Las huellas que delataron a autores de cruenta masacre en la frontera

Las huellas que delataron a autores de cruenta masacre en la frontera

Banda que perpetró el múltiple crimen cometió error que se volvió pieza clave de la investigación.

Crímenes Resueltos

El pasado 19 de enero del 2018, en el sector de La Parada, en las afueras de Cúcuta, fueron hallados cuatro cadáveres de extranjeros. 

Foto:

Ilustración: Juan Sebastián Villegas

Por: Gustavo Arenas 
29 de enero 2020 , 12:37 p.m.

La escena era dantesca. Los restos de cuatro hombres sin vida dispersos en un radio de menos de 100 metros cuadrados, sobre una concurrida autopista que conduce a Venezuela.

Sobre el asfalto había pequeñas manchas de sangre y panfletos amenazantes que sentenciaban: ‘Guerrilla presente, fuera paracos’.

Era la medianoche del 19 de enero de 2018. Un empleado del servicio de aseo del municipio de Villa del Rosario (Norte de Santander) encontró el primer cuerpo.

Era el de una persona que se encontraba debajo de un botadero de basuras, en el concurrido sector de La Parada.

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La víctima yacía en el suelo, con sus manos amarradas y con su cuello horadado en un costado. El detalle que en un comienzo parecía no tener importancia era que al cuerpo le faltaba un zapato.

Luego del aviso dado por este empleado público, un cuadrante de la Policía Nacional se dirigió al sitio de los hechos y acordonó un perímetro de la zona, que al paso de las horas abarcó toda la calzada.

Masacre en Venezuela

El hecho ocurrió en enero del 2018.

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Cortesía

Armados con linternas para disuadir las tinieblas, los uniformados empezaron a escudriñar el sector y a unos 10 metros de allí, en un canal de aguas negras, encontraron otro cuerpo sin vida, con el cuello perforado, sus manos atadas y la misma advertencia: 'Guerrilla presente, fuera paracos'.

El perito forense asignado para este caso sabía que faltaban piezas en ese macabro rompecabezas. Y siguió escudriñando hasta encontrar una silla de ruedas, con un hilillo de sangre, que conducía a un local comercial llamado Chatarrería La Parada, al otro costado de esta doble calzada.

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Esta marca letal condujo el hallazgo de un tercer cuerpo, que estaba dentro de una caneca metálica, en posición fetal y con las mismas características de los muertos anteriores. Pero faltaba uno más.

Ya casi al despuntar la mañana, oculto en una jardinera, a pocos metros de los primeros dos cadáveres, estaba el último cuerpo.

Los asesinados, todos de nacionalidad venezolana, fueron identificados como Jean Carlo Enrique Pérez, de 25 años; Gustavo Enrique González, de 32 años; Paul Alfredo Blanco Salas, de 34 años; y Odlanyer Reinaldo Pinto Hidalgo, de 36 años.

Las pistas

Las primeras cinco horas de inspección y búsqueda, lideradas en este sitio por el equipo de Delitos contra las Bandas Criminales (bacrim) de la Sijín, fueron esenciales para establecer que el lugar donde se hallaron los cuerpos no era la escena inicial del crimen y que los homicidas eran unos expertos en reducir a sus víctimas en un total estado de indefensión y en propinar heridas mortales.

Antes de encontrar la tercera víctima, el perito forense irrumpió en la Chatarrería La Parada, donde había una silla con rodachines, una nevera industrial y un contenedor con paredes metálicas, ideal para sofocar los gritos de auxilio de las víctimas.

Tras revisar el lugar, el uniformado descubrió que en el interior de esta estructura de hierro se extendían dos charcos de sangre y, sobre uno de ellos, flotaba el zapato del primer muerto, indicando que ese lugar era la escena original del homicidio múltiple.

"Acá encontramos más material probatorio, que, de acuerdo con el principio de Locard, podíamos establecer un parámetro de correspondencia, porque se halló un zapato con las mismas características de la primera víctima, documentos de ciudadanos venezolanos y unas hojas con la misma inscripción, que se había encontrado en los otros cuerpos", aseguró el investigador.

