El nuevo oriente de Caldas después de la coca y el conflicto

El nuevo oriente de Caldas después de la coca y el conflicto

Caldas, el único departamento del país libre de cultivos de coca. Turismo y agricultura, nueva vida.

Embalse

En el embalse Amaní de Norcasia (Caldas) se practica pesca deportiva y avistamiento de aves.

Foto:

Cortesía Gobernación de Caldas

Por: MANIZALES
07 de julio 2019 , 11:11 a.m.

Entre los años 2000 y 2013 el oriente de Caldas padeció, al igual que muchas otras zonas del país, el flagelo de la guerra, de la lucha por las tierras que conectan departamentos y que fueron abandonadas por el estado: el ambiente propicio para dominar a los campesinos y cambiar el café por coca.

Pese a que en su territorio solo existía el uno por ciento de la coca del país, esto bastó para que cinco municipios del oriente caldense se sumieran en la pobreza y la crisis social que trae consigo ser fortín de estos cultivos.

Samaná, Norcasia, Pensilvania, Victoria y Marquetalia eran sinónimo de peligro. Hoy, tras 10 años de lucha contra los cultivos ilícitos y los grupos armados, son sinónimo de turismo de naturaleza, de renacer y de esperanza.

Y el horizonte, donde el verde se junta con el cielo es una de las pruebas. En el embalse Amani, situado en Norcasia, el segundo municipio que tuvo más coca de Caldas (583 hectáreas) convergen varios de estos municipios y es ahora el epicentro turístico de la zona.

Oliver Pescador es uno de los fundadores de Amani tours, el operador turístico que agrupa a 17 familias de la zona, entre ellos una junta de acción comunal de madres cabeza de hogar. “Hemos cambiado rotundamente, dejamos de ser la Norcasia zona roja y cocalera. Este municipio y todas las zonas aledañas tenían un estigma que estamos combatiendo con turismo, experiencias y paisajes únicos”, comentó.

En torno al potencial acuático de la zona se volcó la comunidad. El embalse, ríos y cascadas que tienen lugar a menos de 20 minutos del casco urbano y bajo un clima tropical entre los 24 y 26 grados han permitido conquistar a miles de visitantes, un número impensado cuatro años atrás.

“Nadie veía potencial aquí, la gente preguntaba si creíamos que alguien viajaría 6 horas (desde Manizales o Bogotá) solo por un río y ver hoy que traemos a, por lo menos, 1.500 personas al año es un sueño o - mejor dicho- una realidad que le ha devuelto la esperanza a los habitantes”, precisó Pescador.

Prácticas como body rafting, tubing, torrentismo (deportes extremos acuáticos), al igual que el senderismo, avistamiento de aves y pesca deportiva, han enamorado a colombianos y extranjeros que se han permitido llegar hasta allá porque desde hace más de 5 años no hay coca ni guerrilla.

“El proceso de paz, la declaratoria de la ONU como departamento libre de coca, la presencia más cercana del estado con vías y programas han hecho la diferencia y eso se nota en la gente, en su pensamiento y sus deseos de seguir adelante”, añadió Pescador.

Samaná recuperó su esencia agrícola

Samaná, uno de los municipios más alejados de la capital de Caldas y donde había más cultivos de coca, no se queda atrás. Turísticamente le ha brindado al país un –hasta hace a años desconocido- Parque Nacional.

El municipio tiene, también, el humedal natural más grande Colombia y la Laguna de San Diego, única con agua proveniente de un volcán. Sin embargo, no por esto sus habitantes han renunciado a su vacación agrícola.

Uriel Idárraga es un campesino que llegó desplazado del Caquetá huyendo de la presión de las guerrillas, la misma que encontró en Caldas
. Pero hoy se declara feliz de poder ver su finca con cultivos de los que no se avergüenza.

“La tranquilidad que se vive ahora no tiene precio. Antes la zozobra y las amenazas eran diarias porque era obligación sembrar y venderles. La escasez de vías y de seguridad no daba más remedio que acceder, pero hoy mi finca es otra y me ha dado todo para educar a mis 5 hijos y seguir en la lucha”, expresó.

Ahora, en las 11 hectáreas de su granja integral- el negocio familiar- tiene cacao, aguacate, café, caucho y gallinas que saca a la cabecera municipal por la vía que la misma comunidad ha gestionado.
 
“El cambio ha sido hasta a nivel comunitario, antes ni se podía pedirle al gobierno porque había riesgo. Hoy la misma comunidad a punta de venta de empanadas y rifas tiene los recursos para 4 kilómetros de vía del corregimiento (San Diego), hasta el centro poblado”, agregó Idárraga.

Y como Norcasia y Samaná, los otros municipios empiezan camino. Ahora todos hacen parte del corredor turístico del centro del país, lo que significa inversión u visibilidad.

Ademas, los viajeros que buscan turismo verde se dan la oportunidad de conocer los sitios donde la voluntad de la comunidad, la disposición del gobierno local y el respaldo de organismos internacionales lograron que territorios lejanos y, alguna vez, desesperanzados volvieran a la vida.

LAURA USMA CARDONA
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