Drama de madre colombiana cuyo hijo tuvo grave accidente en Argentina

Drama de madre colombiana cuyo hijo tuvo grave accidente en Argentina

Juan Chaparro iba en moto y un carro sin luces lo chocó. Estuvo dos meses en coma.

Juan Pablo Chaparro

Juan Pablo Chaparro, de 21 años, viajó a Buenos Aires en 2017. Trabajaba en una barbería.

Foto:

Archivo familiar

Por: Duván Álvarez
17 de julio 2019 , 10:19 p.m.

Al bogotano Juan Pablo Chaparro, de 21 años, se le metió la idea de buscar un mejor porvenir económico en otro país. Empecinado en cumplir esa meta, el joven determinó que la ciudad de Buenos Aires, en Argentina, sería su destino y decidió viajar en 2017.

Las cosas empezaron bien. En solo dos años y medio de trabajo logró establecerse en la capital argentina, consiguió un apartamento, una pareja e incluso compró una moto para desplazarse en la urbe.

Su oficio, la barbería, le estaba dando resultados y esto se reflejaba en las ayudas económicas que con esfuerzo les enviada a su madre, Shirley Ariza, y a su hija, quien cuando él decidió partir solo tenía 3 años.

Sin embargo, la crisis económica que pasa Argentina también empezó a golpear su trabajo y, con ganas de visitar a su familia, Juan Pablo decidió que debía retornar a Colombia.

El pasado 28 de marzo, el colombiano se disponía a salir con un amigo en su moto a realizar unas diligencias antes de regresar al país
, pues tenía la intención de abrir una barbería con su mamá al llegar a Bogotá con el dinero que ahorró durante su trabajo en Buenos Aires. 

Eran las 9 de la noche, Juan Pablo iba en su moto y lo sorprendió un carro que se movilizaba con las luces apagadas. El vehículo lo chocó.

Mientras la tragedia ocurría al sur del continente, en Colombia, Shirley se encontraba en su casa cuidando de su hijo menor y su nieta. Tan solo pasaron unos minutos para que esta madre quedara devastada, pues recibió la noticia del accidente de Juan Pablo de la voz de los propios médicos que atendieron al joven. 

La mujer describe este momento como el más devastador de su vida.

“Yo estaba en mi casa cuando recibí una llamada de Argentina, me dijeron que mi hijo había sufrido un accidente muy grave y que lo mejor era que encontrara la forma de ir a buscar su cuerpo porque iba a morir”, lamenta Shirley.

Según la mujer, las autoridades le contaron que su hijo fue hallado al menos a 10 metros del lugar de la colisión y, debido a que no llevaba ningún equipo de seguridad, sufrió graves daños en cabeza y tórax.

“El golpe fue tan fuerte que la moto quedó en pérdida total, se rompió en dos partes”,
asegura la madre del joven.

La historia clínica del joven registra que mientras era trasladado a urgencias sufrió infartos, pero logró ser estabilizado por el equipo médico. Al llegar fue intubado y conectado a soporte vital. Una vez que fue trasladado a cuidados intensivos, el hospital se puso nuevamente en contacto con su madre para informarle que su hijo estaba en coma y sus probabilidades de vida eran prácticamente nulas.

Según Shirley, las autoridades argentinas que iniciaron la investigación del accidente cerraron el caso ocho días después de que este ocurriera, pues todo indicaba que el colombiano estaba a punto de fallecer. “Juan Pablo estuvo en calidad de detenido los primeros días. Después de eso los policías se fueron porque les aseguraron que mi hijo iba a morir”, cuenta la madre.

Puertas cerradas

El 29 de marzo, entre lágrimas y angustia, Shirley empeñó algunas de sus pertenencias y pidió dinero prestado hasta lograr reunir los 2.800.000 pesos que costaban los tiquetes ida y vuelta hasta Buenos Aires en ese momento.

El 30 de marzo, a las 9 de la noche de Argentina, esta madre desesperada arribó al aeropuerto Internacional Ezeiza de Buenos Aires. Shirley dejó bajo el cuidado de una amiga a su otro hijo de un año de edad y a su nieta, todo con la única esperanza de ver en qué estado se encontraba su primogénito.

Imagine lo que siente una madre que debe viajar miles de kilómetros, a un país lejano -que seguramente debe ser muy bonito para conocer- solo para buscar el cadáver de su hijo

“Yo llegué destruida al aeropuerto. Imagine lo que siente una madre que debe viajar miles de kilómetros, a un país lejano -que seguramente debe ser muy bonito para conocer- solo para buscar el cadáver de su hijo. Sin embargo, lo que sucedió cuando llegué fue lo que terminó de romper con mi corazón”, cuenta Shirley.