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El primer capturado y los testigos

Durante esta inspección, el equipo de la Sijín recaudó documentos extranjeros, un bolso, prendas de vestir y hojas arrancadas de un cuaderno, que fueron sometidas a un proceso químico de revelado para detectar fragmentos dactilares.

El resultado arrojó una pista clave, que no era visible para el ojo humano: en un descuido, los victimarios cometieron el error de haber dejado plasmadas sus huellas en los panfletos amenazantes y en la caneca de metal, donde fue arrojado uno de los cadáveres.

Estas impresiones fueron cotejadas en el Sistema Automático de Identificación Dactilar (Afis) de la Policía Nacional, sin conseguir mayor información.

El equipo forense seguía aferrado a la esperanza de identificar con agilidad a los responsables.

Al siguiente día, la Sijín se entrevistó con el administrador de la chatarrería y su esposa, quienes confesaron haber presenciado la escena macabra del asesinato en completo mutismo.

A uno de estos señores lo dejaron ahí amarrado. No pasó una hora y llegaron con los otros tres. A ellos los llevaron al interior del contenedor, los amenazaban y los señalaban

"Una muchacha ahí me hizo cambio de luces con los ojos y me dijo que ellos eran ‘paracos’, que siempre llevaban a la gente para torturarla, les pegaban y demás. A uno de estos señores lo dejaron ahí amarrado. No pasó una hora y llegaron con los otros tres. A ellos los llevaron al interior del contenedor, los amenazaban y los señalaban”, aseguró la testigo.

En esa misma versión, la mujer describió a uno de los homicidas. Dijo que medía 1,65 metros, tenía tez morena y hablaba con acento venezolano.

Además, recordó que el hombre utilizaba una gorra verde y un jean claro, que se ensució con la sangre de las víctimas.

Masacre en Venezuela

Estos fueron los panfletos con los que buscaban desviar la atención de las autoridades. 

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Cortesía

Con este retrato hablado, uniformados de la Mecuc emprendieron una serie de controles en inmediaciones del puente internacional Simón Bolívar y lograron, en un paso irregular, más conocido como ‘trocha’, la captura de un venezolano que coincidía con estas características físicas y que vestía un pantalón descolorido, con rastros de fluidos corporales.

De inmediato, el sujeto fue vinculado al caso y sometido a interrogatorio.

El detenido no tuvo otra opción que la de confesar su participación en la masacre y de colaborar con la ubicación de sus cómplices, y, tras obtener la orden de un juez de allanar los lugares donde se hospedaban, los señalados fueron arrestados por la Policía Nacional.

Aunque su versión era clave, la última palabra la tenían las huellas.

A los hombres que fueron señalados por el detenido les tomaron las impresiones dactilares y fueron cotejadas con las recogidas en el lugar de la matanza, arrojando un resultado positivo de compatibilidad.

Esto facilitó el proceso de judicialización e imputación de cargos por homicidio agravado y concierto para delinquir agravado.

Las víctimas eran personas sin arraigo, de bajos recursos y que se dedicaban a la actividad de carreteros. Debían pagar la suma diaria de 5.000 pesos para realizar esta actividad comercial

El mismo cotejo fue practicado en el primer detenido y se pudo corroborar que él también había participado en el asesinato de estos cuatro venezolanos.

“Las víctimas eran personas sin arraigo, de bajos recursos y que se dedicaban a la actividad de carreteros. Debían pagar la suma diaria de 5.000 pesos para realizar esta actividad comercial”, aseveró el investigador.

Los capturados fueron identificados como Diego Antonio Piñango, Wrayan José Riveros Rodríguez y Ángel Guillermo Arias, quien también está procesado por la muerte del trabajador informal Jubito Peralta, que fue decapitado en este sector limítrofe, cuya cabeza jamás fue encontrada por las autoridades.

Tiempo después, la Sijín vinculó a estos extranjeros con una banda delincuencial denominada La Frontera, que se dedicaba a extorsionar a los vendedores ambulantes del sector de La Parada y que forzaba a la población migrante a pagar estos cobros ilegales por medio de perpetrar actos de violencia con sevicia, como asesinatos selectivos, torturas y decapitaciones.

GUSTAVO ANDRÉS CASTILLO
Especial para EL TIEMPO
CÚCUTA
En Twitter: @LitumaEscritor

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