'Un viaje al cielo' de A.B. Shawky: la esperanza de ser iguales

'Un viaje al cielo' de A.B. Shawky: la esperanza de ser iguales

La película, sencilla y valiente, es el debut del cineasta egipcio- austríaco nacido en El Cairo.

Un viaje al cielo

La película se estrena en cines a nivel nacional el 3 de octubre.

Foto:

Cortesía de Babilla Cine

Por: Martha Ligia Parra
01 de octubre 2019 , 02:09 p.m.

“-¿Los animales tienen juicio final?. “- No. Van directo al cielo”. Este es uno de los diálogos entre un niño, llamado Obama y Beshay, protagonista de Un Viaje al cielo (Yomeddine). 

Un viaje al cielo es la historia de los invisibles, los nadie, los forasteros, de quienes intentan sobrevivir en un mundo que los rechaza una y otra vez. La película no puede ser más transparente y auténtica.

Sacar adelante un proyecto independiente es una tarea ardua, pero lo es aún más cuando la historia tiene como protagonista a alguien que ha sufrido lepra. “Mi película no es que fuera difícil de vender. ¡Más bien era imposible de vender!, expresa el director.

Cargado de paciencia como su protagonista, Shawky sorteó por igual los estigmas cinematográficos y sociales: condición del personaje principal, actores naturales, primera película y sin estrellas.

Esto sumado al largo tiempo que le tomó encontrar los pocos inversores, realizar la preproducción, rodar y suspender por falta de dinero y luego tomarse varios años para la posproducción.

El riesgo asumido fue total. Sus dos actores no saben leer y escribir, y nunca antes se habían encontrado delante de una cámara. El filme es un road movie que nos lleva por un viaje del norte al sur de Egipto y que se aleja de la mirada turística. El Nilo y las pirámides son como un rumor lejano.

Es una película valiosa que apuesta por los perdedores, por los que no tienen voz. Quienes, pese a vivir en el más inhóspito de los mundos, tienen esperanza

El director construye cuidadosamente la relación entre Beshay, un católico leproso que trabaja como reciclador en “la montaña de basura” y Obama un niño musulmán y huérfano.

Yomeddine significa juicio final en árabe. Los personajes esperan que cuando ese día llegue sean tratados por igual y sean juzgados por su interior y no por el aspecto.
Al comienzo, la apariencia de Beshay impacta negativamente, pero la película obra el cambio en el espectador, quien dejará de ver el aspecto exterior y conectará con su esencia.

Las referencias cinematográficas obligadas son Freaks de Tod Browning, El hombre elefante de David Lynch e incluso Al azar Baltasar de Robert Bresson. Aquí la monstruosidad y el rechazo son abordados a través de una crítica sutil, pero precisa y un tono controlado y amable.

Beshay -llevado al límite y acorralado frente a la indiferencia y el continuo maltrato- esgrimirá, en un momento, como defensa la afirmación: “¡Soy un ser humano!”. Él, por su parte, nunca perderá la humanidad. La solidaridad correrá por cuenta de los iguales, rechazados y considerados como monstruos.

Un viaje al cielo es una película valiosa que apuesta por los perdedores, por los que no tienen voz. Quienes, pese a vivir en el más inhóspito de los mundos, tienen esperanza. Y la esperanza como decía Cortázar: “Es la vida misma defendiéndose”.

Martha Ligia Parra
Crítica y columnista de cine
Para EL TIEMPO
MEDELLÏN

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