'El día que me enteré que mi lunar se convirtió en un cáncer de piel'

'El día que me enteré que mi lunar se convirtió en un cáncer de piel'

El testimonio de Viviana hace un llamado a la importancia de la prevención y detección temprana.

Cáncer de piel

Esta enfermedad se debe detectar en etapas tempranas, ya que puede afectar a otros órganos.

Foto:

123rf

Por: Medellín
30 de mayo 2020 , 10:34 a.m.

En mayo se conmemora el mes mundial del melanoma o cáncer de piel. Es por esto que la Fundación Cáncer de Piel Colombia lanzó una campaña para difundir mensajes educativos en prevención y detección temprana, mediante testimonios de personas que han sufrido esta enfermedad, cuyas historias son contadas por escritores.

Este es el relato de de Viviana Marcela Barrera, de Medellín.

Lo había tenido ahí toda mi vida. era tan lindo, yo le decía a mi mami, —mami, mi lunar, ¡tan lindo! ahí, adornando mi pie derecho, ahí, abajito del tobillo, ahí, muy cerquita del talón. Era como una sombrita, una pequita, una nube oscura pequeñita de las constelaciones de mi cuerpo, una manchita estelar mi lunarcito menguante, al igual que la luna, tenía su lado más oscuro.

Curiosamente, no fue la dermatóloga la que se me fijó en el lunar. Fue mi ginecóloga la que lo detalló.

— Vivi, mirá, ¿vos sí te has visto ese lunar en tu tobillo?, está como raro.

— ¿Raro? Cómo así que raro, a ver lo veo—, me agarré el pie y lo volteé hacia mí, —yo no le veo nada.

—No, Vivi, en serio, ese lunar se ve raro… ¿Vos sos de las que te asoleás mucho? Y yo, ¿qué? ¿este lunar es por el sol? Si ni siquiera se deja ver cuando estoy al aire libre…

Además, pensaba, yo nunca fui la típica mujer de irme a broncear cada ocho días a la piscina como lo hacían mis amigas.

—¿Qué si me gusta asolearme? ¡Claro! Como a todas. Con bloqueador, a veces con bronceador, lo normal…

— Vení te pongo en contacto mejor con una dermatóloga amiga para que te lo vea, para que las dos salgamos de dudas, ¿te parece?

Y así lo hizo. Mi ginecóloga me cuadró una cita con su amiga dermatóloga para el dos de septiembre.

¿Yo? Tranquila. Es que yo era de las que pensaba que eso le pasaba a los demás. Al de al lado, quizás, pero ¿a una?, jamás. Si una fuera así toda blanca, blanca y lunareja, ahí sí, pero ¿a mí?

Miráme, yo soy más morena que blanca, ni siquiera necesito broncearme. Yo le decía a mi mami, —¡mami!, eso es no más un lunarcito, me lo ven, y si algo, me lo quitan, y ya, no pasó nada…

Es que yo era de las que pensaba que eso le pasaba a los demás. Al de al lado, quizás, pero ¿a una?, jamás

Hay fechas que parten la historia en dos. La mía, también fue un 11 de septiembre. Eso fue un miércoles que me llamaron para ir a una segunda cita con la dermatóloga que me recomendó la ginecóloga.

Yo pensé que con la primera cita era suficiente, que con la muestra que me sacaron de mi lunar, ya estaba todo solucionado y que me iban a llamar por teléfono para decirme que no era nada.

Pero no. Me llamaron más bien como con misterio, y me dijeron que tenía que ir en persona de nuevo, así que para la segunda vez fui con mi mamá, porque yo le insistí que viniera conmigo.

Llegamos a eso de las 9 de la mañana. Ni bien nos anunciamos en la recepción, no nos dieron ni siquiera tiempo para sentarnos en la sala de espera, nos hicieron pasar enseguida, rapidísimo, al área de los consultorios de especialistas.

Quien nos recibió no fue la doctora asistente de la última vez, si no la doctora en jefe. Ahí fue que empezó a darme como un poquito de miedo, cuando vi que la doctora estaba lo más de seria. Eso sí, se presentó muy amablemente, saludó a mi mamá, y de ahí, revisó los resultados de los exámenes que me hicieron la semana pasada.

Después, se me puso a ver todos los otros lunares que tenía en mi cuerpo, “por si acaso”, dijo. —Vivi, — me empezó a decir la doctora, — esto es urgente y tenemos que correr

Eres afortunada, es un diagnóstico a tiempo. Pero, Vivi, necesitamos correr…

—Eres afortunada, es un diagnóstico a tiempo. — dijo. — Gracias a Dios, está muy superficial. Pero, Vivi, necesitamos correr… …

— No puedes darme ninguna excusa, Vivi, esto es urgente, necesitamos correr muchísimo y operarte pero lo que es, ¡ya! …

—Es un tipo de cáncer muy agresivo, y por este diagnóstico, tienes que empezar a cuidarte muchísimo. …

—El personal de la clínica te va a separar el quirófano, y por la gravedad del asunto, con seguridad tu póliza médica te va a remitir a cirugía muy pronto. ¿Vives con alguien? …

— Vivi, qué bueno que tu mamá te acompañe y que esté contigo durante todo este proceso. Necesitas conseguirte unas muletas para la recuperación, porque la operación es en un punto muy difícil, te va a impedir caminar por unos meses, así que debes tener mucha paciencia. Debemos empezar ya que esto es urgente… necesito urgente operarte.

