Invitamos a dos ciudadanos del común que están en contra de la corrupción, a contarnos sus argumentos para asistir o no a la marcha del próximo 1° de abril.
Marcho sobre todo en contra de la apatía. Estamos en un momento donde la desazón de tantos golpes que ha recibido el pueblo a manos de quienes teóricamente nos representan, ha generado un grado de apatía, desamor y falta de compromiso con el país, que me preocupa.
Siempre fui una persona muy positiva, y pensaba que las crisis pueden ser momentos de oportunidad. Ahora con la sumatoria de eventos de corrupción que ha sufrido el país en los últimos años creo que la tolerancia de muchos se ha ido saturando. Es tanto así que a los que votamos por el No en el plebiscito nos tildaron de querer la guerra y fuimos frecuentemente atacados por quienes no pensaban lo mismo, de manera incluso violenta, personas que frecuentemente eran amigos.
Por eso marcho. No por quienes la convocan. Marcho por mí y por mi familia, por las generaciones que vienen, porque estoy cansado de nuestros gobernantes y su robo continuado, porque los elegimos para representarnos, no para que nos robaran o esclavizaran. Marcho porque lo que vive Colombia hoy, lo vivió Venezuela, y no quiero que ese sea el futuro del país que tanto amo. Quiero tener la conciencia tranquila de que al menos me expresé y demostré mi inconformismo ante la suma de tantos actos contra el mismo pueblo.
Tenemos que vencer la apatía. Están decidiendo nuestro futuro, robando nuestro dinero y nos quedamos en casa renegando mientras desde algunos escritorios nos continúan rifando. Somos la razón de ser de nuestros gobernantes y ellos deben entender que trabajan para nosotros y no es lo contrario. La responsabilidad de ser líderes de la sociedad lograron sepultarla bajo los intereses económicos personales o de grupos.
No más apatía, hay que empezar a actuar para cambiar este panorama y mostrarle al mundo entero que no estamos de acuerdo.
* Carlos Alberto Restrepo Peláez, Médico Oftalmólogo. Clínica de Oftalmología Sandiego. Docente de postgrado UPB.
Evidentemente la corrupción ha sido un mal que ha aquejado históricamente a nuestro país. Un mal por medio del cual se ha anquilosado y legitimado una clase política que ha asaltado la buena fe de los ciudadanos, además de las arcas con las que, con mucho esfuerzo, construimos “lo público”, lo de interés general, lo de todos.
La lucha contra la corrupción es necesaria e inminente, pero no es lo único, pues esta se alimenta de la avaricia de esa clase política, anquilosada en las instituciones y en las instancias de toma de decisiones.
¿Marcharé el 1 de abril contra la corrupción? La respuesta es NO. Un no rotundo y contundente. Porque no voy a marchar al lado de quienes representan esa clase política, amangualada descaradamente con criminales, que hicieron de la corrupción, precisamente, su mecanismo de subsistencia.
No marcharé al lado de alguien que ha protegido a los mayores corruptos del país, de quienes desplazaron millones de personas y se enriquecieron con ello. No marcharé al lado de quien fue destituido por corrupto. El primer y real acto anti corrupción de este país consistirá en no salir a apoyar una marcha que lideran los seres más corruptos de este país.
* Daniel E. Aguilar Rodríguez, PhD. Docente Investigador Universidad Externado de Colombia, Facultad de Comunicación Social-periodismo.
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