La trama 'de película' que armó publicista para encubrir feminicidio
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La trama 'de película' que armó publicista para encubrir feminicidio

En esta entrega de Crímenes resueltos, el supuesto suicidio que reveló un terrible asesinato.

Crímenes resueltos

Caso del publicista que mató a su esposa

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Juan Villegas

Por: Fabio Arenas Jaimes
10 de marzo 2020 , 11:10 p.m.

“Mi esposa se suicidó. Lo hizo desesperada por amor. Colocó una silla del comedor, le montó un butaco y se subió. Luego se suspendió de un lazo que colgó de un tubo en la parte alta. Fue un suicidio”.

Esa fue la explicación que Édgar Alexánder Calderón Algarra le dio al grupo de investigadores del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía (CTI) en Neiva que llegó a la escena del crimen.

Calderón, profesional en publicidad y mercadeo y amante del cine, se refería a Gina Paola Manrique Quintero, empresaria de motos y bicicletas eléctricas, y madre de una joven de 17 años.

La muerte de la mujer de 38 años, oriunda del Huila, ocurrió a las 6:00 de la mañana del 18 de noviembre de 2017.

El cuerpo estaba tendido en el patio de su casa del barrio El Cedral, en Neiva.

Ese día Gina Paola tenía un jean azul, blusa negra con pintas rojas y blancas y figuras de elefantes y flores. También usaba un collar de tela negra con un dije.

Ruth, la empleada del servicio doméstico, que estaba en una habitación de la vivienda, fue la primera que llegó al patio de la casa esa mañana del 18 de noviembre, donde encontró el cuerpo de su jefe en el piso.

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Édgar, que estaba a su lado, al instante le dijo a la empleada: “Se ahorcó, nos dejó".

Entonces Ruth se agachó para abrazar el cuerpo y dijo: "¿Por qué hizo eso? ¿Por qué nos dejó?".

‘Este tipo fingía’

Otro de los primeros en enterarse de esta muerte fue Rodrigo Manrique, padrastro de Gina Paola, a quien conoció a los 6 meses de nacida y le dio su apellido.

A las 6:15 de la mañana, Rodrigo recibió en su casa una llamada en su celular y se sorprendió cuando escuchó la voz de Édgar Alexánder Calderón Algarra.

“Gina Paola se ahorcó. Venga, aquí está colgada”, le dijo el publicista, por lo que Rodrigo al instante le contestó con voz fuerte: “No seas mentiroso”.

Rodrigo encontró el cuerpo tirado en el piso con una sábana encima por lo que de inmediato miró con rabia a Édgar Alexánder, quien lloraba pero no le sostenía la mirada.

"Ese tipo fingía, de sus ojos no salía una sola lágrima”, afirmó Rodrigo Manrique que pensó golpearlo con sus puños, "pero me contuve por respeto a mi hija".

Gina Paola había conocido a Édgar Alexánder en Bogotá donde se graduó en administración de empresas y luego vivieron en Cali, pero debido a problemas de pareja ella se trasladó a Neiva donde montó un almacén de motos y bicicletas eléctricas que le dejaba buenos dividendos.

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Édgar había llegado a Neiva en su moto un día antes de su muerte.

Su padrastro recuerda que a diario ella le hablaba y le decía "que la relación con Édgar estaba acabada y no quería seguir más a su lado”.

El misterio de la butaca y el nudo

Pese a la tesis y argumentos de Édgar Alexánder, las dudas comenzaron a rondar en el equipo de investigadores del CTI en Neiva que con detenimiento se dio a la tarea de conocer la verdad de la extraña muerte que sucedió esa madrugada en la lujosa vivienda, la cual Gina Paola había reconstruido con sus recursos en la calle 69 del barrio El Cedral.

Días después, los investigadores volvieron para verificar paso a paso las versiones del esposo de la empresaria.

Primero, encontraron que a Gina Paola le quedaba difícil suicidarse utilizando una silla, tal como lo había dicho su esposo en sus declaraciones a las autoridades.

Comprobaron que, por tratarse de una silla acolchonada, era imposible que la butaca se sostuviera con una persona encima, y hasta se caía sólo. “Solo un malabarista se sostiene en la butaca. Gina, por sí sola, no podía estar en pie sobre la butaca”, dijeron los investigadores.

El plan de Édgar Alexánder no se detuvo. En su versión a las autoridades también afirmó que la mujer con la que convivió 12 años colgó su cuerpo de un lazo atado al cuello, el cual luego pasó por un tubo ubicado en la parte alta del patio de la vivienda.

Los investigadores volvieron a la residencia para confrontar esa declaración y las dudas aumentaron.

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Detectaron que el tubo mencionado por el publicista se encontraba en un punto muy alto del techo, a unos 3 metros, “y era imposible para Gina Paola realizara esa maniobra”.

Al verificar la versión, tal como Édgar Alexánder explicó el día de los hechos, el equipo del CTI se llevó otra sorpresa.

“Tomamos la silla de la que Édgar nos habló y le pusimos una butaca, pero nos tocaba sostenerlo pues se caía debido a que la silla es acolchonada", afirmaron.

Luego subieron a uno de sus hombres de un metro con 76 centímetros de alto y la conclusión fue que ni siquiera una persona de la altura del agente lograba alcanzar con sus manos el tubo para amarrar el lazo y luego proceder a ahorcarse.

"Después de varios intentos concluimos que, a cualquier persona que se suba a la butaca, le es difícil sostenerse en pie y más bien necesita el apoyo de otro que lo sostenga para cualquier maniobra", agregaron los investigadores del CTI.

El tema del nudo con un lazo también llamó la atención porque, según los investigadores, soltarlo del cuello de una persona que se encuentra suspendida,
es muy complicado.

