El terrible presentimiento de cadetes que murieron en atentado

El terrible presentimiento de cadetes que murieron en atentado

En Santander, algunos padres de familia aseguraron que hubo indicios del ataque terrorista.

Atentado escuela General Santander

Homenaje de las familias a los cinco cadetes santandereanos que murieron en atentado.

Foto:

Cortesía

Por: María Alejandra Acela
16 de enero 2020 , 08:13 p.m.

“Papá, nos tienen asustados porque están pasando muchos drones por encima de la Escuela y es peligroso que nos manden una bomba”.

Esas palabras aún retumban en la cabeza del padre de uno de los 22 cadetes que perdieron la vida tras el atentado terrorista perpetrado el pasado 17 de enero del 2019 en la Escuela de Cadetes General Francisco de Paula Santander, en Bogotá. De los 22 cadetes, cinco eran santandereanos.

Iván René Muñoz Parra, Diego Fernando Martínez Galvis, César Alberto Ojeda Gómez, Óscar Javier Saavedra Camacho y Jhonatan Heiner León Torres habían dejado su región para cumplir su sueño de convertirse en policías.

“Mi hijo me había comentado que habían encontrado dentro de las instalaciones una bolsa con dos pistolas y un lema que decía que en la General Santander correrá sangre, no sé qué pasaría con Inteligencia”, asegura el padre, quien prefiere ocultar su nombre por seguridad.
Hoy sus familias claman por justicia, tras un año de protestas, dolor y una lenta investigación que no ha dejado ningún condenado.

Atentado escuela General Santander

Familiares realizaron algunas movilizaciones para que no se dejara de reconocer a sus hijos.

Foto:

Cortesía

“Yo le dije a mi madre: ‘son tres años que va a estar seguro allí adentro’”, recordó William Guillermo Muñoz Parra, hermano del cadete Iván René, pues así consideraba la seguridad de la Escuela, teniendo en cuenta las altas precauciones que los uniformados tenían a la hora de dar ingreso a otros ciudadanos.

Sin embargo, esa seguridad logró verse truncada por un Nissan Patrol conducido por José Aldemar Rojas, quien ingresó a la institución con 80 kilos de pentolita y falleció en un terrible y lamentable acto terrorista.

Las dudas en este caso no abandonan las mentes de los padres de familia con su alma en luto. Es el caso de César Augusto Ojeda Quintero, padre del cadete César Alberto, quien divaga en que “como seres humanos, tenemos dudas. No faltan los infiltrados, porque lo que nosotros decimos es, ¿cómo ingresó ese vehículo a la General Santander?, si cuando nosotros íbamos a visitar a nuestros hijos para ingresar eso era, mejor dicho, nos requisaban todo y eran varios anillos de seguridad”.

Una opinión similar le merece a Óscar Saavedra, padre del cadete Óscar Javier, quien reflexiona: “eso deja un sinsabor. Habiendo tanta seguridad, ¿por qué estaban tan confiados y por qué con tanta facilidad entró ese carro? Uno no sabe con complicidad de quién o quiénes actuaron ellos, ¿no? Queda uno con muchas dudas”, dijo.

En palabras de Muñoz Parra, la investigación “va muy mal. Va casi un año y solo aplazan las audiencias y no hay derechos humanos sino para los capturados; para los 22 muchachos, que eran casi niños, no hay. La justicia va muy lenta, no ha habido ningún condenado. Este fue un crimen inhumano”, sostuvo.

Con mi hijo tocamos el tema de la Escuela y él me dijo que la Escuela estaba amenazada, eso es lo que hemos escuchado, y yo le dije '¿qué ha hecho la Escuela sobre estas amenazas?'

Por su parte, Óscar León, padre del cadete Jhonatan Heiner, opinó que “la investigación va lenta, totalmente. Necesitamos más resultados. A nosotros nos toca estar preguntando. Este año que pasó fue duro, nos tocó viajar bastante, estar en reuniones y estar unidos, como siempre hemos estado, porque la unión nos ha hecho fuertes”.

Algunos padres de las víctimas confesaron en el momento de los hechos un dato del que poco o nada se ha hablado públicamente: el de que los cadetes estuvieron atemorizados desde antes de que sucediera el atentado.

Uno de los padres destacó que “salieron unos comentarios de unos padres de familia que estuvieron en la reunión que hicieron con el director de la Policía y se le dejó esa inquietud, pero en concreto no se supo nada. Uno espera que en la investigación salgan a relucir esas cosas”.

Otro padre comentó: “Con mi hijo tocamos el tema de la Escuela y él me dijo que la Escuela estaba amenazada, eso es lo que hemos escuchado, y yo le dije: '¿qué ha hecho la Escuela sobre estas amenazas?'. Y me dijo: ‘no, pues, ahí nada, comentaron eso y no han hecho nada’”.

