El plan del papa Francisco para revolucionar la educación en Colombia

El plan del papa Francisco para revolucionar la educación en Colombia

Con Scholas Occurrentes el pontífice y el pedagogo José María del Corral esperan aportar al país.

Gente bacana

El papa Francisco visitó Colombia en 2017.

Foto:

Stefano Rellandini / Reuters

Por: Diana Milena Ravelo Méndez
14 de noviembre 2018 , 03:39 p.m.

Escuchar a José María del Corral es para muchos feligreses y jóvenes como oír hablar al Papa, pues este teólogo y pedagogo argentino -conocido en el mundo por ser una de las personas que integran el círculo íntimo de Francisco- ha tenido tal cercanía al sumo pontífice que puede sentirse a través de sus palabras el mismo carisma, compasión y espíritu joven que han caracterizado a Jorge Mario Bergoglio desde que asumió su vocación religiosa.

El vínculo que ha unido a Del Corral con Bergoglio no ha sido otro que la educación y empezó mucho antes de que Francisco se posesionara el 13 de marzo de 2013 como el primer Papa jesuita y el primero proveniente del hemisferio sur.

“Aunque muchos me han llamado su mejor amigo, yo no hablo de amistad porque en Argentina hasta quienes no le conocían se han hecho llamar sus amigos. Mi historia con él empezó hace veinte años, ahora tengo la responsabilidad de ser el único que siguió siendo su empleado en su nueva realidad. Cuando pasas tanto tiempo a su lado, quieras o no te contagias de eso que tiene Francisco”, afirma este pedagogo que fue designado por el Papa como el director de Scholas Occurrentes (Escuelas para el Encuentro), el proyecto con el que juntos buscan revolucionar el mundo a partir de la educación.

Fue precisamente está iniciativa, presente en más de 400.000 escuelas de 190 países, la que hizo que José María del Corral viajara a Bogotá para cumplir con la misión que le encomendó el papa Francisco: consolidar en la capital el trabajo que se ha venido haciendo a través de Scholas Occurrentes.

Por eso, el pasado mes de octubre más de 350 jóvenes entre los 15 y 17 años, de colegios públicos y privados, se reunieron en Bogotá para hablar de las problemáticas que los aquejan y trabajar para -a partir del diálogo y el trabajo en equipo- crear soluciones concretas capaces de ser presentadas ante las autoridades.

El evento auspiciado por José María del Corral contó con la presencia de la primera dama María Juliana Ruíz, el procurador Fernando Carrillo, representantes del ministerio de Educación, el Pibe Valderrama y Elsa Noguera, presidenta de Scholas Colombia.

Mi historia con él empezó hace veinte años, ahora tengo la responsabilidad de ser el único que siguió siendo su empleado en su nueva realidad

“Empezamos a implementar este proyecto en el país mucho antes de la visita del sumo pontífice. Luego de pisar suelo colombiano, fue el mismo Papa quien dijo: me gustaría que esto siga porque la calidez de los jóvenes de Colombia, sus ganas, su fuerza y cada una de las palabras que me expresaron son una confirmación de que estos chicos son capaces de poner esa pasión que tanto hace falta en el mundo”, cuenta Del Corral.

Es tal el interés de Francisco en que este proyecto prospere en el país, que fue él mismo quien a través de videocoferencia dio apertura a la sede en Barranquilla el pasado mes de mayo. Actualmente, Scholas Occurrentes desarrolla actividades educativas en Barranquilla, Medellín, Turbo, San Rafael de Antioquia y Bogotá.

El inicio de una revolución educativa
Scholas Ocurrentes

Con Scholas Occurrentes el sumo pontífice y el pedagogo José María del Corral esperan aportar al país.

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Cortesía Scholas Occurrentes

Desde pequeño José María del Corral experimentó una gran frustración frente a los métodos de las aulas tradicionales. No lograba entender por qué el ser aplicado en las escuelas era sinónimo de quedarse quieto y callado. Dicha insatisfacción lo convirtió en un estudiante incomprendido que fue expulsado de siete colegios.

La inestabilidad de pasar de una institución a otra se sumó a los padecimientos de salud de su madre y fue en medio de un retiro espiritual organizado por un colegio que escuchó el llamado de la fe y entró en un proceso de conversión.

“Salí tocado y empecé a ir a un hospital a ayudar a los enfermos. Cambié mucho, mis amigos no entendían. Estudié economía y me di cuenta que no me llenaba. Por eso fui al seminario, cursé filosofía y teología, pero al final sentí la necesidad de tener una familia. Aunque no me ordené de sacerdote sí atendí a mi llamado a través de la educación”, recuerda.

