Así será el último recorrido santo para este carguero en Popayán

Así será el último recorrido santo para este carguero en Popayán

A los 60 años se debe retirar del carguío luego de ejercer la profesión durante 45 años.

Carguero

Las condecoraciones fueron impuestas por monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Popayán.

Foto:

Francisco Perafán 'Pacho Luna'

Por: Michel Romoleroux
17 de abril 2019 , 05:21 p.m.

Por primera vez, en 45 años, Eduardo José González Angulo verá el año próximo la procesión del Viernes Santo como un espectador más. Esta Semana Santa de 2019, es la última que avanzará como carguero oficial de la Procesión de San Juan Evangelista, pues la edad máxima para ejercer este oficio llegó y es hora de pensionarse.

Este payanés, nacido el 23 de abril de 1958, recuerda que desde el primer momento que vio una procesión, siendo niño, sintió que quería ser parte de esta tradición y cuando cumplió los 10 años empezó a participar de las procesiones chiquitas.

Y es que en estos desfiles infantiles, cuando la mayoría está en edad escolar, se aprende a caminar con la cadencia y elegancia que requiere el oficio y el manejo de la alcayata que sirve para soportar los pasos en los descansos.

En su memoria está que cuando tenía 15 años lo escogió como nuevo carguero el inolvidable Iginio Paz, quien salió a cargar durante 60 años y era síndico, cuya misión es velar por la conservación de los elementos y de la organización del paso. A González le correspondió su estreno en 1984, un año después del recordado terremoto que sacudió Popayán. A partir de ese Viernes Santo, y desde ese momento hasta hoy, “nunca he soltado el barrote”, dice.

De los miembros de su familia, fue él quien inició la tradición del carguío, pues su padre pese a haber sido un fervoroso de la Semana Santa, no se interesó por participar en los desfiles. Él, en cambio, desde los 5 años de edad se enamoró de la banda de guerra, de las imágenes, de las flores, de los pasos, de todo lo que encierra esta tradición, y a todo eso le cuesta mucho decirle adiós.

En las procesiones grandes, González empezó siendo monaguillo, luego moquero, pichonero, alumbrante y finalmente carguero. Son 45 años de cargar pasos religiosos de hasta 600 kilos, distribuidos entre 8 cargueros, 4 adelante y 4 atrás que llevan esa imagen sagrada.

“La clave de esto es ir bien acotejado, o sea que todos caminen igual, que sean buenos cargueros, que levanten, que bajen cuando se toca”, explica el veterano carguero.

No es fácil, ya que son muchos años de ejercer esta pesada labor, pero a la vez gratificante

La acotejada consiste en alinear los hombros de los cargueros de tal manera que el paso se asiente de manera uniforme.

Desde este lunes, hasta el sábado santo, la Ciudad Blanca es epicentro de procesiones, que salen a las 8 de la noche, hacen un recorrido en sentido de cruz y vuelven a la iglesia, de donde salieron a las 12 de la noche, en unas cuatro horas en el trayecto.

El martes sale del templo de San Agustín, el miércoles de la Ermita, el jueves parte de la Iglesia San Francisco, el viernes de la Iglesia de Santo Domingo, y el sábado de La Catedral. Los lunes ya son tres años consecutivos que la procesión se inicia desde la Universidad del Cauca.

Según las normas de la Junta Prosemana Santa, una persona solo puede cargar hasta los 60 años, y puesto que José Eduardo González cumple los 61 la próxima semana, esta sería su última cargada lo que le obliga a colgar las vestiduras y retirarse.

“No es fácil, ya que son muchos años de ejercer esta pesada labor, pero a la vez gratificante, en un oficio donde no existen las distinciones sociales”, confiesa con tristeza este ingeniero civil, que ejerce como director de Gestión de Riesgo de la Presidencia de la República.

Pese al gran peso que ha tenido que cargar sobre sus hombros, en todos sus años en el carguío nunca ha tenido una lesión o sufrido un accidente, fuera de “un hombro pelado”, pero sí ha sido testigo de muchos momentos duros como cuando una vez iban en una procesión y en el trayecto, un carguero que iba a su lado, en el momento que bajaron el peso, lo volteó a mirar y le contó que se le había roto la rodilla y se puso a llorar. Pese al dolor, no se salió y continuó el recorrido de los pasos.

“Cuando un carguero se sale de una procesión se llama ‘la pide’, pedirla es un deshonor para los payaneses, pedirla es algo muy grande, hay cargueros que les ha dado un infarto en los pasos y mueren llevando a cabo su oficio”.

Los pasos que tienen fama de ser los más complicados por lo pesados, son La Dolorosa, del martes; El Señor del Perdón, miércoles; La Crucifixión y el Beso de Judas, del jueves y los de El Santo Sepulcro y Las Insignias, que se llevan a cabo los viernes.

