oposición y definir proyectos que no lleven a cambios radicales en las estructuras sociales del país.

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Fernando Ariza / EL TIEMPO

Por: Hernando Corral
27 de agosto 2018 , 10:32 p.m.

No hay duda de que el profesor Daniel Pécaut es el colombianólogo más incisivo y perspicaz sobre la realidad nacional. Así lo ha dejado plasmado en sus múltiples libros sobre el país: 'Orden y violencia: Colombia 1930-1954', 'Las Farc: ¿Una guerrilla sin fines?', 'Crónica de cuatro décadas de política colombiana', 'Violencia y política en Colombia: elementos de reflexión', 'Midiendo fuerzas: balance del primer año del gobierno de Álvaro Uribe Vélez'.

Pécaut es egresado de la afamada École Normale Supérieure de París, del Institut d’études Politiques –SciencesPo–. Estudió en la Sorbona con destacados profesores que después fueron sus amigos, entre ellos Raymond Aron y Louis Althusser, como se lo cuenta al sociólogo Alberto Valencia en su interesante libro 'En busca de la nación colombiana', publicado a finales del año pasado.

Aproveché su estadía en el país para preguntarle cómo ve la Colombia de hoy.

Profesor Pécaut, usted viene a Colombia sagradamente cada año a reencontrarse con este país, y producto de ello son sus numerosos libros sobre Colombia. Acaba de terminar su periplo por Bogotá, Cali y Medellín, cuando se inaugura un nuevo periodo presidencial en cabeza del joven miembro del partido del Centro Democrático Iván Duque. ¿Qué sensaciones se lleva a París de este viaje?

Mucho se habla del país, tan polarizado. Prueba de eso fue el ‘No’ en el plebiscito. Vino después el fuerte rechazo a la participación política de las Farc, que se plasmó en su gran fracaso electoral y el claro triunfo del candidato presidencial del Centro Democrático. Por lo que he leído y escuchado en este viaje, creo que la polarización no es tan fuerte como algunos dicen, y prueba de ello es la importante votación obtenida en las últimas elecciones por el candidato Sergio Fajardo.

Creo, por otro lado, que muchos de los que votaron en la segunda vuelta por Iván Duque lo hicieron por dos razones. Por un lado, porque no confiaban completamente en el discurso de Gustavo Petro por su tono demasiado populista, que en el momento no es algo que pueda seducir a muchos colombianos, y, por el otro, hay mucho susto con todo lo desconocido. A esto se le agregan el odio a las Farc, que es muy fuerte, y el miedo a la posibilidad de que los acuerdos de La Habana impliquen una serie de reformas que preocupan a muchos colombianos.

Es que la gente sabe muy bien que, más allá del problema de reparación de las víctimas, Colombia tiene que enfrentarse con problemas que vienen desde hace un siglo: desigualdad social, la mala distribución de la tierra, a pesar de algunos progresos que se hayan podido presentar. Es inevitable que la opinión se pregunte cómo se pueden enfrentar a problemas tan graves, tan importantes, siendo que su solución implica gastos sumamente onerosos. Y para la gente no es claro cómo Colombia podría económicamente hacer todas esas inversiones. En otras palabras, a los viejos problemas sin resolver se les suman los nuevos problemas, que tampoco es claro cómo se irán a solucionar. No hay que olvidar que el Estado todavía no hace presencia en muchas zonas del país y en muchas de estas regiones se han venido consolidando economías ilegales como el narcotráfico y la minería ilegal. Y lo más preocupante es que parece que el Estado no ha sabido responder con eficiencia. ¿Cómo resolver estos problemas?

A estas quejas se suman otras: que se frenaron los acuerdos de La Habana, que no se están implementando dichos acuerdos y el preocupante asesinato de líderes campesinos en distintas zonas de país.

En muchas regiones la gente está consciente de que bajaron las tasas de homicidios y se respira un ambiente de mayor tranquilidad

¿Qué impresión se lleva del presidente Duque en sus pocos días de gobernante?

Sería prematuro decir cualquier cosa. Estuve mirando en la televisión la ceremonia de posesión, y el presidente Duque hizo un discurso bastante moderado, contrastando con la intervención del presidente del Congreso, que realmente no estuvo a la altura de un país que busca la paz.

¿Cuál es su percepción en cuanto a los resultados de los acuerdos con las Farc y de las frustradas negociaciones con el Eln?

El Centro Democrático ha hecho muchas críticas al acuerdo de La Habana y durante un tiempo habló de hacer trizas dichos acuerdos. No creo que eso vaya a acontecer, porque en muchas regiones la gente está consciente de que bajaron las tasas de homicidios y se respira un ambiente de mayor tranquilidad que antes, y a pesar que la opinión critica aspectos del acuerdo, no deja de percibir las ventajas que resultan del hecho de que gran parte de las Farc dejó las armas. No hay que olvidar que Colombia no es un país aislado y hay que tener en cuenta el impacto de los organismos internacionales y la comunidad internacional, y no desdeñar las entidades financieras internacionales, incluida la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU).

No se puede desconocer la opinión de muchos de los países europeos en el sentido de que esas entidades considerarían muy mal mensaje el hecho de volver atrás. Colombia no puede prescindir del apoyo de las entidades económicas y del importante papel de la ONU para financiar varios aspectos de los acuerdos. Esta nación, a pesar de sus problemas, es uno de los países más estables de América Latina, que atrae inversiones y ha sabido manejar las tensiones inflacionarias e inspira confianza a los inversionistas. Por lo tanto, no puede correr el riesgo de que se diga que el país está entrando en un nuevo conflicto de violencias abiertas. No hay que perder de vista que el gobierno de Duque va a tener que encontrar las fórmulas para salir de problemas tan complicados.