Del Corral decidió dejar la comodidad de trabajar como gerente de una empresa para dedicarse a la academia y pasar por todo tipo de cargos -fue docente, director de estudios y rector- para transformar su país desde adentro.

“Me di cuenta que tocaba hacer algo, que no podíamos quedarnos llorando pensando en lo mal que andaba la educación, sino que teníamos que hacer que cambiara”, añade.

Con este objetivo decidió empezar a juntarse con un grupo de rectores para repensar la educación en medio de una Argentina revolucionada por la llamada crisis del corralito y los saqueos.

No podíamos quedarnos llorando pensando en lo mal que andaba la educación, sino que teníamos que hacer que cambiara

En ese contexto fue que Jorge Mario Bergoglio, el 3 de junio de 1997, fue designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires y decidió contactar a Del Corral para que se sumara al proyecto para combatir la pobreza a través de la educación.

“Bergoglio conoció mi historia, me llamó y me preguntó si estaba dispuesto a ayudarlo (ahí ni me imaginaba que iba a ser Papa). Inicialmente le dije que no, pues no quería estar en una oficina. Pero él me dijo: 'yo te llamo de la puerta para afuera'. Así que acepté”.

El primer reto que le planteó el entonces arzobispo consistía en reunir a un grupo de jóvenes para conversar y evaluar qué les pasaba en medio del caos que se vivía en Argentina.

“Fui y golpee la puerta de la comunidad judía y les dije que necesitaba a 15 chicos judíos prestados para un experimento donde se reunirían un tiempo con jóvenes de otras confesiones. Así empezó el primer grupo: católicos, evangélicos, judíos y musulmanes se juntaron en una mesa bajo la consigna de ser libres de hablar de lo que sentían, cómo vivían el país y que se conocieran”.

La primera petición de los jóvenes fue que todos los adultos se quedaran afuera de la sala mientras ellos conversaban. Pese al temor de que todo terminara en insultos o agresiones, el rabino, el dirigente musulmán, el pastor evangélico y Del Corral aceptaron.

El resultado fue mejor de lo que esperaron, pues además de empezarse a conocer y dejar a un lado los prejuicios, ese grupo se emocionó tanto con la idea que fue hasta el Congreso para dar a conocer ese proyecto de educación.

“Volví a ver a mi jefe Jorge Bergoglio y le dije: estos chicos se tomaron esto muy en serio, ahora quieren ir al Congreso y hacer una ley. Bergoglio se río y me dijo: para eso estás, acompáñalos. Lo que sucedió fue tan convincente que en medio de un país de todos contra todos se aprobó por unanimidad la primera ley hecha por los jóvenes”, describe.

Lo que empezó con 70 chicos en 4 años pasó a ser asunto de unos 7.000 estudiantes y consolidó la idea de Bergoglio y Del Corral en el programa educativo más grande de la época en Argentina.

“No nos imaginamos que luego iba a haber un conclave y que Bergoglio, un latinoamericano que venía del fin del mundo, se iba a quedar como Papa. Yo mucho menos que dos semanas después él nos iba a llamar y nos iba a decir que hiciéramos eso en todo el mundo”, concluyó.

El método de Scholas Occurrentes
Scholas Ocurrentes

Con Scholas Occurrentes el sumo pontífice y el pedagogo José María del Corral esperan aportar al país.

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Cortesía Scholas Occurrentes

Lo primero que aclara Scholas Occurrentes es que esta iniciativa no busca crear escuelas bajo métodos convencionales, sino generar encuentros donde los jóvenes puedan desarrollar una educación para la vida que se relacione con lo que les pasa en el día a día. Esto, según el Papa, con el propósito de pasar del enciclopedismo a la sabiduría, pues asegura que los jóvenes necesitan sabiduría y no títulos.

“Nosotros no hablamos de religión, lo que hacemos es un encuentro entre personas y eso es imposible de lograr encerrados en un aula, por eso trabajamos en pro de un aula global. Para Francisco si no cambiamos la educación es mentira que queremos cambiar el mundo y eso no se logra con una reforma en un papelito, se cambia cuando los estudiantes pueden encontrarse, tomar sus problemas y transformarlos”, declara José María del Corral.

La idea que el sumo pontífice está promoviendo en el país le apuesta a la revolución educativa para hacer realidad un mundo en paz, pero desde el cambio en la formación de las nuevas generaciones.

Para más información ingrese a www.scholasoccurrentes.org

DIANA MILENA RAVELO MÉNDEZ
ELTIEMPO.COM
diarav@eltiempo.com

@DianaRavelo

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