Un paseo por el museo arqueológico de La Boquilla

Un paseo por el museo arqueológico de La Boquilla

Enclavado en la ciénaga de La Virgen, en el norte de Cartagena, exponen esculturas de aborígenes.

Museo

El parque cuenta con piezas de la cultura de San Agustín.

Foto:

Yomaira Grandett/ EL TIEMPO

09 de septiembre 2018 , 11:42 a.m.

Un lugar mágico donde se conservan y exponen cientos de esculturas originales y replicas valiosas de todas las familias aborígenes que habitaron Colombia, previo a la llegada de los conquistadores españoles.

Con escenarios de mar y playa, el paseo obligado del viajero por los hermosos manglares en los cuales las familias se internan en los túneles del amor, la felicidad y una decena más y ahora con un museo arqueológico, La Boquilla es otro escenario turístico de Cartagena.

La gran aventura

La aventura comienza en el puerto del delta de la ciénaga de La Virgen, donde parten las embarcaciones repletas de turistas en busca de los manglares.

Allí la primera imagen que asalta al viajero es la de una garza blanca a punto de volar.

El ave coqueta, parada sobre el manglar abre sus alas hermosas de un blanco cegador que contrastan con el verde exuberante del follaje.

El canto de la garza y un centenar de aves más, muchas llegadas de gélidas tierras del norte en busca del trópico, alegran la mañana en un concierto celestial.

Aparece entre el manglar rojo el primer cangrejo, que los mismos habitantes de la Boquilla hoy protegen porque han aprendido que es un valor agregado de su paraíso. Una década atrás no hubieran dudado en echarlo a hervir en la olla con arroz.

El misterio del manglar, esa muralla natural y exuberante, refugio único para el amor, en el cual perdieron la vida muchos conquistadores y piratas que creyeron que el inexpugnable puerto de Cartagena era franqueable por la retaguardia y allí en medio de la selva marina quedaron anclados y presas fáciles de las fieras de la noche.

La isla dedica parte de su amplia extensión para
la cultura Calima;
La Chimila, sobre
el río Sinú; y un lugar especial sobre los alto de una colina para la cultura Tayrona

Los manglares de La Boquilla son uno de los grandes paisajes de Cartagena para el avistamiento de aves. También es posible ver durante el recorrido a los pescadores en plena faena.

Luego de 20 minutos de recorrido en chalupa sobre las aguas mansas de la ciénaga de La Virgen, las mismas aguas que en las noches de luna llena acogen a los viejos pescadores, llegamos a la Isla Precolombina, escenario del museo arqueológico.

Nos recibe Juan Romero Cortés, el curador del museo, un veterano periodista bogotano que ha dedicado medio siglo al estudio de las culturas precolombinas.

Museo

El Museo Arqueológico de la Isla Precolombina cuenta con una sala de exposiciones permanentes.

Foto:

Yomaira Grandet / EL TIEMPO.

“Bienvenidos al Museo Arqueológico de la Isla Precolombina: acá tenemos piezas de arte en orfebrería, vasijas, esculturas religiosas y representaciones cosmogónicas de las culturas que habitaron Colombia antes de la Conquista. Bienvenidos”, advierte Juan Romero, quien hace las veces de guía.

Como telón de fondo, rocas talladas tipo dolmen, que representan una cabina funeraria de la cultura indígena que habitó en el sur del país.

También se reconoce en los jardines las míticas esculturas del Doble Yo y El Águila, y por un instante, guardando las proporciones, el viajero se transporta al Parque Arqueológico de San Agustín (Huila).

“Queremos que el viajeros que llegan sientan el poder de nuestras culturas ancestrales y que Colombia además de ser un potencial ambiental tiene también un valor histórico y cultural en sus raíces indígenas”, señala Romero.

El autor intelectual de este museo es el boyacense Misael Díaz, un empresario de esmeraldas, apasionado por la cultura y el arte que ha comprado todas las piezas y esculturas.

Díaz y Romero crearon la Fundación ‘Preservemos a Colombia’, que promueve el rescate de la historia y los valores de las culturas indígenas y precolombinas y a capacitado a varios habitantes de La Boquilla en turismos sostenible y cultura.

La isla dedica parte de su amplia extensión para la cultura Calima; La Chimila, sobre el río Sinú; y un lugar especial sobre los alto de una colina para la cultura Tayrona, que habitó en los departamentos del Magdalena, La Guajira y del Cesar, en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

“La cultura Tayrona es apasionante. Como explica uno que en aquella época por ejemplo esta cultura hubiera tallado en piedra la figura del dragón… fue una cultura de creatividad infinita y contacto con el cosmos”, agrega Juan Romero.

Son hermosas las obras de arte de esta cultura que exaltó a dioses y deidades.
Al aire libre, en este museo caribeño donde se recibe la brisa que viene del mar Caribe, también hay un rincón especial para la cultura Chibcha.

“Los chibchas tuvieron los primeras estructuras de Gobierno, crearon las primeras monedas de sal y pasaron del trueque al pago y fueron excepcionales tejedores”, sostiene Juan.

El Museo Arqueológico de la Isla Precolombina cuenta con una sala de exposiciones permanentes en la cual hay piezas originales en piedra y barro que datan de unos 500 años.

Vasijas, cántaros pintados con pinturas naturales que mantienen en trazo original y no sucumbieron al paso del tiempo; también hay patenas y jarrones, máscaras y esculturas de representaciones humanas perfectamente talladas que datan de una época en la cual no hay registro de técnicas de moldeo, es decir la perfección de estas obras de arte son gracias al talento y extrema precisión de sus creadores artesanos.

Pero lo que más llama la atención de la colección es una serie de figuras de unos 40 centímetros de longitud que representan figuras humanas y animales con ojos grandes y cráneos ensanchados.

“La gran pregunta ante estos trabajos es qué inspiró a las culturas aborígenes tallar estas figuras extrañas: ¿extraterrestres?”, señala el curador del museo.

También hay una escultura de un guerrero muy similar a un samurái japonés pero con rasgos indígenas y con el cráneo hinchado hacia su parte posterior.

“¿Significaba esto que acá también los indígenas intervenían en la formación de cráneos como lo hacen algunas tribus en el África?”, cuestiona Juan.

A la Isla Precolombina llegan al año cientos de extranjeros interesados en las culturas aborígenes,

Para llegar

“El costo de ingreso al museo es un chiste: 10 mil pesos, que en realidad son un bono de mantenimiento”, añade Rubén Darío Barón, el administrador del lugar.

El viaje en la chalupa tiene un costo de 20 mil pesos por persona, incluye el recorrido por el manglar y el viaje hasta la isla.

Un lugar recomendado por EL TIEMPO es el mirador de la isla, donde el viajero puede acostarse sobre confortables hamacas y contemplar el paisaje maravilloso de la
Ciénaga de La Virgen, mientras se refesca.

Pero la aventura no termina y el sol aún calienta. La chalupa espera a los viajeros en la entrada del museo para llevarlos hasta el secreto mejor guardado de Cartagena:

Playa Punta Hicacos. Es una ensenada tranquila y solitaria frente al mar Caribe, donde el descanso es una garantía. Allí hay un par de quioscos donde el turista se puede comer una deliciosa mojarra o un róbalo acompañado de arroz, ensalada y tajadas de plátano por 20 mil pesos. Acompáñelo con una cerveza bien fría y sea feliz.

JHON MONTAÑO
REDACTOR DE EL TIEMPO
CARTAGENA

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