Muchos han intentado ser parte de esta carga de fe, pero el porcentaje de deserciones es alto, unos cargan por ensayar y no aguantan más de una noche, otros duran algunos años, pero claudican, otro grupo no continúa porque prefieren irse a vacaciones, por eso es una hazaña durar 45 años seguidos, dicen varios fieles.

“Yo pienso que el 99 por ciento de los cargueros tienen ese espíritu de un carguero tan bonito y tan grande que es”, dice.

Procesión semana santa en Popayán

Este hombre realiza esta labor desde hace 45 años.

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EFE

Las flores de los pasos, cada día tienen un color distinto: los martes son blancas, los miércoles rosadas, los jueves rojas, los viernes moradas y los sábados por la resurrección son multicolores.

En el paso que recorre González va 'San Juan Evangelista', con las flores son blancas, en representación de la pureza del apóstol Juan, discípulo amado del Señor.

Noches previas a la Semana Mayor, este carguero empezó a ejercitarse, nuevamente, como lo hace cada año para estar en forma en su salida. Caminando, durmiendo y comiendo bien. Es necesario estar en óptimas condiciones para soportar el peso de los santos y las vírgenes.

Es necesario estar en óptimas condiciones para soportar el peso de los santos y las vírgenes

Un carguero, según explica, no sale con la intención de desfilar o que lo vean, sino que debe tener la devoción respectiva y el espíritu propio de una Semana Santa.

“Nuestra labor es obviamente el día respectivo armar el paso, en segundo lugar ir muy bien presentado el día que se carga, en tercer lugar cargar bien, cargar bien significa caminar de la forma correcta, cargar el paso, estar pendiente del compañero, ir en silencio, con la respectiva solemnidad”.

Los cargueros todo el año hablan de semanasantiar. “El payanés, el carguero, seis meses habla de la Semana Santa que pasó y seis meses habla de Semana Santa que llega”, cuenta quien también es seguidor de la política, fue del Liberalismo y uno de los pioneros locales del Centro Democrático.

Una cosa que pocos saben que existe y que él más recuerda, son las reuniones previas a la procesión del Viernes Santo en la casa de alguno de los compañeros, donde comparten la cena, conversan, oran, volviéndose este un momento de unidad, donde todos son hermanos y familia.

Son 453 años de historia de la celebración de las procesiones en Popayán, que se inició con tres pasos transitando por una calle destapada y sin alumbrado público.

Dicen que cuando la tradición empezó, los cargueros eran campesinos provenientes de Julumito, Puelenje, Pueblillo y Cajibío.

Cuando un carguero se retira, por edad o enfermedad, la primera opción para reemplazarlo la tienen sus familiares. El sueño de este ingeniero, habría sido que fuera alguno de sus dos hijos quien tomara su lugar, pero la vida no se lo concedió.

“Muchos padres cuando ya están en los últimos años, su ideal es que el hijo cargue la última procesión y poderle después dejar el madero que uno lleva en el hombro que se llama el barrote. En mi caso no puedo dejárselo a ninguno, porque mis dos hijos son más altos que yo y entonces no pueden cargar en el paso el cual yo cargo”, explica con tristeza este ferviente católico.

La tarea queda en manos del síndico de escoger a quien lo sucederá.

Además de carguero, Eduardo José lleva 25 años como regidor, quien vestido de frac y con guantes blancos, portando una delgada cruz de madera indicativa de la dignidad de su tarea, ayuda a coordinar el desfile, de que los alumbrantes estén organizados, de que las separaciones para los pasos estén correctos, mejor dicho de mantener el orden en la procesión.

La despedida de uno de los protagonistas de estas fiestas de Semana Mayor es un acontecimiento muy importante en la ciudad, por eso el pasado lunes en la Iglesia de la Catedral en la misa del carguero, la Junta Pro Semana Santa le entregó dos imposiciones a Eduardo José por sus años como carguero y regidor: la Alcayata de Oro y el título de Decano del Carguío.

Las condecoraciones fueron impuestas por Monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Popayán. Esta especie de jubilación no tiene otra contraprestración que la satisfacción personal.

González viste su túnica color morado enteriza sin cuello, amarrada por un paño blanco que le envuelve la cintura, decorado este por una cruz de coronas violetas, sus zapatos tipo alpargatas de fique sin medias, y el capirote que decora su cabeza que cae atrás en punta a la altura de la nuca, para ejercer como carguero por última vez.

Este viernes se despide para siempre del ejercicio que desempeñó heroicamente durante 45 años, luego de concluida esta Semana Mayor, González seguirá inmerso en su tarea como el director de Gestión de Riesgo de la Presidencia de la República, pero en su corazón siempre llevará el orgullo de ser carguero, la alegría de haber sostenido sobre sus hombros una de las tradiciones más centenarias y espirituales de la ciudad, llevando en su memoria lo privilegiado que fue al haber sostenido un barrote y haber caminado de la mano de San Juan, quien siempre ha guiado su vida.

MICHEL ROMOLEROUX
Especial para EL TIEMPO
POPAYÁN

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