Una historia de perdón y superación personal

Una historia de perdón y superación personal

Levi Andrés Castaño quiere publicar el libro en el que cuenta cómo lo afectó la Operación Orión.

Libro Operación Orión

Libro Operación Orión

Foto:

Esneyder Gutiérrez. Para EL TIEMPO

Por: Esneyder Gutiérrez
29 de abril 2019 , 04:04 p.m.

“Hace mucho tiempo en las selvas occidentales del continente se presenció una de las batallas más injustas y tristes contra algunos animales indefensos. El elefante había dado la orden a sus súbditos para que tomaran el control de las selvas, entre ellos estaban los leones, los lobos, las hienas y los cuervos, todos actuaban en conjunto para derrocar a los invasores oscuros, los cuales tenían el monopolio de las piedras preciosas y los alimentos, aprovechándose de los más débiles y cometiendo todo tipo de maldades”.

Este fragmento hace parte de los acontecimientos narrados en el libro Conmoción en las Selvas Occidentales, del paisa Levi Andrés Castaño Casas. Él fue una de las personas que vivió en carne propia la Operación Orión, el miércoles 16 de octubre de 2002.

Lo que plasma, de una manera muy particular, es una alegoría de animales en las selva. En el libro, los protagonistas y los personajes están representados por la hiena, que es la policía; los leones, el ejército; el elefante, el presidente; los perros salvajes, el ministerio público; el rinoceronte, el fiscal.

Pero también hay camaleones, tarántulas, lobos, cuervos, murciélagos, lagartos, halcones y hasta anacondas que simbolizan las fuerzas armadas, el poder.
Para el autor, sin embargo, los más importantes son el conejo, el chimpancé, las ardillas, el chigüiro, el gorila y el águila que representan a las personas indefensas que sufrieron en ese suceso, entre ellas él y su familia.

Se escuchaban ráfagas de tiros y estruendos generados por la guerra que padecía la 13 en ese momento

Su propia historia comienza así: para el 2002, Castaño tenía 22 años y recién había terminado de prestar el servicio militar por lo que se encontraba buscando empleo. Su hermano mayor, Juan Diego, lo llevó a una microempresa de acolchados, donde trabajaba. Muy cerca de su casa en la comuna 13.

En esa microempresa, trabajaron aproximadamente cuatro meses. “Recuerdo que muchos veces, por esa fecha, nos tocó dormir en el trabajo. Se escuchaban ráfagas de tiros y estruendos generados por la guerra que padecía la 13 en ese momento. Por eso, los jefes nos decían que nos quedáramos en la empresa hasta que cesara el ruido de las armas, que era peligroso irnos así”, comenta Andrés.

El 16 de octubre fue uno de esos días, pero nunca imaginó lo que pasaría esa noche del miércoles: día de la Operación Orión. Cuando el reloj marcaba las 6 de la tarde, haciendo caso omiso a los consejos de sus jefes, Andrés y su hermano Diego salieron sobre una bicicleta con rumbo a su casa en el 20 de julio.

Un encapuchado nos señaló asegurando que éramos delincuentes 

Al llegar a la entrada del barrio, notaron que había una gran conmoción. Los leones (militares) y las hienas (policía) estaban haciendo batidas y casi de inmediato las autoridades vieron al conejo y al chimpancé (los hermanos Castaño), se les acercaron y les pidieron los documentos.

“Un encapuchado, que estaba con ellos para reconocer los supuestos delincuentes del barrio, nos señaló asegurando que éramos delincuentes, que nosotros teníamos que ver en la vuelta. Yo no entendía nada”, cuenta Andrés.

Fruto de los señalamientos y luego de pasar varios días en la estación de Policía de Laureles, sindicado con su hermano de guerrillero y de haber cometido los delitos de concierto para delinquir con fines terroristas, secuestro, homicidio y un trato verbal grotesco, llegó a la cárcel Bellavista el 25 de octubre.

Conmemoración Operación Orión

En octubre del año pasado muchas víctimas conmemoraron los 16 años de la Operación Orión.

Foto:

Jaiver Nieto Álvarez /CEET

Allí estuvo por más de tres años recluido con su hermano, pero en distintos patios. El 9 de agosto del 2005 los hermanos Castaño recuperaron la libertad y les concedieron la absolución total “porque el rinoceronte comprobó que en ese tiempo quienes nos señalaron no tenían pruebas fehacientes y contundentes que nos relacionara con los delitos que pagamos”, asegura Andrés.

Luego de esto, y con su vida casi destruida, inició un proceso en contra del Gobierno para que los reparara por los daños generados. El proceso lo ganaron y fueron reparados en el 2016.

Andrés no quiso que su experiencia quedara allí, por eso empezó a escribir su historia luego de hacer catarsis, y esto dio como resultado su libro que actualmente está en los últimos ajustes y correcciones.

Sin embargo, Andrés no cuenta con los recursos suficientes para la impresión que, de 1.000 unidades, puede llegar a costar más de 11 millones de pesos.

“A mis 38 años lo que quiero es cumplir el sueño de imprimir mi libro, que la gente se beneficie de él, que llegue a las librerías, que lo lean en colegios, universidades, en todo el mundo. Qué conozcan mi historia de superación personal, el perdón, el amor que plasmé allí. Por eso, al final, los animales terminan venciendo sobre las crisis emocionales, los acontecimientos negativos y las dificultades”, dice el joven escritor.

ESNEYDER GUTIÉRREZ
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN
En Twitter: @esneyderfoto

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