Un lugar en la ciudad para respirar aire fresco

Un lugar en la ciudad para respirar aire fresco

En el Alto de San Miguel se duplicaron las especies de aves en 20 años. 

Alto de San Miguel

La reserva cuenta con un refugio ubicado en la parte alta, desde donde se articula la protección del área.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Por: Valentina Vogt 
04 de marzo 2018 , 08:00 a.m.

Un paraíso incrustado en la urbe. Los frenos de los camiones y el ruido ensordecedor de la rutina citadina se diluyen entre las copas de los árboles de esta reserva natural. Las hojas crujen bajo los pasos, el agua cristalina del río Medellín, que apenas nace, corre con frescura y los pájaros cantan como advirtiendo que el territorio les pertenece.

Sonidos, aromas y colores componen el paisaje. 1.622 hectáreas declaradas por Corantioquia, a finales de 2016, como un área protegida. Ubicada en el municipio de Caldas, en la vereda La Clara, la reserva alberga el 20 por ciento de la diversidad total del país.

Adentrarse en ella significa explorar varios microecosistemas. En algunas zonas el sol rebusca la forma de penetrar las ramas sin lograr calentar del todo el suelo y la vegetación es frondosa. Luego, sobre los potreros abiertos y entre los caballos que pastan, los rayos secan la grama y la temperatura aumenta. Esas mismas variaciones, según Adolfo Correa, biólogo y miembro del grupo de áreas protegidas de Corantioquia, hacen del lugar un espacio megadiverso.

Por eso surgió la necesidad de protegerlo. “La idea es fortalecer la función ecológica e hídrica del área, su función de refugio de vida silvestre, de regulador climático y almacenamiento de carbono”, afirmó.

Alto de San Miguel

Los biólogos van haciendo inventario de lo que van viendo en cada exploración y así actualizan los registros de especies.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

En el lugar se origina el sistema montañoso que separa la cuenca del río Cauca y la del río Aburrá. Para Dino Tuberquia, docente de la Facultad de Ciencias y Biotecnología del CES, la zona es estratégica, porque en ella nace el río Medellín, que atraviesa diez municipios. Su red hídrica, es una de las más grandes del valle de Aburrá, (caudal de 70 litros por segundo).

Pumas, zarigüeyas, ratones silvestres, yagarundís y zorros tienen su refugio natural alrededor del río y el bosque montano que empieza a rodearlo a partir de los 1.400 metros. Pero el territorio se extiende acercándose a las nubes, llegando a un bosque alto andino extendido hasta 3.100 metros.

Juan David Sánchez, profesor de la Universidad CES, dijo que en el área habita el 50 por ciento de las especies mamíferas silvestres del valle de Aburrá, que son 100 en total.

“La gran mayoría de estas especies no reconocen los límites del mapa, porque el área de San Miguel se encuentra embebida en un paisaje que tiene mucho más bosque y plantaciones forestales ”, explicó Sánchez.

Alto de San Miguel

El Alto de San Miguel es considerado un ecosistema de alta importancia en conservación en el contexto local y regional.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Las aves deslumbran a los visitantes volando y agitando sus alas coloridas. En 1998, un primer registro reportó 124 especies, hoy hay 241, casi el doble. Según Tuberquia, estas aves corresponden al 12 por ciento de las conocidas en Colombia y al 27 por ciento de las registradas en Antioquia.

Pero entre tantas, hay un único rey: el Cacique candela. Un pájaro de plumas negras, con una mancha roja derramada en el pecho. Es una especie territorial y gregaria, que sobrevuela los mismos árboles para sentirse segura.

La investigación de la reserva, ha posibilitado alimentar los registros de especies. Para hacerlo se utilizan métodos de rastreo como la observación directa, la identificación de cantos y en el caso de mamíferos crípticos o de buen olfato, el uso de cámaras nocturnas camufladas en el bosque.

Alto de San Miguel

El sonido del agua se fusiona con el de los pájaros.

Durante una exploración en 2013, Camilo Flórez, estudiante de la maestría en Ciencias Biológicas del CES, vio un insecto que le llamó la atención. Cuando pudo colectarlo y a través de claves taxonómicas, notó que la especie no estaba descrita y solo había sido vista en el municipio de Caldas. Flórez la llamó Bocydium sanmiguelense, en honor al territorio donde fue descubierta.

Cacique Candela

El Cacique candela es una de las especies endémicas de Colombia y está en amenaza.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Los gradientes de montaña también encierran una biodiversidad considerable de flora. Según Tuberquia, a finales del siglo pasado se registraron 250 especies de plantas, hoy van 500 y la lista sigue incompleta.

Repleto de mariposas, orquídeas y raíces aferradas al territorio, el Alto de San Miguel se sostiene como reflejo de lo que fue Medellín antes del daño indiscriminado a la naturaleza, ese que hoy se intenta revertir.

Valentina Vogt 
Para EL TIEMPO
Medellín 
Valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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