Así es la vida en vereda de Tarazá, Antioquia después de la masacre

Así es la vida en vereda de Tarazá, Antioquia después de la masacre

Ejército y Policía reforzaron su presencia. Por lo menos, 13 familias se han desplazado.

El Guáimaro (Tarazá)

Las fuerzas militares llegaron a cerca de 24 centros poblados.

Foto:

Isabella Morales

Por: Isabella M. Quiceno
04 de febrero 2020 , 06:40 a.m.

Las calles de la vereda El Guáimaro, corregimiento de Tarazá, en el Bajo Cauca antioqueño, nunca han sido muy transitadas. Pero, desde el pasado 17 de enero. la soledad se manifiesta de una manera menos silenciosa.

De acuerdo con el testimonio de una habitante, los días que habían trascurrido desde la masacre hasta el 1 de febrero, eran equivalentes a las familias que decidieron dejarlo todo en ese lugar: 15. 

Aunque la información de las autoridades es que fueron tres las personas que murieron ese viernes, los habitantes afirman que fueron cinco y que son testigos de ello.Sin embargo, más que el número de fallecidos, lo que para ellos importa son las circunstancias. Dicen que se encuentran en una zona “caliente” y que por eso para ellos el peligro es una constante.

De acuerdo con información entregada por el secretario de Gobierno de Antioquia, Luis Fernando Suárez, estas personas murieron luego de un enfrentamiento armado entre las estructuras delincuenciales que están en disputa en esta subregión ('Clan del Golfo' y 'Caparros').

No, lo mataron no, lo re-mataron

Alonso Guzmán* es un señor de 83 años que desde hace 8 vive en el corregimiento. Ese 17 de enero lo recuerda entre risas nerviosas. “Yo estaba abriendo mi ventana cuando uno de los ilegales pasó, me puso el fusil en la cara y me contó lo que estaban haciendo. Yo solo le dije que estaba solo”, después de esto, el hombre siguió de largo por su calle.

De acuerdo con el relato de Guzmán, el hombre, armado, llegó a la esquina y se paró al frente de la última casa, una blanca, de puerta y ventanas negras, entró y le disparó a un hombre. Luego, lo sacó a la calle y lo dejó tirado en el suelo, donde le propinó cuatro disparos más. “Lo mataron como si nada”, afirma Guzmán.

“No, lo mataron no, lo re-mataron”, refuta Mariela, su esposa, quien estaba atenta al relato de Guzmán. Así pasó con las otras cuatro personas.

Nosotros estamos en la guerra y ¿qué más hace uno? Esperarla

“Pero yo no sentí nada porque estamos en la guerra y entonces uno tiene que esperar cualquier cosa a cualquier hora. Nosotros estamos en la guerra y ¿qué más hace uno? Esperarla”, relata.

Desde hace 25 años los sonidos de las balas y la sangre lo persiguen, primero en Zaragoza y ahora en Tarazá, por eso dice que ya no le teme a nada, por eso en su relato es evidente el desdén. No hay peligro que para él valga cuando siempre ha vivido en zonas complicadas, como él mismo las describe. Y lo ha hecho también con la inminencia de la muerte: “Uno se muere fácil, la vida es frágil, pero en estos lugares uno se muere porque sí”, afirma.

El Guáimaro (Tarazá)

Por lo menos, 15 familias han salido del corregimiento.

Foto:

Isabella Morales

Él y su esposa saben que su territorio es difícil, que es un lugar donde se juegan muchas cosas, que hay combates entre grupos ilegales y conviven con la inminencia del peligro todos los días, aunque no niegan que la presencia de las fuerzas militares les brinda más tranquilidad.

Lo mismo afirma otra habitante, quien dice que ahora se siente más tranquila cuando sus pequeños salen a jugar a la calle. Aunque hay quienes siguen con miedo y otros prefieren irse, la situación sí ha cambiado para ella y otras familias.

El Guáimaro queda a 40 minutos de Tarazá y es una zona de difícil acceso. Su población vive principalmente de la ganadería y de la agricultura.

