Cultivos trashumantes, políticas inoperantes / Opinión
ANÁLISIS UNIVERSIDAD EXTERNADO
Universidad El Externado

Cultivos trashumantes, políticas inoperantes / Opinión

Un análisis de la Universidad Externado sobre las áreas sembradas y las erradicadas en Colombia.

Coca en los parques naturales

El cinco por ciento de los cultivos de hoja de coca están dentro de los Parques Nacionales Naturales, y otro 27 por ciento se localiza a menos de 20 kilómetros de estos.

Foto:

Hernando Herrera / Archivo EL TIEMPO

Por: Óscar A. Alfonso R.
02 de octubre 2018 , 07:20 a.m.

Con base en los registros de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la Facultad de Economía de la Universidad Externado, ha realizado análisis de las áreas sembradas y de las erradicadas.

Hay cuatro fenómenos de trascendencia que se detectan en la prolífica literatura sobre el tráfico de estupefacientes en el mundo y sobre el rol de Colombia, en particular de los flujos de cocaína:

  • Es un mercado muy dinámico, pues la hoja de coca no se produce como se hacía 35 atrás, desde cuando se tiene noticia del surgimiento de los carteles en el país. En ese lapso, se ha sabido que el ácido de coca se sintetiza también en laboratorios farmacéuticos.
  • Al haber alcanzado la etapa de estandarización dentro del ciclo internacional del producto, la cocaína se distribuye en más de una presentación.
  • Ha habido ampliación del mercado pues, de un lado, en las economías centrales los consumidores consuetudinarios y ocasionales se han incrementado a mayor velocidad que los esfuerzos de los programas de salud pública en materia de prevención y rehabilitación y, del otro, países productores han virado inevitablemente en consumidores. Se estima que hay 17 millones de consumidores de cocaína, entre permanentes y ocasionales, que experimentan periódicamente un incremento en los precios del alcaloide.
  • Los acuerdos globales siguen siendo confusos, y se mantiene el énfasis en el control de la oferta por medio de las políticas de erradicación forzada y fumigación.

En tal contexto, los discursos sobre la inoperancia de la prohibición y penalización y, de manera consecuente, de la legalización, afloran de manera reiterada desde voces muy calificadas en los ámbitos académicos y políticos, sin que tengan mayor resonancia en las esferas de decisión. Simultáneamente, las áreas sembradas con el arbusto de coca aumentan, como era de esperarse ante tal estado de cosas.

Antonio Caballero insiste en achacar la culpa de esto al Departamento de Estado de los Estados Unidos y, en especial, a su brazo interventor, la DEA. Alejandro Gaviria sostuvo que se debe a un accidente histórico. Por el contrario, Francisco Elías Thoumi, aborda el fenómeno desde sus causas internas y, con especial énfasis, en la rentabilidad de la violación de la ley en Colombia, fenómeno que distingue al país de otros con similar potencial productor del arbusto de coca. Andrés Pastrana, con inaceptable tono jocoso, sugirió el día de posesión de Iván Duque como presidente, que el área cultivada llega a las 250.000 hectáreas sin mencionar soporte alguno, pero con clara intención de enlodar a la administración saliente.

Con base en los registros periódicos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito –UNODC–, en la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia se han realizado análisis de las áreas sembradas y de las erradicadas, en los que se constata el fenómeno de la trashumancia de tales cultivos. Esto quiere decir que, mientras el país adopta planes piloto para erradicar los cultivos en municipios como Tumaco y las zonas adyacentes, con graves implicaciones socio-ambientales y de salud pública, los narcotraficantes, que captan la abrumadora mayoría de las ganancias, promueven los cultivos en otras zonas, como en el Catatumbo, o donde ejércitos irregulares continúan imponiendo su ley.

Mientras el país adopta planes piloto para erradicar cultivos en municipios como Tumaco, los narcotraficantes los promueven en otras zonas donde ejércitos irregulares continúan imponiendo su ley

La cocaína se presenta, además de en su forma tradicional como pasta básica, bajo la forma de clorhidrato. No hay secreto tecnológico alguno para fabricarla y, además, sembrar coca en sus variedades más productivas es muy fácil. Por su parte, el glifosato con el que se realiza la aspersión aérea es una sustancia cancerígena y el Estado colombiano, como ocurrió recientemente con Monsanto, afronta el riesgo de ser condenado a pagar elevadas indemnizaciones a quienes contraigan cáncer por la aspersión aérea con ese herbicida. Mientras tanto, son los campesinos empobrecidos los que entran en conflicto y arriesgan la vida, al paso que los narcotraficantes disfrutan de sus ganancias acumuladas en unos cuantos paraísos fiscales.

Este panorama exige salidas ingeniosas y no meramente punitivas como la “erradicación forzada” que derivará en más derramamiento de sangre y un mayor deterioro ambiental.

ÓSCAR A. ALFONSO R.
Docente de la Universidad Externado de Colombia, investigador del grupo Construcción de Estado, Territorio y Paz de la Facultad de Economía

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