El diccionario

Y yo, que pensaba que podía leer y escribir, me encontré de pronto aprendiendo de nuevo el abecedario… que la “A”, de “asimetría”, la que busca lunares con “a” de anormales; que la “B”, de “bordes”, como lunares de bordes irregulares; la “C”, de “cambios de color”, como los lunares de muchos colores; que la “D”, de “diámetro”, la que busca lunares que crezcan más de seis milímetros; la “E”, de “evolución”, como la de los lunares que evolucionan y causan picazón o sangrado.

Y yo, que pensaba que dominaba el español por mi trabajo de leer, redactar, editar, una y otra vez, cientos de contratos de pauta publicitaria para las revistas del periódico; me vi aprendiendo un nuevo idioma con expresiones cargadas de melanocitos, melanomas, lentiginosos, acrales… Ni siquiera sabía que a un tipo de cáncer de piel le llamaban melanoma, ni que la biopsia se podía conjugar.

Preferiría no haber ampliado mi diccionario, ni saber que existe el “melanoma lentiginoso acral”. Ni aprender que es la variante más común en la población de raza negra e hispana. Que lo acral significa que se presenta en la zona de los pies, las manos y las uñas. Que generalmente se detecta en estadios avanzados, y por eso, que el pronóstico no suele ser bueno… ¿De qué me sirve aumentar mi léxico, si todas las palabras son sinónimas de terror?

¿De qué me sirve aumentar mi léxico, si todas las palabras son sinónimas de terror?

La noche anterior. Mi mamá me ayudó a empacar porque yo no tenía idea qué poner en la maleta. Es que una sólo empaca cuando se va de paseo, como la última vez que me fui de viaje con mis amigas a Cartagena.

Ay, como la pasamos de rico. Cuando saqué la maleta debajo de la cama, aún había en el forro algo de arena de playa.

Yo le decía, —¿Pero qué es todo esto, mami? Si ayer estaba lo más de bien, esto no me podía estar pasando a mi…

—Empiece por empacar ropita cómoda, mija, —me decía mi mami.

—Ay, mamá, mami, madrecita... ¡yo no quiero ir allá!… mami, ¡ven! ¡quédate conmigo!,
tantos años que dizque me las daba de muy autosuficiente por haber logrado vivir sola en esta ciudad, y ahora no puedo imaginarme estar sin ti.

Ella me miraba, y me dejaba llorar mientras buscaba mis cosas y las empacaba al lado de la ropa que creía me iba a servir en la clínica, para el día de la operación… ¿Mañana es el día de la operación?

¿Y si me encuentran otras cosas en la cirugía?, ¿si la enfermedad se propaga?, ¿y si el dolor es tan insoportable cuando me despierte? ¿y si no me despierto? Si me estaba jugando la existencia, ¿cuántas cosas necesitaba para empacar mi vida? 

“Tenemos que correr muchísimo, Vivi”. Pero yo me sentía caer al vacío por el efecto de la anestesia…

Tenía días que no podía pararme de la cama, me paralizaba el miedo que la herida se fuera a abrir por el lugar donde estaba, y por el tamaño

Leí el otro día que Bob Marley, el cantante de reggae, se murió justamente de lo mismo que me detectaron a mí. Lo de él fue una mancha negra debajo de la uña. Luego de una biopsia, le diagnosticaron un melanoma lentiginoso acral.

Como el mío: maligno. Yo tuve mejor suerte, mi diagnóstico fue temprano, fui tratada en una clínica estupenda… no me imagino si me hubiera tocado en otro lugar sin medios.

Poco a poco estoy saliendo de esa sensación de irrealidad nebulosa que lo envolvía todo. Tengo a mi mami ayudándome con las muletas, las dos estamos en mi apartamento, contamos con todos los servicios, tengo internet, agua potable, luz, energía, gas… Si hace frío, prendo el calentador, si hace calor, el aire acondicionado.

Es que tengo que ver las cosas buenas, porque este posoperatorio es un proceso largo de visitas, pruebas, fisioterapia, y largas horas y días de recuperación incómoda, dolorosa.

Después de dos meses de estar viviendo con mamá, tenía días que no podía pararme de la cama, me paralizaba el miedo que la herida se fuera a abrir por el lugar donde estaba, y por el tamaño. Me habían hecho un agujero de cinco centímetros de diámetro entre mi tobillo y mi talón. Era espantoso.

Las enfermeras disimulaban su cara de asombro cuando me veían esa cicatriz con 14 puntos, entre externos e internos, como si fuera el remiendo del pie de una muñeca de trapo, ahí, donde estaba mi lunar que era tan bonito…

Mi lunarcito menguante, al igual que la luna, tenía su lado más oscuro. Había tenido la ilusión de que mi lunar no fuera más que eso, una luna que sale y se va… Una luna que nunca hubiese salido.Relato escrito por Andrés Aluma-Cazorla

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