El joven que perdió una pierna y vendió su prótesis para ser ciclista

El joven que perdió una pierna y vendió su prótesis para ser ciclista

Cristóbal Zamora fue alcanzado por una bala perdida durante un enfrentamiento armado en Nariño.

Cristóbal Zamora

Cristóbal Zamora pisó una mina antipersona en el Charco, Nariño.

Foto:

Milena Bernal

Por: María Fernanda Neira Vargas
02 de agosto 2019 , 04:55 p.m.

Hace un año, Cristóbal Zamora Grueso tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida, caminar con sus ‘dos piernas’ o poder convertirse en un medallista paralímpico y comprarse su propia bicicleta.

A sus 29 años de edad, Cristóbal se siente como un santandereano más, nació en El Charco, Nariño, municipio ubicado a doce horas de Pasto, pero comenta que en la ciudad bonita lo han acogido de la mejor manera y es un fiel ejemplo de aquella frase: "el que pisa tierra santandereana, es santandereano".

A diario no solo disfruta de recorrer las calles de Bucaramanga con su bicicleta, sino que también entrena en las mañanas y tardes para convertirse en el próximo Nairo Quintana, o como él prefiere llamarlo, 'Nairito', este es el sueño de Zamora, quien espera poder hacer parte de la Selección Colombia.

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Durante su juventud, él disfrutaba del tiempo en familia en Nariño y contribuía llevando dinero que conseguía pescando en el río, pero llegó el momento en el que tuvieron que dedicarse a la siembra de coca porque la pesca ya no alcanzaba para suplir las necesidades en su casa.

Cristóbal Zamora

Cristóbal busca el oro en las próximas competencias paralímpicas que se realizarán en Cartagena.

Foto:

Milena Bernal

Un día, a sus 18 años, se encontraba caminando en el terreno donde trabajaban, cuando escuchó unas balas muy cerca, tuvo que salir huyendo y refugiarse en el primer lugar que encontró, balas pasaban por su lado y solo se escuchaban tiros cada segundo, pues se encontraba en medio de un combate entre integrantes de la guerrilla y el Ejército, sonidos que solo había escuchado en la única radio que había en su casa.

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No bastó con refugiarse y tratar de huir desesperado, un dolor intenso que comenzó a sentir después de correr lo alertó, era lo que se imaginaba, una bala había atravesado su pierna izquierda y de inmediato cayó al suelo, entre la desesperación y el dolor que sentía en ese momento solo gritaba pidiendo ayuda, hasta que después de varias horas fue atendido y trasladado a Tumaco a un centro médico para salvar su pierna y no perder más sangre, pero durante los 3 días que duro allí, no recibió atención alguna porque para los soldados, él era un guerrillero más con quien debían ‘acabar’.

“Decían que yo era guerrillero y cada rato que los militares pasaban por enfrente mío y de los médicos decían: uno menos, uno menos. Yo sentía que me querían dejar morir porque decían que yo era guerrillero”, comentó Zamora.

Debió ser trasladado a Pasto en donde recibió varias transfusiones porque había perdido mucha sangre y cada vez que le preguntaban su nombre él decía otro totalmente diferente porque comenzaba a desvariar.

Cristóbal Zamora

Perdió la pierna a los 18 años.

Foto:

Milena Bernal

En este centro médico le realizaron varios exámenes para tratar de salvar su pierna, le hicieron una intervención quirúrgica con una incisión desde el talón hasta la cadera y él solo escuchaba la palabra ‘amputar’, la cual desconocía totalmente su significado, nunca se imaginó que amputar significaba que no podría volver a caminar en dos piernas.

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“Yo me sentía frustrado al perder la pierna porque iba a ser una carga para mi familia, pero gracias a Dios salí adelante ya que tuve ciertas amenazas porque pensaban que era guerrillero y llegar hasta aquí ha sido algo muy grande porque prácticamente estaba más del otro lado que de este”, relató Cristóbal Zamora.

Dejando atrás a sus cinco hermanos y sus padres, quienes fueron determinantes para que las autoridades dejaran de creer que era un guerrillero, Cristóbal alistó maleta y dejó su pueblo en busca de una prótesis.

Yo me sentía frustrado al perder la pierna porque iba a ser una carga para mi familia

Sin parar de luchar, comenzó su gira por varias ciudades de Colombia, llegó a Cali, Pasto, Bogotá y, finalmente, terminó en la frontera colombo venezolana, en Cúcuta.

En esta búsqueda, Cristóbal inició una lucha con su EPS para que le dieran una prótesis y en el año 2016 la consiguió.

