18 años del asesinato de los Turbay Cote

18 años del asesinato de los Turbay Cote

La masacre, perpetrada por las Farc, es uno de los crímenes que deberá esclarecer la JEP.

Turbay Cote

Sepelio del Representante a la Cámara asesinado y su madre Inés de Turbay Cote.

Foto:

Guillermo Herrera / EL TIEMPO

Por: Leonel Cabezas
29 de diciembre 2018 , 06:00 a.m.

Este 29 de diciembre se cumple otro aniversario de uno de los peores crímenes de las Farc: la masacre de Inés Cote de Turbay; de su hijo, el congresista Diego Turbay Cote; del conductor Rafael Ocasiones Llanos, del arquitecto Jaime Peña Cabrera y de los escoltas Edwin Alarcón, Hail Bejarano Martínez y Dagoberto Samboní Uní. El hecho se registró en la carretera que, de Florencia, conduce a Puerto Rico (Caquetá)

El periodista Leonel Cabezas Litz, director del diario El Caqueteño, recuerda en esta nota periodística cómo ocurrió la masacre, perpetrada por la columna móvil Teófilo Forero y que representó uno de los momentos más críticos del fallido proceso de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de ‘Manuel Marulanda’.

Un viernes caluroso propio del clima decembrino del Caquetá, el esplendor del sol se asomaba por el Lomo de la Cordillera Oriental. A las 7 de la mañana la comitiva se alista para iniciar el recorrido, tal como estaba previsto en la agenda del congresista Turbay Cote, para asistir a la posesión de José Lizardo Rojas y José Huber Hernández, alcaldes populares electos el 29 de octubre del 2000. En la camioneta Toyota Land Cruiser color verde de placas de Zipaquirá OJG-216 toman asiento el conductor Rafael Ocasiones y los escoltas Angarita y Samboní, mientras que en la silla trasera se acomodan el representante Turbay Cote, el escolta Bejarano y el fotógrafo Jorge Enrique Sánchez. En un segundo vehículo, un Corsa blanco, abordan el ex-alcalde de Florencia Carlos Alberto Beltrán, la señora Inés Cote de Turbay, el escolta Anselmo Monje y la asistente Luz Miryam Alvarado. Pero al momento de marchar, Diego decide que su mamá los acompañe en la camioneta y el fotógrafo Sánchez Cardozo es relevado a ocupar el puesto en el otro carro.

Pero había un invitado que no llegaba a la cita en la casa Turbay, ubicada en el Barrio 7 de Agosto, a pocas cuadras del centro de la ciudad. Jaime Peña Peña Cabrera se comunica por teléfono con Diego y le solicita que lo recojan en su casa del exclusivo sector del Porvenir. Así se hizo, mientras que los ocupantes del Corsa ya habían emprendido el recorrido, siete personas acompañan a Diego Turbay en la Camioneta Toyota y otras cuatro van en el Corsa Blanco.

A su paso por e El Paujil, el congresista hace una parada protocolaria en el parque y es saludado por varias personas, entre ellas por el líder Alberdi Balcázar, militante del sector del representante Luis Fernando Almario Rojas, a quien también esperaban en la posesión del alcalde José Huber Hernández. Estaba prevista para las 10 de la mañana, pero fue postergada para las 12 para darle espera a Diego de cumplir con el Alcalde de Puerto Rico.

El desplazamiento trascurría sin contratiempo para los ocupantes del Corsa, que había tomado mucha ventaja. Al llegar a la galería del municipio de El Doncello, hacia las 8:30 a.m. de la mañana, deciden esperar a los de la Toyota y parar a tomar desayuno.

Al cabo de media hora aparecen. Pero doña Inés Cote advierte que no toman nada porque vienen muy demorados para llegar a Puerto Rico. Así, siguen de largo su recorrido mientras los del otro carro terminan sus platos.

El sorpresivo trancón a escasos kilómetros de El Doncello

Ninguno de los viajeros del Corsa presagiaba ningún suceso que perturbara su recorrido hacia Puerto Rico, ya que se encontraban a escasos 40 minutos. Pero al llegar al kilómetro 7 se encontraron con un cerco de varios taxis intermunicipales que cumplían ruta entre San Vicente del Caguán, Puerto Rico y Florencia y que habían sido ubicados para taponar la vía en un sitio estratégico.

Beltrán, Monje y Cardozo descienden del carro e indagan por lo sucedido, y uno de los taxistas les manifiesta que adelante hay un retén del Ejército que había sido atacado por la guerrilla. “Nos devolvimos y le avisamos al comandante de la Policía de El Doncello que éramos acompañantes del Doctor Diego Turbay; el oficial se comunicaba por radio insistentemente con Puerto Rico, y otras guarniciones militares para solicitar refuerzos”, recordó el escolta Monje. Al momento, apareció un taxista que confirmó la tragedia: “A todos los de la camioneta verde los mataron, están tirados en el piso y hay una señora de vestido negro”.

