Cultivadores del volcán Galeras piden mayor inversión en sus proyectos

Cultivadores del volcán Galeras piden mayor inversión en sus proyectos

Estos dos cultivos tradicionales de Nariño están desapareciendo paulatinamente.

Especial cultivos

José Juan Guaques Gomajoa, campesino pastuso, asegura que la falta de inversión y apuesta por estos tradicionales cultivos acabaron con esas costumbres de años atrás.

Foto:

Juan David Blanco / CEET

Por: Miguel Ángel Espinosa Borrero
18 de julio 2019 , 07:26 a.m.

Los primeros recuerdos de José Juan Guaques Gomajoa tienen un sabor dulce. La oca, un tubérculo tradicional andino de forma alargada y colores muy vivos, que cultivaba su padre era para él un manjar que con tan solo dejarlo expuesto al sol por algunos minutos se convertía en un delicioso pasabocas para las jornadas de siembra.

Hoy, a sus 47 años, Guaques Gomajoa asegura que la falta de inversión y apuesta por estos tradicionales cultivos acabaron con esas costumbres de años atrás.

Esos cultivos antes se vendían muy bien, pero recuerdo muy bien que fue cuando empezaron los años 90, ahí empezaron a caer mucho

Su casa se encuentra ubicada en el corregimiento de Mapachico, en Pasto, y desde aproximadamente el año 1995, esos cultivos que levantaron sus bisabuelos con el fin de sostener a su familia, hoy son solo un recuerdo que no les serviría ni para mantenerse por una semana.

“Esos cultivos antes se vendían muy bien, pero recuerdo muy bien que fue cuando empezaron los años 90, ahí empezaron a caer mucho y la gente se empezó a retirar de estos cultivos para irse a la ciudad. Nos hicieron abandonar nuestros cultivos porque lo que sembrábamos ya no tiene ningún valor”, asegura José Juan.

Una gran causa del olvido de estas especies es la tendencia sostenida de depender de cultivos que se mueven en el mundo

De acuerdo con información de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Agrosavia, no solo la oca, sino también el olluco, las habas y el maíz hacen parte de esos tradicionales cultivos que por diferentes motivos se han reducido ante su falta de comercialización en Nariño.

“Una gran causa del olvido de estas especies es la tendencia sostenida de depender de cultivos que se mueven en el mundo, otros tipos que son más comerciales, y que han convertido a esos cultivos como producto de la modernización. Ahora, la globalización actual hace más precaria la situación. Sin embargo, con las nuevas tendencias de toma de conciencia sobre la salud y el ambiente, muchas de estas especies olvidadas podrían tener un chance interesante, siempre y cuando los gobiernos nacionales y locales las miren con interés”, explica el investigador de Agrosavia, Víctor Manuel Núñez.

Nos tocó buscar otras formas de ganarnos el dinero, porque de cultivos muy poco y sin ningún valor

Guaques Gomajoa sostiene que durante tres generaciones su familia ha vivido en esta zona ubicada en las faldas del volcán Galeras, y que desde que la Presidencia de la República firmó en el 2005 el Decreto 4106 (donde se anuncian medidas de retirar a la comunidad de esta zona por ser una zona de riesgo), los cultivos fueron abandonados y no se realiza ningún aporte a esta zona de cultivadores.

Información de la secretaría de Agricultura de Nariño, da cuenta de que la cebada y el trigo también perdieron competitividad por baja producción durante los últimos años.Por ejemplo, la cebada pasó de tener 240 hectáreas sembradas en 2013 a solo 78 en 2017. Mientras que el trigo pasó de 2.230 hectáreas sembradas en 2014 a 386 en 2017.

A mí me gustaría que probaran el olluco que se siembra acá, sin químicos, sin nada raro. Es delicioso

En la actualidad, José Juan fundó la Asociación Agropecuaria Esperanzas del Mañana, una pequeña sociedad de 10 familias de la zona que crían 1.000 cuyes aproximadamente para poder vivir de algo, pues las tierras quedaron abandonadas hace mucho de cultivos.

“Yo, personalmente, tengo 1.000 cuyes. Nos tocó buscar otras formas de ganarnos el dinero, porque de cultivos muy poco y sin ningún valor”, señala.

Especial cultivos

Una pequeña sociedad de 10 familias de la zona que crían 1.000 cuyes aproximadamente para poder vivir de algo, pues las tierras quedaron abandonadas hace mucho de cultivos.

Foto:

Juan David Blanco / CEET

No obstante, José Juan todavía cultiva estos productos para no dejar que su hijo, de 14 años, pierda la costumbre de hacerlo, pues le dolería mucho que se perdiera la tradición.

Este campesino procura enseñarle las labores del campo a su único hijo para que la tradición no desaparezca, tal como lo teme.

“A mí me gustaría que probaran el olluco que se siembra acá, sin químicos, sin nada raro. Es delicioso. Pero, la verdad, al Estado no le interesa que nuestras tradiciones se estén desapareciendo, esto es una catástrofe porque no les interesa nuestra soberanía alimentaria”, asegura.

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @Leugim40

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