Con esta nueva ‘pierna’, Cristóbal obtuvo trabajo como guardia de seguridad en la Contraloría pero al año su contrato no fue renovado
, lo que dejó a este joven sin empleo y sin poder pagar el arriendo de la habitación donde vivía con su esposa y su pequeña hija de 2 años.

Durante este tiempo sin trabajo, Zamora se dedicó a jugar baloncesto en silla de ruedas, hasta que un día, un entrenador de la selección Santander de Atletismo lo vio, se deslumbró con su físico y destreza y le hizo una invitación que lo haría cambiar de ciudad.

Cristóbal Zamora

El nariñense tiene una esposa y una hija, quienes viven en Cúcuta.

Foto:

Milena Bernal

Desde pequeño su pasión por el deporte ha estado presente y esta iba a ser una gran oportunidad para sentirse útil y representar al departamento en los juegos paralímpicos, por lo que no dudó un segundo en aceptar la invitación y comenzar a vivir en la ciudad bonita de Colombia, Bucaramanga, pese a que debía hacer el sacrificio de dejar a su pequeña y a su esposa en la capital nortesantanderana.

A pesar de haber dejado en alto a Santander y haber ganado dos medallas de plata y una de bronce, no se sentía a gusto con este deporte, ya que su pasión siempre habían sido las bicicletas y soñaba con ser el mejor ciclista, representando al departamento que con tanto cariño lo había acogido después de su accidente.

Para pertenecer a la selección Santander de ciclistas paralímpicos, Zamora debía tener una bicicleta de diez cambios la cual costaba alrededor de tres millones de pesos, pero como estaba desempleado no tenía cómo conseguir el dinero.

Una idea en su cabeza comenzó a rondar, la prótesis la podía vender en unos 4 millones de pesos, le alcanzaba perfectamente para comprar la bici y adaptarla, pero por otro lado tendría que volver a vivir con una sola pierna por lo que se vio obligado a tener que escoger entre vender su prótesis y comenzar a preparase para representar a Santander o poder caminar con sus dos ‘piernas’, decisión que le tomó mucho tiempo pero que al final terminó escogiendo el deporte, que según él, le abriría muchas puertas para su futuro y así poder volver a contribuir con su hogar.

Hablé con una persona interesada en comprarme la prótesis y quien me dio 4 millones de pesos y así pude comprar la bicicleta, le hicimos varios cambios para adaptarla y poder comenzar a entrenar

“Me puse a pensar, fue una decisión difícil, dije: la prótesis la estoy usando, pero la bicicleta me va a ser más útil. Lo pensé por mucho tiempo, hablé con una persona interesada en comprarme la prótesis y quien me dio 4 millones de pesos y así pude comprar la bicicleta, le hicimos varios cambios para adaptarla y poder comenzar a entrenar”, dijo el joven deportista.

Cristóbal tenía que transportarse a diario desde la Fundación para Víctimas de Minas Antipersonas, lugar en donde actualmente se encuentra viviendo, debido a que le costean la alimentación, pero el transporte desde este lugar ubicado a unas cuadras abajo de la Gobernación de Santander, en el centro de la ciudad hasta el Velódromo Alfonso Flórez Ortiz, sitio donde entrena a diario, costaba alrededor de 3 mil pesos por trayecto. Como no estaba trabajando no tenía una fuente de ingresos para costear sus pasajes, esta fue otra de las razones por las cuales decidió vender su prótesis y comenzar a transportarse en su bicicleta.

Cristóbal Zamora se ha convertido en un ejemplo de determinación y constancia, actualmente entrena dos veces al día para cumplir con su próximo objetivo, traerse el oro para Santander en las próximas competencias paranacionales que se desarrollarán en Cartagena.

Con el dinero que pueda conseguir más adelante, Cristóbal sueña con cambiar su bicicleta, “seguiré trabajando para conseguir mi meta pero ojala que pueda conseguir un ‘ángel de la guarda’ que me apoye con recursos para comprar todo lo que requiere un deportista de alto rendimiento”, enfatiza Cristóbal mientras sonríe.

Este soñador no dejará de hacer sacrificios para cumplir sus objetivos. “Si me volvieran a dar la prótesis y me tocara venderla para cumplir mi sueño de ser un gran deportista, lo volvería hacer las veces que sean necesarias”, enfatiza Cristóbal, quien todas las noches debe hacerse masajes en sus brazos ya que termina muy cansado por la fuerza que debe ejercer.

MARÍA FERNANDA NEIRA VARGAS
Para EL TIEMPO
BUCARAMANGA
@MafeNeira3​

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