"Resolvimos continuar y logramos pasar el trancón y llegar a la Toyota –agrega Monje- (…) El escenario era dantesco: las puertas estaban abiertas, había recibido impactos de fusil en la parte delantera y trasera. Regadas en el piso había muchas vainillas de todos los calibres.

“Frente a la camioneta, sobre el pavimento, estaban los cuerpos sin vida de doña Inés y el doctor Diego, y los de los compañeros escoltas destrozados, con heridas de bala en las extremidades, el abdomen (…) Me subí a la camioneta y encontré debajo del cojín delantero la pistola Pietro Beretta del escolta, que alcanzó a esconderla. Las otras armas se las llevaron los guerrilleros, entre ellas una ametralladora mini Uzi, la Ingram de Samboní, el revólver de BEJARANO y el maletín personal con un dinero del doctor Turbay”.

En el trágico lugar se congregó mucha gente. Llegaron en camiones, buses, taxis, motos y campero. Era un momento indescriptible bajo el sol canicular. Al cabo de una hora, el cielo se vio invadido por helicópteros militares que descendían sobre la carretera. Llegaban miembros de la Fiscalía de Bogotá, del C.T.I, del Gaula de la Policía.

El levantamiento de los cadáveres

Llorábamos desconsolados y muchas personas también; nos tocó presenciar como hacia la una 1.00 p.m. la inspección de los cadáveres: Diego Turbay recibió 37 impactos de bala. Tenía 33 años. A doña Inés, quien contaba 66 años, le dispararon 17 veces. Todos, según las respectivas necropsias practicadas por el Instituto Nacional de Medicina Legal, fueron asesinados encontrándose acostados en el piso, en estado de indefensión, lo que revela la sevicia de los asesinos y su clara intención de aterrorizar a la población civil. Masacraron al presidente de la Comisión de Paz del Congreso junto con su madre y sus cinco acompañantes sin importarles el Proceso de Paz que se adelantaba en esos momentos entre las Farc y el Gobierno Nacional en el Caguán.

Los cadáveres fueron recogidos en bolsas plásticas negras y trasladados en los helicópteros a la Décima Brigada de Florencia, de allí a la morgue del Hospital María Inmaculada. Al día siguiente, hacia las 10 de la mañana, se les rindieron honores póstumos en Cámara Ardiente en la Asamblea Departamental. Doña Inés y Diego Turbay fueron trasladados en avión de la Policía a Bogotá, donde en una escena conmovedora y desgarradora fueron recibidos por Constanza, hija y hermana de los inmolados dirigentes. Ella es la única sobreviviente de esta familia, ya que Rodrigo, el otro hermano, había sido secuestrado por las Farc y asesinado el 3 de mayo de 1997.

Un desmovilizado del frente 15 le dijo a la Fiscalía que por orden de ‘Patamala’, uno de los jefes de la ‘Teófilo’, hizo vigilancia a la casa de Turbay y seguimientos a sus desplazamientos. Otros ex Farc relataron que cuando la caravana llegó a un puente se encontró con un retén ilegal de las Farc, donde unos 70 guerrilleros bajo el mando del ‘Paisa’ y ‘Patamala’ los esperaban.

Diego Turbay se identificó como Presidente de la Comisión de Paz del Congreso, pero los criminales con altanería los hicieron descender del carro y los obligaron a tenderse sobre la carretera. Otro desmovilizado atestiguó ante la Fiscalía que “en la camioneta permanecía Inés Turbay, pero ‘Patamala’ la arrastró del pelo y la tiró a la carretera, donde la mataron a balazos”. Los otros ocupantes suplicaban por sus vidas, pero el jefe guerrillero contestó: “Como orden es orden, yo lo tengo que hacer”.

A la masacre siguió el asesinato de los taxistas y personas que por azar presenciaron el atentado. Fueron asesinadas 57 personas. El expediente de la investigación que se adelantó siempre que estuvo ad-portas sentencia curiosamente ha cambiado de administrador de justicia o ha sido sometido a dilaciones. Así, no se ha resuelto nada sobre los autores materiales y determinadores del alevoso y abominable crimen. La masacre le recuerda al país que la tragedia humanitaria está aún lejos de llegar a su fin (…)

Recientemente a petición del excongresista Fernando Almario, quien está vinculado al proceso como presunto autor determinador del crimen, el expediente pasó a la Justicia Especial de Paz, JEP, donde se espera que se cumplan los principios de la Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición y que los colombianos sepamos quiénes fueron capaces de fraguar y ejecutar este crimen que acabó con la familia Turbay y su movimiento político.

LEONEL CABEZAS
(*) Director Periódico El Caqueteño
Lecalitz.periodista@gmail.com

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