“Soltar el nudo es muy difícil pues se ajusta demasiado, se aprieta más de lo normal por el peso del cuerpo suspendido", señalaron.

Gina Paola se ahorcó. Venga, aquí está colgada

"También nos dijo que él solo había bajado el cuerpo y nos pareció imposible que con sus manos haya podido desamarrar un nudo tan apretado en el cuello y a cierta altura del piso”, señalaron.

Los investigadores del CTI afirman que, ante una escena de esas características, lo indicado sería que Édgar Alexánder hubiera cortado al instante el lazo con un cuchillo, pues existía la esperanza de salvar la vida de la mujer con la que tuvo un hijo y había convivido 12 años.

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Para confundir más, el publicista señaló que, la noche de los hechos, estuvo en un prostíbulo de Neiva donde recibió en su celular mensajes de WhatsApp enviados por su esposa diciendo: “Que se encontraba desesperada”.

Paola contesta por favor, yo no estoy saliendo con nadie, todo ese tiempo he estado solo, sin dormir ni comer”, decían algunos de los mensajes que él envió al celular de ella.

Incluso, los mostró al CTI el día de los hechos.

“Vean los mensajes, ella me escribió que se quería suicidar por mi infidelidad y problemas económicos. Le contesté para tratar de calmarla", les dijo.

La prueba contundente

Toda la historia que el publicista había creado se fue cayendo a pedazos con la investigación.

A los análisis de la butaca y el nudo, se sumó que la versión de la empleada no coincidía con la entregada por el hombre.

Él les había dicho a las autoridades que la empleada le había ayudado a bajar el cuerpo de Gina, pero un fiscal interrogó a Ruth.

“Nunca ayudé a bajar el cuerpo, cuando llegué al patio, Édgar la tenía en el piso, estaba fría, como muerta, había un lazo junto a ella”, dijo.

Publicista Alexander

Édgar Alexander fue condenado a 43 años y 6 meses de prisión que paga en la cárcel del municipio de Rivera, Huila.

Foto:

La Nación

A todo esto se sumó una prueba contundente que revelaría que todo hacía parte de un plan de Édgar.

Para verificar los mensajes de WhatsApp, la Fiscalía acudió a un análisis en las antenas de celular de la ciudad de Neiva y encontró que esa madrugada del 18 de noviembre de 2017 los celulares de la pareja estaban en un mismo punto y no el uno distante del otro con lo que la versión de Édgar Alexánder se fue al piso.

Todo hacía parte de su montaje ya que en ningún momento ella le envió mensajes al celular de él.

La investigación descubrió que, después de golpearla y asfixiarla con una soga en el cuello, el hombre le cogió el dedo índice de Gina para desbloquear el celular y luego envió, él mismo, unos 15 mensajes al móvil suyo.

“Édgar escribía los mensajes en el celular de ella. Los enviaba al suyo, pero al instante los contestaba, y acudió a esta estrategia para confundir y darle fuerza a su versión del suicidio”, dijeron los investigadores.

“Nos mintió, pues había dicho que la noche del suicidio se encontraba en un prostíbulo, donde recibió los mensajes de Gina diciendo que estaba desesperada por la infidelidad de él”, señalaron los agentes del CTI en Neiva.

La confesión

Con todas estas evidencias en su contra, Calderón Algarra fue capturado 8 días después del crimen en un centro comercial de Bogotá, a donde había huido al verse descubierto.

En la audiencia, realizada en el Palacio de Justicia de la capital del Huila, confesó lo sucedido de una manera fría.

Édgar les confesó a los jueces que la atacó cuando ella le dijo: “Tengo novio, mi idea es vivir con él”. Y narró, con detalle, cómo sucedieron los hechos por los cuales pidió perdón.

“Los mensajes de WhatsApp de esa noche los envié yo para hacer parecer que ella se había quitado la vida. Escribía en el celular de ella y contestaba en el mío”, dijo.

“Desde el primer momento creímos que la había asesinado pues era posesivo, la celaba, y no soportaba que la relación se acabara”, dijo Rodrigo Manrique, el padrastro de la víctima. “En una oportunidad, Édgar le robó el bolso para revisarle los celulares y las tarjetas de crédito, era un hombre muy celoso”.

Las autoridades determinaron que la noche del 17 de noviembre, Gina Paola salió a una discoteca con un amigo por lo que el regreso a su casa fue a las 4:05 de la madrugada y Édgar Alexánder la estaba esperando sentado en la sala.

Tras una discusión, ella le confesó que tenía novio y luego ocurrió el crimen con un lazo que el hombre encontró en la casa que todavía estaba en obra.

Tras consumar el crimen, el publicista entonces envió los mensajes, armó la escena con la butaca para que pareciera el suicidio y llamó a la empleada doméstica para darle más credibilidad a su historia.

“La relación estaba rota, pues Gina se enteró que Édgar había abusado sexualmente de una menor de edad familiar de ella, y también se dieron temas de infidelidad con una exnovia”
, dijeron los investigadores, y agregaron que la idea de Gina era radicarse en su natal Neiva para iniciar una nueva vida.

El publicista siempre buscó un preacuerdo con la Fiscalía tratando de ser favorecido con una rebaja de penas, pero la familia de Gina Paola se opuso y al ser hallado responsable del delito de feminicidio agravado, fue condenado a 43 años y 6 meses de prisión que paga en la cárcel del municipio de Rivera, Huila.

“Así pague 100 años de cárcel, no nos la va a devolver jamás”, dijo Rodrigo Manrique, quien destacó el trabajo de investigación que hizo el CTI de la Fiscalía en Neiva. “Ese desgraciado era amante del cine, y el montaje que hizo del suicidio de mi hija creo que lo copió de una de las tantas películas que vio en su vida”.

FABIO ARENAS
PARA EL TIEMPO
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