Al momento de hablar sobre esta información en la mencionada reunión en la que se encontraron las familias de los jóvenes con quien en ese entonces era directora de la Escuela, la general Juliette Kure, los padres refieren que “no supo decir nada”.

La general Kure fue trasladada mientras se lleva a cabo la investigación y, en la actualidad, el coronel Gustavo Franco está ocupando el cargo de director. Hasta el momento, las autoridades no han revelado nada respecto a las amenazas denunciadas.

Así eran los cadetes

Amigos y familiares de Iván René Muñoz Parra lo recuerdan por su vocación de servicio a la comunidad, razón por la que a sus 21 años cumplía su sueño en la lejana Bogotá, y cada vez que había oportunidad llegaba a Barichara a saludar amigos de la infancia, con quienes procuraba estar en contacto siempre.

"Su sueño era ser policía, era una persona alegre, uno siempre la pasaba bien con él" así recuerda Edwin Parra a su primo. La última vez que compartieron fue durante la época decembrina del 2018, en una reunión familiar que era costumbre. Entre juegos y celebración se despidieron para volver a la rutina.

“Un día con los compañeros dijo que si él moría mañana, moría feliz, porque estaba haciendo lo que él quería”, recordó Muñoz Parra sobre un pensamiento en vida de su hermano, quien, junto a sus compañeros, llevaba 18 de los 36 meses que tenía de duración su tiempo en la institución.

Por su parte, Diego Fernando Martínez Galvis, de Curití, partió con la ilusión de dar una mejor vida a sus padres y regresar en el siguiente permiso a ver a su novia. Con 22 años, Martínez Galvis era el menor de cinco hermanos. Sus padres, José Martínez Jiménez y Mercedez Galvis Rodríguez, viven en una vereda de este municipio.

Acceder a un crédito fue la alternativa que había encontrado para poder hacer el curso de Oficial en la Policía, institución a la que anhelaba pertenecer desde niño. Martínez Galvis había prestado su servicio militar en el Comando de Policía de San Gil, periodo en el que alcanzó a recibir tres felicitaciones por sus logros.

En el barrio Provenza, de Bucaramanga, Jhonatan Herney León Torres pasó su infancia. El 6 de diciembre del 2018 había cumplido sus 23 años, único hombre entre los cuatro hijos de la unión entre María Lida Torres Cortés y Óscar León Quintero, quienes esperaban que en tres meses recibiera el grado de subteniente.

Su padre lo recuerda como el hijo conversador, entregado a su labor y quien tenía el propósito de comprar casa para su familia en cuanto pudiera.

Un amante de los caballos y la vida, a quien destacan por su vocación de servicio, además de pertenecer a la comunidad religiosa de los Nazarenos en Floridablanca; así recuerdan al cadete Cesar Alberto Ojeda Gómez, quien el 19 de diciembre había cumplido sus 22 años y era egresado del instituto Gabriela Mistral de esta ciudad.

Cesar Alberto era el segundo de cuatro hermanos, hijos de Cesar Augusto Ojeda Quintero y Lucero Gómez Pérez.

Su abuela, Cecilia Pérez, recordó que en la última conversación el uniformado le había dicho que para ese semestre del 2019 le dejarían dos caballos de la escuela a su cargo, y que estaba muy feliz por eso.

Por último, Óscar Javier Saavedra Camacho, también de Bucaramanga, era graduado de Ingeniería de Sistemas de las Unidades Tecnológicas de Santander y se fue a la Escuela General Santander con la ilusión de explotar su vocación de servicio a la comunidad.

El 30 de enero pasado cumpliría 22 años y vecinos de la urbanización Villas de Romero de la capital santandereana como Carlos Jiménez conservan la imagen del que "era muy servicial, atento y un bonito ser humano". Esas cualidades quería ponerlas al servicio del país, y por eso decidió integrarse a esa institución.

El uniformado además practicaba el karate do, y desde el ingreso a la Policía hacía parte del grupo de taewkondo de la institución, sus familiares le auguraban buen futuro además en ese deporte, que quería desempeñar profesionalmente.

Un año después, cinco familias santandereanas recuerdan a sus hijos caídos y piden que el peso de la justicia caiga sobre todos los responsables.

MARÍA ALEJANDRA ACELA
Para EL TIEMPO
BUCARAMANGA

Este artículo hace parte del especial 'Tributo a 22 héroes: Un año del ataque del terrorismo al corazón de la Policía', que informa sobre el estado actual de la investigación y cómo están las familias de las víctimas mortales del ataque en el aniversario de los hechos.

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.