Al ingresar a la oficina de inmigración las autoridades argentinas solicitaron información sobre la visita de esta mujer a su país, cuánto dinero traía consigo y cuán larga sería su estancia. La mujer explicó su situación y argumentó que no llevaba dinero con ella, que estaría un mes en el país con la esperanza de que su hijo sobreviviera y tuviera una compañía que le fortaleciera.

Luego de su explicación fue cuestionada sobre su pasado judicial. La mujer respondió que entre octubre de 2008 y abril de 2009 estuvo privada de la libertad por su implicación en un hurto cometido en Bogotá, pero que su pena ya había sido saldada y el caso, cerrado. Además, Shirley contaba con el aval de las autoridades colombianas para salir del país con total libertad. Hasta allí llegó su conversación con el control migratorio argentino.

Los funcionarios pidieron a Shirley que los acompañara a una habitación en la que esperó por seis horas. La madre asegura recordar el tiempo exacto y que cada minuto de ese tiempo su angustia aumentaba. Finalmente, después de tanta espera, oficiales de inmigración mostraron a la mujer un documento que explicaba la razón por la que debía abandonar el país tan pronto como fuese posible. El término detallado en el papel era: ‘Falso Turista/Sospecha Fundada’.

“Mi corazón se rompió, yo no podía con tanto. Todo el sufrimiento de mi hijo y se sumaba esto. Tal fue mi pesar, que no tuve fuerzas ni para reclamar y en exactamente una hora me hicieron abordar un avión de vuelta a Bogotá. Mi hijo se había quedado completamente solo”, dice la madre.

El viacrucis de una madre por su hijo

El 31 de marzo, tras su deportación, Shirley Ariza comenzó una serie de trámites ante Migración Colombia y el Consulado de Argentina. Mientras ella gastaba dinero y tiempo en buscar ayuda de los entes colombianos y explicaciones razonables de los argentinos, su hijo se debatía entre la vida y la muerte.

Exactamente el mismo tiempo que Juan Pablo estuvo en estado de coma en Buenos aires, su madre estuvo en un viacrucis para legalizar su visita a Argentina.

El pasado 28 de mayo, luego de casi dos meses de pedir explicaciones ante los entes migratorios, una llamada llenó de esperanza a Shirley, su hijo había despertado y sería dado de alta. Sin embargo, era una noticia de dos caras, debido a que Juan Pablo  quedaría seriamente afectado por las secuelas de un politraumatismo y un trauma craneoencefálico.

Juan Pablo debería atravesar un proceso de recuperación de entre 6 y 18 meses para recuperar el habla y poder volver a caminar. Lo más difícil era que durante esa recuperación no iba a poder ser acompañado por su madre, pues Migración Colombia le informó a Shirley que definitivamente Argentina se había negado a recibirla.

Hace dos meses Juan Pablo salió del hospital El Pirovano de Buenos Aires. En primera instancia, los médicos afirmaron que no iba a poder caminar ni hablar por lo menos por un año y medio. Pero, a base de voluntad, describe su madre, el joven ha cambiado su pronóstico, pues pese al diagnóstico a intentado caminar con la ayuda de otras personas.

En Argentina, Juan Pablo ha estado acompañado por su novia, quien se encargó de él cuando estaba a punto de fallecer y ahora lo apoya en la recuperación. 

Cada día Shirley dedica tiempo a intentar comunicarse con su hijo a través de videollamadas. Cuenta la mujer que hablan por horas y siempre le da mensajes de fortaleza.

“Mi hijo es un berraco, rompió todos los pronósticos de los médicos argentinos y los dejó con la boca abierta por su rápida recuperación; siento una profunda admiración por su gran voluntad. Pero no puedo tapar el sol con un dedo, quiero verlo, necesito verlo”, dice Shirley.

El destino sigue su cauce. Por ese cauce fluye la recuperación de Juan Pablo, quien actualmente lucha con una úlcera en uno de sus pies debido a todo el tiempo que debe estar inmóvil. Además, uno de sus ojos permanece cubierto, ya que perdió la capacidad de lagrimear, por lo que sufre de un gran ardor en este. Además, los daños cerebrales que sufrió son -según los médicos- prácticamente irreparables.

Su novia asegura que ha sido una recuperación complicada y que Juan Pablo sufre de depresión, en parte por los efectos de los medicamentos que consume a diario y lo mantienen en estado somnoliento.

Pese a la adversidad de la situación, todos mantienen su voluntad por lo alto. Shirley se resignó a no cuidar de su hijo personalmente, pero lo consiente desde la distancia; Juan Pablo físicamente no volverá a ser el mismo, pero mantiene su fuerza de voluntad para recuperarse.

DUVÁN ÁLVAREZ
Para EL TIEMPO

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