¿Cómo defender la fiesta brava? Esto propone ‘Gitanillo de América’

¿Cómo defender la fiesta brava? Esto propone ‘Gitanillo de América’ 

El presidente de la Unión Colombiana de Toreros analiza cómo salvar la tauromaquia en el país.

Y cómo defender la fiesta brava

Gitanillo de América papá, triunfante en la plaza de Santamaría.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Por: Plinio Apuleyo Mendoza
06 de junio 2019 , 09:22 p.m.

Over Gelain Fresneda Félix es el nombre que figura en su pasaporte. Fuera de su familia no lo conoce nadie como tal. En cambio, el de ‘Gitanillo de América’, escogido por él, es nombre famoso en las plazas de toros de Colombia, España, Francia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá y Guatemala. A lo largo de 27 años toreó en, por lo menos, 1.370 corridas y recibió catorce cornadas, cuatro de ellas muy delicadas que le hicieron poner a prueba su fe en esta profesión. Su hijo, quien heredó el nombre de ‘Gitanillo’, se abre paso en las plazas de España.

Este matador, de brillante trayectoria, preside hoy la Unión Colombiana de Toreros, que lucha por mantener viva la fiesta brava en Colombia, así como la plaza de Santamaría.

¿Qué busca la Unión Colombiana de Toreros?

Representa a los toreros de Colombia y busca que los estatutos que nos rigen sean respetados, así como dejar un legado de buenos principios a la novillería y a la torería colombiana.

¿Qué riesgos afrontan ustedes de que se acabe la fiesta brava en Colombia?

El riesgo es muy grande porque nos quieren desaparecer. Hasta ahora hemos tenido la capacidad de defendernos con las sentencias de la Corte Constitucional y con la Ley 916 del 91, que nos reconoce como un patrimonio artístico y cultural de Colombia. Ha habido muchos pronunciamientos respecto a nosotros como patrimonio desde cuando Petro, como alcalde, cerró la plaza de toros.

¿Qué movió a Petro para cerrarla?

Petro nunca se dio cuenta de que nosotros somos parte de la cultura y la tradición de Colombia. Cerró la plaza de la Santamaría con la excusa de que tenía problemas en la fachada. No se le había hecho mantenimiento y había que restablecerla. Pero si la plaza duraba cerrada más de 4 años, perdía una normatividad que podía perjudicar la fiesta brava porque la podrían cerrar, ya que no se le estaba dando el uso para el que estaba hecha. Sin duda, fueron unas razones más políticas en las que se basó Petro, pues las corridas de toros son para él un espectáculo solo para la oligarquía.

¿Cómo afectó esta medida a los toreros?

Motivados a manifestarse, los animalistas se iban por encima de nosotros y nos maltrataban. Sus manifestaciones, nada pacíficas, eran como asonadas. Viendo que no nos dejaban entrar en la plaza, un grupo de novilleros de 14 y 15 años hicieron una huelga de hambre y se encadenaron a la plaza. Como Petro hizo caso omiso de esta huelga, más de cien toreros se unieron a ella pasando por encima de las normas legales y judiciales. La Procuraduría tomó entonces cartas en el asunto y le dieron celeridad a la apertura de la plaza de toros. A pesar de las cosas en contra, tenemos la afición de nuestra parte que es la que nos llena para poder seguir luchando. Dicen que la fiesta de los toros se acabará el día que la gente no vaya a las corridas.

¿Pero aún existen los aficionados a los toros?
Sí, señor, aunque este año, la plaza de toros tuvo solo tres corridas. Yo creo que las nuevas empresas taurinas no están ayudando a los novilleros ni fomentan las novilladas, que son una plataforma profesional donde la gente joven puede mostrarse en Bogotá y de ahí darse a conocer al mundo.

Dicen que la fiesta de los toros se acabará el día que la gente no vaya a las corridas

¿Qué dicen los animalistas?