Lo que buscan ellos es generar diferentes eventos en la región para que la fuerza pública salga del espacio que ellos pretenden controlar

Lo que explica la presencia de los grupos armados ilegales en este territorio es la búsqueda del control de los corredores de salida de rentas ilícitas, “por eso, el accionar delictivo y criminal de estos grupos armados organizados se da en los municipios de Valdivia, Tarazá y Cáceres, principalmente. Ocurren hechos en El Bagre y en Caucasia, pero lo que buscan ellos es generar diferentes eventos en la región para que la fuerza pública salga del espacio que ellos pretenden controlar”, explica el general Juan Carlos Ramírez, comandante de la Séptima División.

En la subregión del Bajo Cauca hacen presencia más de 5.000 uniformados entre Ejército, Policía y Fuerza de Tarea Conjunta. Sin embargo, desde este año, las fuerzas militares han empezado a desplazarse hacia los centros poblados, los corregimientos o caseríos de los municipios.

El sonido de los helicópteros se ha vuelto una constante en El Guáimaro. Guzmán no puede dejar de pensar que cada vez que los escucha, los uniformados se van a ir. “Y ojalá que no. Siempre que pasa algo los mandan y al rato se los llevan. Ojalá se queden esta vez, si nos dejan sin Ejército, quedamos valiendo nada”, afirma.

(Lea también: Ola de homicidios recrudecen la violencia en el Bajo Cauca antioqueño).

'Del control militar al control institucional'

De acuerdo con el general Ramírez, son más de 30 puntos seleccionados por la fuerza pública para hacer presencia permanente de fuerzas militares y de la Policía Nacional. Puntos estratégicos que fueron seleccionados con el apoyo de información de la Red de Participación Cívica y de la comunidad.

A la zona llegó el pasado 20 de enero el presidente de la República, Iván Duque. Además de fortalecer la presencia de uniformados y su accionar, el mandatario anunció que habrá un fuerte componente de inversión social. El objetivo de avanzar en el control militar es el de tener un control institucional.

En ese sentido, el pasado jueves, 30 de enero, tuvieron una reunión líderes de la comunidad de El Guáimaro, y el alcalde de Tarazá, Miguel Gómez, con el alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, y el secretario de Gobierno de Antioquia, Luis Fernando Suárez, en la que las autoridades avanzaron en el establecimiento de prioridades de inversión en los que trabajarán conjuntamente.

“Se definió la inversión en dos puentes en las veredas cercanas al corregimiento, en el centro de Salud y se hará intervención bajo la Secretaría de Educación del departamento en la institución educativa El Guáimaro”, indicó el secretario Suárez.

El Guáimaro (Tarazá)

Comunidad de El Guáimaro, en Tarazá, esperan que el Ejército haga presencia en la zona de manera permanente.

Foto:

Isabella Morales

Asimismo, el funcionario afirmó que la fuerzas militares ya han copado 24 centros poblados, compromiso que habían acordado realizar antes del 15 de febrero, luego del consejo de seguridad que se llevó a cabo con el presidente de la República en el Bajo Cauca.

Posteriormente, se espera que el Ejército y la Policía lleguen conjuntamente a otros 27 corregimientos, donde el compromiso es que continúen haciendo presencia y garantizando seguridad a los ciudadanos de manera permanente.

El miedo persiste de alguna manera, pero no nos sentimos solos que es lo más importante. Hay que seguir adelante

Por su parte, el alcalde de Tarazá, Miguel Gómez, afirma sentirse satisfecho con los resultados presentados por las autoridades militares e institucionales desde el día de la masacre en el corregimiento. "El miedo persiste de alguna manera, pero no nos sentimos solos que es lo más importante. Hay que seguir adelante", expresó el mandatario.

En tres meses se realizará otra reunión entre la Secretaría de Gobierno y el alto comisionado para la Paz para hacer seguimiento al avance de los compromisos. *Nombre cambiado por solicitud del entrevistado. 

ISABELLA M. QUICENO
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN@Isamquiceno

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