Los damnificados que deja el derrumbe en la vía al Llano

Los damnificados que deja el derrumbe en la vía al Llano

Desde la tarde del miércoles comenzó el plan para habilitar paso de vehículos de carga represados. 

Derrumbe en la vía al Llano

Desde el domingo, la carretera entre Bogotá y Villavicencio está cerrada por deslizamientos. La vía solo se abriría el viernes.

Foto:

Hernando Herrera / EL TIEMPO

Por: Nelson Ardila Arias
29 de agosto 2018 , 09:26 p.m.

Una escuela enterrada por un gigantesco derrumbe que obligó a trasladar más de un centenar de niños a otra sede educativa, una decena de familias que han tenido que abandonar sus casas porque la montaña se les vino encima o agrietó sus casas y los conductores de 55 tractomulas cargadas de petróleo que completan tres días esperando pacientemente a que reabran la vía.

Ese era el desolador panorama encontrado este miércoles en el sector de Servitá, en un tramo de la antigua vía a Villavicencio, por donde transitan las tractomulas que llevan el petróleo de los Llanos al interior del país, cuyo telón de fondo es una inmensa montaña llena grietas con gigantescas rocas y material que amenazan con seguir cayendo sobre la calzada de la vía cada que llueve.

Los derrumbes en ese sector empezaron en junio de 2001, seis meses después que la fuerza pública lanzó desde sus aviones infinidad de bombas sobre la montaña para espantar a los guerrilleros de las Farc que se quería tomar la vía al Llano, en las goteras de Villavicencio, argumenta Elí Ortiz Cruz, un abuelo de 78 años, que el año pasado, junto con su familias tuvo que abandonar su casa ante el riesgo de ser sepultado por la montaña, que efectivamente se vino sobre su casa el domingo en la noche.

Otros les echan la culpa del derrumbe a los campesinos que tumbaron el bosque para sembrar pasto para crías sus vacas y los expertos que han realizado estudios en la zona responsabilizan a la falla geológica de Servitá que pasa sobre esa zona y que ha provocado el desmoronamiento paulatino de la montaña.

Allí, en julio de 2017, uno de los derrumbes que puso en riesgo la escuela obligó a trasladar a los 115 niños
de primero a quinto de primaria a la sede principal de la Institución Educativa Guillermo Cano Isaza de Buenavista. El aviso de hace un año fue efectivo porque el voluminoso deslizamiento del pasado domingo en la noche sepultó varias aulas y parte del polideportivo.

De Servitá también tiene que sacar un hotel, donde se hospedaban los conductores de los vehículos de carga y de ahí, de su casa y de su taller de montallantas, tuvo que salir don Elio Ortiz, junto con los cinco miembros de su familia, a pagar 550.000 pesos de arriendo en otra casa y 200.000 pesos cada mes en un local para poder seguir curando e inflando llantas.

Como Elio Ortiz, su vecino Hernando Quevedo, un vendedor de tinto, salió de su casa esta semana junto a sus papás, ante la incertidumbre que la montaña se les viniera encima, pero sobre todo por las grandes grietas que aparecieron en las paredes y los fuertes crujidos de la tierra, que durante los últimos días les impedía conciliar el sueño.

Ellos salieron de la boca del derrumbe junto a una decena de familias cuyas casas fueron sepultadas o están en inminente riesgo de serlo. Algunos hasta se han llevado las tejas y las puertas de sus casas.

Pero no solo ellos sufren con cada deslizamiento, también los aguantan los conductores de los tractocamiones que tiene que durar días enteros a la espera de que habiliten la vía para poder continuar el camino.

Pablo Emilio Villalba, Álvaro Guauque y Diógenes Marín son tres conductores que transportan petróleo desde los llanos para el centro del país, “somos –dice Diógenes - los que hacemos mover al país”.

Allí hay una fila de 55 tractomulas esperando que den paso en la vía y el martes cuando se supo que abrían el viernes, varias se devolvieron o tomaron la ruta alterna por Casanare y Boyacá.

Derrumbe en la vía al Llano

Desde el domingo, la carretera entre Bogotá y Villavicencio está cerrada por deslizamientos. La vía solo se abriría el viernes.

Foto:

Hernando Herrera / EL TIEMPO

Álvaro sostiene que en sus 35 años trabajando manejando camiones siempre le ha tocado llevar las de perder en estos trancones, en que la empresa transportadora con la que trabaja tiene que negociar con el propietario del combustible las pérdidas que ocasionan las demoras.

En junio del año pasado por un derrumbe en el mismo sitio le tocó esperar dos días y en esta ocasión ya va a completar tres días y cada día que paran tiene un costo adicional de entre 50.000 y 60.000 pesos para los alimentos.

Por fortuna, sostiene, “en este sector hay casas y restaurantes donde nos venden la comida, nos prestan el baño para asearnos y nos toca dormir en la cabina del hotel tractomula”, agrega Álvaro, que salió de Yopal con rumbo a Guaduas (Cundinamarca).

Pablo Emilo, quien viene con crudo de Villanueva (Casanare) con destino a Lérida (Tolima), sostiene que a él le ha tocado pagar por el préstamo del baño, todo el tiempo tienen que cuidar el vehículo. En las noches “arruncharse” como se pueda en la cabina del vehículo y dormir con un ojo abierto para evitar ser sorprendidos por un nuevo derrumbe.

Vía se abriría el viernes

Los trabajos en los 15 sectores que resultaron afectados por los deslizamientos en la vía Bogotá-Villavicencio siguen a toda marcha por parte de Coviandes, concesión de esta carretera, que solo se abriría este viernes.

Por el momento, las autoridades establecieron un plan de choque para habilitar el paso para los vehículos de carga represados.

De otro lado, en Villavicencio los productos que vienen del interior del país ya empiezan a encarecerse en la central de abastos de la ciudad.

NELSON ARDILA ARIAS
Corresponsal de EL TIEMPO
Villavicencio
Twitter: @nelard1

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