Como ellos se oponen al maltrato de los toros, yo les digo que estamos prontos a presentar un proyecto de ley para morigerar la fiesta brava. Nosotros tenemos que ser conscientes de cómo hacerlo sin maltratar a nadie: ni a los toreros, ni a los ganaderos, ni a la afición ni al toro. Hemos querido que el toreo sea como siempre ha sido, pero sabemos que tiene que haber unos cambios; por ejemplo, que el toro no sangre tanto en la plaza y que la estoqueada sea limitada. Hemos hecho este ejercicio, y la gente lo ha recibido muy bien. Creamos un grupo llamado Coltauromaquia, en favor de salvar la fiesta brava en Colombia. Estamos abiertos a todas las ideas buenas y constructivas que ayuden a que esto cambie, pero no a que se acaben las ganaderías ni el mundo del toro.

¿Qué cuidado tienen con los toros?

Hace unos días llevamos a unos representantes antitaurinos a una ganadería de casta para ver la crianza y el cuidado del toro de lidia en su hábitat. Les mostramos la escogencia de las madres de los toros, la cuidadosa alimentación que reciben. Desde el momento de su nacimiento se destetan, se meten en un paraíso por cuatro años y salen a la plaza a mostrar su nobleza y su bravura.

Ahora hablemos de los toreros colombianos. ¿Cuántos hay en este momento?

En este momento hay unos 40 o 50 toreros. Pero hoy en día están en ejercicio solo 10, y lo hacen en España. A los otros les toca sobrevivir en otros trabajos. Torean una o dos corridas al año para estar vigentes. Novilleros hay unos 25 o 30 que están en Colombia tratando de sacar adelante su profesión. Ellos mismos montan sus novilladas.

¿Cuál es la vinculación de nuestros toreros con España?

Ellos tienen que ir por su cuenta a España, sostenerse y buscar la manera de que los dejen torear. Lo mismo hacen los novilleros. Es el caso de mi hijo, que lleva luchando tres años. Ha pasado por la escuela taurina de Málaga, Sevilla, y ahora está buscando su oportunidad.

¿Usted cómo se hizo torero?

Yo nací en una familia taurina. Mis padres fueron toreros. Mi mamá era ‘la morena de los ruedos’ y mi padre, un torero acróbata a quien le decían ‘el Indio Veloz’. Nos fuimos a vivir a Cúcuta y allí conocimos a don Gerónimo Pimentel Gómez, quien me ayudó a salir adelante como matador de toros. Yo llegué a una ganadería de don Fabio Grisolia en Venezuela; ese día inauguraban la placita de tientas y el presidente Carlos Andrés Pérez estuvo en el tentadero. Él me vio torear y dijo: “Deberían ayudar a este torero que tiene buenas condiciones”. Don Fabio y Gerónimo dijeron: “Listo, mandémoslo para España”.

¿Y se fue?

No me pude ir porque mis papás me habían exigido terminar el bachillerato. Me gradué y en marzo de 1982 llegué a España de manos de Gerónimo Pimentel y de Gabriel de la Casa, quien era un gran matador de toros, hijo de ‘Morenito de Talavera’.

Empecé a hacer una campaña de novillero como nunca se había hecho. Llegué a torear más de 75 novilladas picadas, más de 150 novilladas sin caballo, y mi apoderado Gerónimo hizo las gestiones para que fuera a todas las grandes ferias. Pero unos días antes de que me fueran a dar la alternativa, un toro hirió de muerte a José Cubero, ‘Yiyo’, y la alternativa quedó en veremos.

Entonces ¿dónde tomó su alternativa?

Los toreros siempre se visten de blanco cuando van a tomar la alternativa, pero yo fui a ver al Cristo de Medinaceli; lo vi con su manto de Nazareno. Le prometí que si me hacía matador de toros me vestiría de Nazareno el día de mi alternativa. Salí de la iglesia y ahí mismo nos llamaron para Sevilla. En el hotel Wellington me encontré con el periodista Alberto Lopera, ‘Loperita’, y me dijo: ‘Gitanillo’, hable con Canorea para que lo ponga en la feria. Fui, le pedí el favor y me programó para el día 14. Así pude cumplir mi sueño de torear en la Real Maestranza de Sevilla. Ese día corté una oreja y di dos vueltas al ruedo.