Por ejemplo, ¿piensa usted en el problema del narcotráfico?

En este momento se ve que en las regiones donde existen grandes cultivos de coca y los sitios que sirven de ruta de salida se presentan muchos hechos de violencia con presencia de disidencias de las Farc, el Eln y grupos de narcotraficantes. Y son las mismas zonas en las que ocurren los asesinatos de líderes sociales, cuyos autores tienen orígenes muy diversificados. Vemos cómo narcotraficantes asesinan a líderes campesinos que quieren sustituir sus cultivos o, en otros casos, estos son víctimas de organizaciones que se enfrentan por el control territorial de áreas de cultivos ilícitos.

¿Pero no tiene la impresión o la percepción de que estamos repitiendo la historia? Queremos enfrentar este nuevo fenómeno de la gran producción de coca con las mismas fórmulas con las que el país ha fracasado, por ejemplo el uso del glifosato.

Es una pregunta muy difícil de contestar. La diferencia es que en los años 90, la expansión del narcotráfico se dio sin que muchos sectores tomaran conciencia de lo que eso implicaba en cuanto al crecimiento guerrillero, el crecimiento de las mafias y el auge paramilitar. Ahora me parece que la gente está mucho más consciente, y puede ser que una parte de los que hasta ahora cultivan estén listos para pasar a otras actividades económicas legales. Hay que aceptar que, en estas materias, no se ha sido muy eficiente. Tenemos que reconocerlo. Por eso, en muchos sectores no se aceptan las aspersiones aéreas, más que todo con glifosato.

¿Qué hacer? No tengo la respuesta. Sin embargo, hago dos anotaciones: 1) Creo que sigue planteado el problema de la necesidad de que los colombianos tengan una conciencia de nación.  Es decir que acepten sus desacuerdos, sus memorias diferentes, pero que, sin embargo, se vuelvan conscientes de la necesidad de tener una visión conjunta de futuro. 2) Es fundamental que en lugar de mirar siempre hacia el pasado, hacia las catástrofes del pasado, se vuelvan a construir proyectos de futuro, y eso me parece que es una responsabilidad tanto del Gobierno como de los sectores más dinámicos de la sociedad.

¿Incluida la izquierda, que desde antes de la posesión del presidente Duque le declaró una férrea oposición?

Por supuesto. La izquierda tiene que reinventarse. Durante 50 años tuvo resultados electorales sumamente flojos por el hecho de aplicar la combinación de todas las formas de lucha, que era lo que prevalecía. Incluso, sectores moderados de la izquierda no se atrevieron a criticar de frente la concepción de esa combinación de todas las formas de lucha y no pusieron en cuestión el problema de los fines y los medios. La izquierda tiene también que aprender a estar en la oposición, a definir proyectos alternativos, acceso a derechos que no impliquen un cambio radical de las estructuras sociales del país.

Y en cuanto a aspectos polémicos como la Jurisdicción Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad, ¿es usted optimista?

Todas esas entidades se van a enfrentar a desafíos muy complicados. Para hablar de la Comisión de la Verdad, no hay ninguna duda de que hay interpretaciones opuestas de lo que ha pasado, o relatos diferentes. Se ve que durante muchos años se va a mantener un conflicto de interpretaciones. Queda por ver si la Comisión de la Verdad tendrá la capacidad de mencionar, más allá de los factores contextuales del conflicto, la responsabilidad que tuvieron el conjunto de los actores armados: paramilitares, agentes del Estado, guerrillas. Hasta el momento, las que menos han reconocido su responsabilidad son las guerrillas.

En cuanto a la Jurisdicción Especial para la Paz, también tienen una responsabilidad muy grande. La pregunta es: ¿sí se puede pensar que los que se sometan a la JEP van a confesar individualmente su responsabilidad? ¿Sí se va a reconocer la responsabilidad de mando? Ahora, el peligro es si la JEP no logra, en unos plazos satisfactorios, juzgar y condenar a los mayores responsables. Si eso es así, existe el peligro de que la Corte Penal Internacional se meta, lo que le quitaría a Colombia todavía más espacio para solucionar sus problemas. Es decir, otra vez, el nuevo gobierno colombiano tiene que tomar en cuenta esta concepción de lo exterior.

Finalmente, profesor Pécaut, ¿la grave crisis que enfrenta el Gobierno de Venezuela nos puede afectar hasta el punto de que el Estado colombiano se radicalice aún más, hacia posiciones y soluciones más extremas, por ejemplo frente a la cantidad de venezolanos que llegan diariamente a Colombia y ante las propias permanentes amenazas del presidente Maduro, quien nos señala como responsables de todos sus problemas?

No tengo idea de cómo puede terminar esta crisis venezolana, que no tiene precedentes. Es el conjunto de un país, de una sociedad que se van poco a poco hundiendo. Ahora, para Colombia el desafío es muy fuerte por acoger a un millón de inmigrantes, que puede ser en un momento dado un hecho bien aceptado por la población. Sin embargo, se ve, se adivina, que también puede crear muchos problemas, a veces con conductas de rechazo como las recientes en Brasil.

HERNANDO CORRAL
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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