Don Gerónimo era muy amigo de don Hernando Santos Castillo, lo llamó y le dijo que yo acababa de triunfar en Sevilla. Él, junto con don Hernando y Fernando González Pacheco se inventaron la primera Corrida de la Prensa en América y decidieron que tomara mi alternativa el 6 de octubre en la plaza de toros de Santamaría, de manos de Pedro Gutiérrez Moya, ‘El Niño de la Capea’, y Juan Antonio Ruiz, ‘Espartaco’, con toros de Lencerillo de don Darío Restrepo. Tenía 22 años. Fue un éxito. De ahí mi vida fue solamente para arriba.

Y cómo defender la fiesta brava

Over Gelain Fresneda Félix, Gitanillo de América (izq.), y su hijo Santiago Fresneda, también ‘Gitanillo’ de América.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

¿De dónde surgió su nombre ‘Gitanillo de América’?

Mi nombre real es Over Gelain Fresneda Félix. Mi papá tenía representaciones cómicas y a veces trabajaba con Manolo Cano, un señor que traía espectáculos de España. Un día me vio en Cúcuta y me preguntó mi nombre; yo dije Over Gelain y muy gracioso dijo: “No, no, no, yo te voy a llamar Gitano”, y Gitano me llamaron hasta en mi casa. Cuando llegué a España, en el año 82, me contrató un señor para una novillada en Gavilanes (Ávila) y le preguntó a Gabriel de las Casas con qué nombre me anunciaba porque allí había muchos gitanos: el Gitano de oro, de plata, de Ricla, de Triana. Yo comencé a visualizar en mi mente mi nombre y le dije que me anunciara como ‘Gitanillo de América’, que yo sabía que con ese nombre iba a tener éxito. En Gavilanes corté cuatro orejas y un rabo. Patenté mi nombre hasta el día de hoy, y como herencia se lo cedí a mi hijo Santiago Fresneda.

¿Cómo fue su relación con su mamá?

Mi mamá toreó hasta los 16 años, cuando quedó embarazada de mi hermana mayor, pero ella acompañaba a mi papá a las plazas de toros. Era quien estaba en las taquillas. A mí me crio muy taurino, con mucha disciplina, porque los toreros no pueden trasnocharse, deben cuidarse para vivir el toreo. Me casé con una mujer que es muy respetuosa de mi profesión, aunque ella solo es taurina al bailar pasodobles.

¿Cómo heredó su hijo la vocación por los toros?

Un día, en el tentadero de El Paraíso, Enrique Ponce le dijo a mi hijo Santiago, que tenía solo 9 años, si quería torear. Él y Gerónimo Pimentel dijeron “este va a ser torero”. A mi hijo se le metió en la cabeza tal idea, pero yo no quería que dejara de estudiar. Le permití que jugara mucho al toro, lo llevaba a los tentaderos y así se fue formando. Salió de estudiar de un colegio militar y el día del grado me dio la sorpresa. Me dijo: “Papá, yo le cumplí en todo y aquí tengo mi pasaje para España, lo he comprado con mis ahorros, voy a buscarme la vida y a luchar para ser matador”. Le firmé el permiso para que viajara y empezó a buscar por él mismo sus puertas. Entró a la Escuela Taurina de Málaga por sus propios méritos.

¿En Colombia existe alguna escuela taurina?

Aquí, la única escuela taurina es la de Gerónimo Pimentel, en Choachí. La sostiene con una corrida al año. Ya tiene a Sebastián Cáqueza, su primer matador. Coltauromaquia tiene el proyecto de crear la primera escuela taurina en Bogotá. Por ahora, los novilleros se forman en los tentaderos. Yo, como presidente de la Unión, les hago seguimiento y les pongo condiciones, como seguir estudiando. Incluso contacto a los papás de los muchachos por si les pasa algo, ya que hasta una vaca pequeña puede golpear muy duro. Hoy por hoy tenemos una base de 40 novilleros en toda Colombia.

PLINIO APULEYO MENDOZA
Especial para EL TIEMPO

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